“Sin la lucha de nuestras activistas ninguna trans podría pararse frente a una cámara”

por Estefanía Santoro
Fotos: Sebastián Freire
07 de junio de 2021

Alejandra Malem, periodista de C5N, cuenta cómo llegó a los medios, reflexiona sobre la exclusión social que sufre el colectivo travesti trans y pide con urgencia el tratamiento de una ley integral trans que contemple el acceso a sus derechos básicos.

Antes de llegar a la televisión por cable con su columna semanal en C5N y a las ligas mayores de la AM, Alejandra Malem hizo radio, gráfica y periodismo digital. En su última participación en la pantalla mostró las violaciones a los derechos humanos que está sufriendo el pueblo colombiano y entrevistó al ex presidente de ese país, Ernesto Samper. Tiempo atrás se la pudo ver en exclusiva con Evo Morales, Pepe Mujica y Dilma Rousseff. Una periodista travesti en los medios, aunque a gran parte de la sociedad todavía le pese; aunque solo crean que, con suerte, están destinadas a la comedia, al teatro de revista o al detrás de escena. Un cuerpo trava dando noticias sobre política y sociedad, una identidad que rompe con el binarismo de género y el cisexismo que domina en la televisión, al igual que lo hizo Diana Zurco hace un año en la TV Pública. 

Alejandra nació en el seno de una familia de muy bajos recursos en la provincia de Córdoba, en Monte Maíz, un pueblo de alrededor de 8 mil habitantes. Al igual que muchas travestis y trans, fue expulsada de su hogar. Durante su adolescencia lidió con la discriminación, por eso apenas terminó el secundario se mudó a la casa de su hermana en Rosario. “Estaba en ese momento cuando te debatís con 18 años qué hacer con tu vida. Las travas tenemos muchas vidas encima, somos como almas viejas, producto de todo lo que hemos pasado. Vivir la marginación, la exclusión, la segregación, la discriminación incluso familiar, es algo con lo que convivís el resto de tus días. De todos modos trato de no quedarme con eso, trato de que esa fuerza sea el motor, la energía que me motive a seguir empujando puertas; y digo empujando porque a nosotras nadie nos abre puertas, nosotras las empujamos. Son puertas que solo están abiertas para personas hegemónicas, binarias e incluso de clase media y alta. Yo no tengo ninguno de esos requisitos. Soy una persona del interior, una migrante interna, cosa que agudiza aún más todo este andar travesti-trans. De todos modos, volvería a vivir todas las cosas que me han tocado vivir y no simplemente por tener un lugar en los medios, sino porque te deja muchas enseñanzas, te fortalece mucho tener esa vitalidad para poder seguir, aún, sintiéndote una persona de 70 años”.

Malem soñaba con llegar a Buenos Aires para formarse y trabajar de lo que desde pequeña supo que era su gran vocación, el periodismo, pero no tenía dónde alojarse, ni conocía a nadie en la Ciudad. Después de recibir varios rechazos laborales, escuchó la historia de Mónica Carranza y su hogar Los Carasucias, en el barrio de Mataderos. Le envió un fax contándole que quería trabajar con ella, Mónica aceptó su propuesta y al llegar comenzó a moverse para alcanzar lo que tanto anhelaba: formarse en periodismo. Luego de empujar varias puertas consiguió su primer trabajo en una radio de Belgrano.

--¿Viviste situaciones de discriminación en el ámbito laboral? 

--Ahora no. Si en mi trabajo sufriría discriminación me iría, no toleraría absolutamente nada. Pero sí lo viví hace 20 años atrás, en mi segundo trabajo como periodista, cuando estaba empezando a definir mi identidad, a vivir como me sentía, como yo quería y por todo lo que había luchado, me fui de mi casa para eso. Lo planteé en la oficina de recursos humanos del medio -que era uno importante- y me dijeron directamente que no, que preferían que me fuera, que me buscara otro trabajo porque mis compañeras no me iban a aceptar, no iban a aceptar que yo fuera al mismo baño. Eso fue lo más violento que viví.

Estamos un poco laceradas a vivir con el chiste y somos también muy filosas nosotras con nuestros chistes porque desde que nacemos convivimos con eso, con el chiste fácil. Somos muy atentas a la mirada del otre, a la mirada incluso discriminadora, y en los trabajos sucede mucho. A veces me pregunto si estoy muy a la defensiva y hay un límite muy finito en el saber identificar cuándo es un chiste que a lo mejor alguna persona lo hace producto de su falta de deconstrucción, y cuándo es algo personal.

