Con las escuelas no

por Pablo Bruetman
30 de agosto de 2017

Mientras desde medios de comunicación se fogonea a padres y madres en contra de que en las aulas se hable de la desaparición de Santiago Maldonado, Gendarmería filma y persigue a estudiantes en una escuela de Moreno.

Cuando recién volvía la democracia, cuando aún teníamos miedo de que los militares pudiesen volver, cuando estaban libres, cuando las 30 mil desapariciones aún eran cercanas en el tiempo.

O cuando se aproximaba la dictadura más sangrienta y la triple A gobernaba a pura represión en las calles.

Era en esas épocas que cuando participabas en una protesta, en un reclamo, en una marcha, te filmaban o te sacaban fotos. Te fichaban. Te espiaban. Para que tuvieras miedo. Pasó antes, durante y después de la dictadura. A casi 34 años de la recuperación de la democracia creíamos que era un pasado que ya no volvería. Si hasta nos reíamos de algún familiar que nos decía que nos cuidáramos en la marcha del 24 de marzo porque seguro que nos estaban filmando. Pero pasa: la Gendarmería en vez de hacerse cargo de la desaparición de Santiago Maldonado se dedica a perseguir periodistas y estudiantes. Adoctrina a su manera. Nos pasó cuando fuimos a Cushamen y nos filmaron. Le pasó este martes a alumnos y alumnas de la Escuela Media N° 16 “Juana Azurduy” de Moreno. ¿Qué hicieron para que lxs persiga la Gendarmería? Pedir por aulas que no estén inundadas y tengan techo.

La comunidad educativa en conjunto, es decir el Centro de Estudiantes y las y los docentes, realizaron un corte de calle para reclamar por las malas condiciones edilicias. “Desde 2012 la obra está paralizada, porque la empresa encargada derrumbó una parte de la escuela y luego desapareció. Entre docentes y comunidad, reconstruimos una parte. Presentamos todas las cartas y reclamos posibles para que se reanuden las obras. Desde el granizo se inundó toda la escuela. Cortamos la calle, para que vengan las autoridades, para que el reclamo se haga visible”, cuenta una docente de la Escuela Secundaria, que prefiere mantener el anonimato porque el miedo es real y palpable. “Los docentes que dimos notas y nos involucramos estamos en el ojo de la tormenta y ya los inspectores nos están preguntando por qué hablamos con los medios. Vienen preguntando más de arriba”.  

Al establecimiento educativo se dirigió la Gendarmería, pidió identificación a los autos y exigió el fin del corte de la calle. “Uno de los uniformados empezó a sacar fotos como al aire, los adultos que estábamos ahí le dijimos que no podía, porque había menores y no correspondía. Igual empieza a dar vueltas, se acerca adonde hay un grupo de chicos y se pone a filmarlos. Las mamás se enojaron, le pidieron que deje de filmar y no frenó: filmó también a madres y  docentes. Después se metieron al patrullero y amenazaron".  Ahora ya están advertidos de cómo actúa la Gendarmería cuando se corta una calle. Había una impunidad natural, no importan los derechos que se vulneran, ni el derecho a la identidad.

Lilian Tauco, madre de estudiantes de la escuela, se acercó a un gendarme y le preguntó por qué hacían esto. La respuesta hiela la sangre: “Lo hacemos por lo de Santiago Maldonado".

“En el marco de la desaparición de Santiago, esto no es un hecho aislado, es una práctica que se está naturalizando en los barrios más pobres, más alejados y necesitados. Avanzan contra los derechos con total impunidad”, asegura la docente de la escuela secundaria que todos los días debe dar clases entre charcos de agua y barro.

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