Que los medios se tiñan de pueblo

por Revista Cítrica
Fotos: Juan Pablo Barrientos
07 de junio de 2022

Por Nelson Santacruz*

Los medios populares se vuelven cada vez más vitales en un país cuya democracia se encuentra en jaque por las políticas que benefician a quienes más tienen. Mientras al sector empobrecido se nos sigue respondiendo con políticas cortoplacistas, la pluralidad de voces se va apagando cada vez que los recursos escasean para las radios comunitarias, los medios gráficos independientes y la producción audiovisual alternativa. 

El DNU de Mauricio Macri contra la Ley de Medios es el golpe más contundente, pero a la vez se profundizó con la indiferencia del Gobierno actual que tampoco resucitó aquellos artículos derogados para acompañar a nuestro sector: a la comunicación que siente a flor de piel el dolor de los territorios. Entonces, La Garganta y tantos medios más que resisten de este lado de la trinchera son aire fresco para los gritos de las comunidades campesinas avasalladas, para los pueblos originarios castigados, para las asambleas medioambientales o antimineras reprimidas, las villas silenciadas o todo este sector descartado en el que muchos periodistas hoy sobrevivimos. 

Más allá de nuestra economía informalizada (no informal), el coletazo económico trasciende al sector popular y ataca cada fin de mes a nuestras compañeras y compañeros que quieren comunicar, que sienten el periodismo, que necesitan contar historias pero que tampoco, siendo clase media, pueden sostener su estructura económica. 

Por eso, que sigamos sobreviviendo como medios no hegemónicos de cualquier índole requiere de esfuerzos desde el marco colectivo, pero también de un incentivo real y estructural del Estado para nuestra democracia. Por eso, las villeras y los villeros nos tejemos en rondas asamblearias en todo el país para seguir pensando alternativas autogestivas con el objetivo de que nuestras realidades salgan a la luz desde nuestra subjetividad. Para que la falta de políticas públicas en materia de comunicación no sean un obstáculo para seguir haciendo periodismo popular.

En lo personal, estar en un medio como La Garganta representa un orgullo y también una responsabilidad. Yo comencé en los talleres de Periodismo de mi asamblea, en la Villa 21-24, donde conocí, por ejemplo, el rol de Rodolfo Walsh para nuestra historia. De hecho, él está en nuestra bandera y sigue siendo un faro para comunicar en tiempos difíciles. “Es libre o es una farsa”, dice la oración más conocida del escritor sobre nuestro oficio, como un ejercicio que nos legó a quienes vendríamos después para garantizarlo en los barrios, en los pueblos, en las comunidades, en Latinoamérica. 

Los medios populares se vuelven cada vez más vitales en un país cuya democracia se encuentra en jaque por las políticas que benefician a quienes más tienen.

Entonces, a pesar de todo el esfuerzo que conlleva hoy hacer periodismo, lo colectivo lo agiliza y lo replantea para que mute todas las veces necesarias, porque nuestra Garganta no está quieta, se transforma cada día. Sin embargo, se nos sigue subestimando por la edad, por la nacionalidad, por la dirección del DNI, por el contenido que producimos, por el enfoque que elegimos. Estamos dando vuelta eso, con una batalla comunicacional necesaria, poniendo nuestras experiencias territoriales como protagonistas.

Los desafíos a futuro son grandes. Una Ley de Medios integral para propiciar la pluralidad de voces a nivel nacional sigue siendo algo que no se logra concretar. Pensar estrategias para lograr alcance en las redes sociales, que mutan todo el tiempo, sin que los algoritmos nos impidan comunicar, es otro planteo necesario. 

Que los medios se tiñan de pueblo también es imprescindible en los tiempos que corren, porque solo quienes abordamos territorialmente los conflictos sociales podremos reflejar lo más certeramente posible la información de nuestra realidad, y por ello encontrar vías posibles de resolución colectiva de la mano del Estado. 

Finalmente, una premisa que sostenemos desde La Garganta es la de primero visibilizar, luego autogestionarnos para encontrar salidas urgentes y finalmente presionar en la calle, y con nuestros medios, para que se activen las políticas públicas necesarias.

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