"En un medio importante me dijeron que preferían que me fuera porque mis compañeras no iban a aceptar que fuera al mismo baño. Eso fue lo más violento que viví"

--¿Algo interesante de tu incorporación a C5N es que no te relegaron a tratar la temática trans o de género, sino que hacés nota sobre diversos temas, ¿fue algo que pediste? 

--Ni siquiera lo tuve que pedir. Eso fue lo que más me gustó de la agencia de noticias, en este caso del canal que dirigen Nicolás Bocache y Verónica Aragona. Cuando me convocaron lo primero que les dije fue: ‘No voy hacer bromas conmigo’. Hasta hace muy poquito tiempo atrás, que apareció Diana Zurco en la TV Pública y aparecí yo en C5N, había una construcción social donde las trans o hacemos humor o hacen humor con nosotras. Y aún lo siguen haciendo. Nicolás me dijo: ‘Vos sos periodista y tenés que trabajar de eso’. Y eso es lo que me encanta, entrevistar a un ex presidente latinoamericano, hablar con infectólogos, preparar una columna sobre un tema determinado, hacer móviles. Y creo que eso es lo que ha cambiado el paradigma o busca cambiar el paradigma, no lo busca solo C5N, creo que es un cambio de época, producto también de un momento sociopolítico, fruto de todas las cosas que atravesaron y que tuvieron que soportar las compañeras que nos precedieron y que estuvieron antes para que nosotras hoy pudiéramos estar, hablar y decir. Sin la lucha de nuestras activistas de toda la vida, ninguna de nosotras hoy podría pararse en frente de una cámara, no porque no pudiéramos por falta de condiciones, sino porque no estaba el espacio preparado para nosotras. 

--¿Por la falta de aceptación social?

--Sí, totalmente. La militancia y la lucha que libraron las compañeras y también las vidas que han dejado en esto. Tenemos muchas compañeras muertas por el abandono del Estado, por la represión policial, asesinadas por los milicos que son pocos las que las cuentan. Tenemos una historia surcada por la tragedia y la persecución. Y lo más triste, además de la persecución familiar, es la persecución del Estado. Cuando tenés un Estado que te protege, que tutela una ley con un derecho, es más fácil y se allana mucho el camino. Yo admiro a las pocas sobrevivientes de nuestra tercera edad trans, hay pocas, pero existen. Las admiro muchísimo, porque son las que tienen la piel curtida a latigazos por la historia, por la familia, por su vida.

--¿Por qué crees que los medios masivos no incluyen en su agenda a los travesticidios sociales? ¿Por qué hablan tan poco sobre la desaparición de Tehuel de la Torre? 

--Creo que todavía nos falta a nosotras, nosotros, nosotres como sociedad dar una batalla cultural con respecto a esto que mencionas, cuando se aprobó la Ley de Identidad de Género, una ley ícono en todo el mundo como aperturista de derechos y copiada en muchos lugares del mundo, se avanzó mucho más rápido de lo que había avanzado la sociedad. Falta mucho, falta visibilizar nuestras historias, falta que el feminismo en su conjunto, que nos abraza y que nos contiene, también acompañe nuestras luchas cuando lo necesitamos. No digo que no lo hagan, pero digo que me encantaría y creo que seríamos mucho más fuertes cuando el feminismo en su conjunto también marche cuando hay un travesticidio, cuando hay una compañera o compañero trans desaparecido. Nos pasa ahora con Tehuel que solo lo buscamos o sólo estamos pendiente de su aparición con vida las que tenemos un poco de voz, las activistas y las organizaciones de derechos humanos. Las vidas trans aún siguen sin importarle a la sociedad y esa es la batalla que aún nos falta dar y esa es la apuesta que tenemos para las nuevas generaciones que hoy están totalmente deconstruidas para afrontar este desafío. 

"Las vidas trans aún siguen sin importarle a la sociedad y esa es la batalla que aún nos falta dar. Esa es la apuesta que tenemos para las nuevas generaciones"

--¿Creés que este año se debatirá la Ley de Inclusión Laboral Trans? 

