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Un proyecto de buena madera

Hernán Zyseskind
11 de septiembre de 2018

Dentro del Hospital Borda, la Cooperativa La Huella fabrica muebles con materiales reciclables, aunque tiene una función que va más allá: contiene a personas que no encuentran otra salida laboral que las incluya.

La cooperativa La Huella es un emprendimiento social que funciona dentro del hospital interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda en Barracas. Su nombre viene de la marca profunda que ellos hacen en el camino y que les indica por dónde continuar. Ese camino, la huella que dejan en los muebles hechos con materiales reciclados, ya lleva 11 años.

El ruido de las máquinas suena de fondo y se transforma en una especie de radio que nos acompaña con su música motorizada. Graciela, José, Sergio, Oscar Ledesma y Oscar Ferrara son algunos de los que forman parte del personal, además de Marcelo, Hernán González Manero, Carlos de tapicería y Fernando Friera. Ellos, junto a Federico Bejarano y la psicóloga Aylin hacen un alto en el trabajo, y con el mate como compañía, nos cuentan sus experiencias.

Al preguntar cómo se definirían, el psicólogo social Federico Bejarano, quien trabaja en el hospital desde 1979, lo explica: “La Huella es la primera cooperativa en América Latina constituida por personas vulnerables con certificado de discapacidad que tienen capacidad para trabajar pero que no encuentran en el mercado laboral una contención”. Y agrega: “Éste es un espacio comunitario que lo define la presencia de múltiples actores, esta entrevista forma parte del adentro, mientras que los muebles que se hacen están pensados para el afuera. Sustituimos este espacio, que podría ser de camas de internación, por uno de trabajo digno, buscando recursos y pensando juntos”.

El presidente de la cooperativa, Oscar Ferrara, recuerda los comienzos de La Huella, que no nació como cooperativa sino como taller de integración: “Nosotros empezamos haciendo marcos para cuadros allá por 2006. Y continuamos con la gente del departamento de terapia ocupacional conformando este taller que tiene carpintero, tapicero, lustrador, operario y talleristas que pueden ser internos del hospital que están en su proceso ambulatorio de recuperación y cura”. Por su parte, José recordó los viajes que han realizado con La Huella a congresos junto a otras cooperativas: “Hemos ido a Esquel, a Puerto Madryn, a Santa Fe, a Gaiman. Los viajes fueron muy lindos”.

Graciela, quien hace tareas administrativas, tuvo un pasado laboral bajo patrón y nos contó la diferencia con respecto a trabajar en una cooperativa: “Para mí es muy distinto. Cuando trabajé con un jefe, recibía gritos, me decían cosas malas, en cambio acá no, somos todos unidos y estoy muy contenta. Cuando empecé no sabía nada de cooperativas ni de asambleas y aprendí lo que es. Yo hago trámites y acá encontré mi lugar”, resaltó.

Federico destacó la figura del voluntario. “Hubiese sido imposible continuar solo. El personal diario es un equipo de diez internos más un externo, pero hay varias personas que de manera voluntaria colaboran en distintos aspectos, como una contadora, una abogada y una escribana”.

Existe un proyecto de ley en la cámara de diputados para declarar a La Huella de interés parlamentario por el servicio que brindan de asistencia y reparación, así como de cuidado ambiental y de formación.Y aunque el crecimiento sea diario, todos coinciden en que cada pieza de La Huella, que combina salud comunitaria con muebles ecológicos, es única e irrepetible.