--Creo que es muy necesaria porque esta pandemia ha evidenciado aún más todas nuestras carencias estructurales como colectiva. Nosotras no conquistamos ningún derecho, tenemos que lucharlo, parirlo en la calle si es necesario, creo que es el momento de que los legisladores y el Gobierno tutelen también el derecho a la educación, a la salud por sobre todo, a la vivienda, al trabajo digno, que son derechos elementales. Yo pido por la ley integral trans porque son muchas compañeras y compañeros, feminidades y masculinidades trans que aún siguen marginadas de la sociedad y la gran mayoría está en esa categoría de exclusión, al margen de la sociedad, de la escuela, del hospital, del acceso a una vivienda, a un trabajo digno y abogamos por eso. Creo que es el momento político para conseguirlo y apuesto mucho a eso, apuesto a la colectiva de legisladoras feministas que entienden nuestras luchas y por sobre todo al Ministerio de Mujeres y a nuestro presidente.

--Hace poco, en una de tus columnas en C5N, hablabas del aumento de la violencia institucional en Latinoamérica y de las protestas populares contra gobiernos que si bien alcanzaron el poder mediante el voto hoy muestran su cara más autoritaria. ¿Ves en esto un avance de los movimientos de derecha? ¿Te preocupa? 

--Creo que hay que saber reconocer las derechas políticas que se dan en los grupos sociales y culturales, y claro que es preocupante. La derecha nunca estuvo acostumbrada a llegar al poder, al poder estatal me refiero, o a los poderes gubernamentales a través del voto, siempre lo hizo por las armas. Ahora tiene otras herramientas y se han modernizado. También lo hacen a través de la Justicia, los medios, las urnas, el voto popular, porque también tenemos que reconocer que hay una sociedad latinoamericana excluyente, no solo trans excluyente, sino excluyente de las minorías, de lo negro, lo afro, lo migrante. Es preocupante, porque la derecha cercena libertades, asesina personas, hay personas que mueren de hambre por las medidas de la derecha. Una derecha disfrazada de neoliberalismo y acompañada por un sector hegemónico de los medios y también de la Justicia, avasalla y da pasos agigantados sobre nosotres. Quizás no lo veamos pero hay que ponerle freno de una vez por todas, porque pienso: ¿cuántos elefantes están pasando por detrás de esta pandemia?. Y hay un avance, incluso en nuestro país, de una derecha muy radicalizada, meritocrática, renovada, que es muy peligrosa y que desde los movimientos populares y democráticos tenemos que cuidar que no pasen, que no lleguen a un cargo electivo, porque ahí si habríamos retrocedido. Creo incluso que en los cuatro años del gobierno macrista hemos retrocedido décadas y ese es el ejemplo que tenemos que tener desde nuestra perspectiva de género, incluso desde nuestra perspectiva travesti-trans, latinoamericana, migrante, que tenemos que militar todos los días en nuestros micro espacios para que estas derechas renovadas, aggiornadas, apoyadas por diferentes tipos de poderes no sigan avanzando sobre nuestras vidas. 

--¿Qué crees que le falta al periodismo?

--Creo que el periodismo es elemental en la medida en que no esté atravesado por todas esas doctrinas culturales que nos han impuesto, en toda esa heteronormatividad ideológica, cultural, religiosa que nos han marcado. Creo que desde el lugar que sea que hagamos periodismo desde una radio barrial, un medio chiquito, un blog o desde un gran medio de comunicación -que lamentablemente son pocos, hegemónicos y están concentrados- tenemos que tratar hacer periodismo en pos de la militancia de la que te hablaba anteriormente, en pos de la democratización de los medios. Cuando digo democratización de los medios hablo justamente de la participación de la disidencia que aún falta en los medios y de una agenda de temas que no le son comunes a los medios porque no venden, porque no da el rating o porque no llegan a una audiencia determinada. Tenemos que romper con eso, apostar a la paridad de género en los medios, por más mujeres, feminidades y masculinidades trans conduciendo en los prime time y en los espacios importantes, por más compañeras afro, latinoamericanas, periodistas villeras trabajando en los medios. Creo que ese día habremos ganado una batalla. Uno puede ser cualquier cosa menos una desclazada. Y yo si soy algo, puedo ser todo, pero nunca jamás sería una desclasada. Y creo que, desde mi conciencia de clase, de pertenencia de clase y colectiva trato e intento dar la lucha por esta batalla. 

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