¿Quién controla a quienes nos controlan?

por Mariana Aquino
14 de marzo de 2018

La violencia institucional hacia pibas y pibes en los barrios populares recrudece. La policía tucumana mató a Facundo Ferreira, de 12 años, y la historia se repite: el Estado avala el accionar represivo de las fuerzas de seguridad, y los medios de comunicación estigmatizan y mienten.

El accionar de las fuerzas de seguridad fue -históricamente- violento y excesivo. Y en los barrios populares, más. La novedad es que ahora el Estado lo respalda públicamente. El 1 de febrero llegaron las felicitaciones del presidente Macri al policía Luis Chocobar -que disparó a un menor en el barrio de La Boca- para dar la pauta del camino que este Gobierno quiere transitar. Y después de ese gesto, los casos de gatillo fácil se van sumando. La semana pasada dos policías mataron a Facundo Ferreira, de 12 años, en Tucumán, y rápidamente las versiones encontradas empezaron a circular por los medios de comunicación.

Los medios -locales y nacionales- hacen un tratamiento perverso del caso: Clarín y La Nación siguieron la cobertura que La Gaceta de Tucuman propuso. Mentiras como que la familia de Facundo entró por la fuerza al estadio de Atlético de Tucumán con el féretro, después de haber amenazado a las autoridades de la institución. La falacia circuló varias horas, con un vídeo incluído, por el mundo virtual.

Hay algo que descuida este Gobierno: el peor crimen es el crimen de Estado.

“La Gaceta es el medio de comunicación que marca la agenda de todos los otros, que son más chicos. Cualquiera que va a un consultorio, escuela o bar habla sobre la tapa de La Gaceta. Y como es un gran vocero de los ideales más conservadores de la sociedad tucumana, hizo esta cobertura perversa”, dice Emanuel Gall, integrante de la Agencia de Noticias sobre Infancias de Tucumán (Anita), que se especializa en la niñez con enfoque de derechos.

“En ningún momento los medios de comunicación parten de plantear la prioridad de la mirada o enfoque de derechos de los niños, ni a considerar a Facundo como un niño con derecho a ser protegido, a que el Estado garantice su vida y su calidad, sobre todo. Pero sí hubo relatos tendientes a justificar la salida represiva que, en este caso, opta por llevarse la vida de una persona con esta idea de que la policía, ante el peligro inminente, puede tirar a matar, a tirar al bulto, a despojar una vida”, reflexiona Gall.

La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) asegura que en los últimos dos años, 725 personas fueron asesinadas por el aparato represivo. En menos de 24 horas muere una persona por violencia institucional. En 2016, el 51 por ciento de las personas acribilladas por las fuerzas de seguridad era menores a 25 años.

En ningún momento los medios de comunicación hablan de Facundo como un niño con derecho a ser protegido, a que el Estado garantice su vida y su calidad.

Bilma Acuña, de Madres en lucha contra el consumo de paco, suma: “Ahora estamos sufriendo un retroceso terrible. Tal vez solo porque al policía de la cuadra no le gustó que el pibe pase por esa vereda en la que está él, le pega”. En una entrevista en Canal Abierto, en donde analizó como prende el discurso oficial en los barrios, también contó que esas mamás de chicos y chicas en consumo están desbordadas: “Hace mucho que no sentíamos ese miedo. Porque a nosotras también nos tratan como basura”.

El docente y editor Ariel Pennisi refuerza las palabras de Acuña: “La fuerza está fundada sobre un exceso. Por lo tanto, decir que se excedió el policía es ya decir demasiado. Si encima el policía mata por la espalda ya estamos hablando de los confines del terror del Estado. Hay algo que descuida este Gobierno que es que el peor crimen es el crimen de Estado”.

La seguridad no es tal y la fuerza sí: los agentes agreden sin asco. El aparato represivo sacudió en el sur del país cuando actuó la Gendarmería avalada por el Ministerio de Seguridad durante los reclamos por la libertad del lonko Facundo Jones Huala en agosto pasado. Ahí desapareció Santiago Maldonado, frente a la avanzada ilegal de Gendarmería. Tres meses después, en un operativo encabezado por Prefectura Naval Argentina, asesinó por la espalda a Rafael Nahuel. “En la Pu Lof entra la policía, te tira al suelo, te precintan las manos, te roban los animales, te tratan como indio de mierda. Después de la desaparición forzada de Santiago Maldonado y luego de la aparición de su cuerpo, Gendarmería ha iniciado denuncias contra diferentes hermanos mapuche que, en realidad, en su momento, se presentaron como testigos y después los convirtieron en culpables”, asegura la vocera mapuche Soraya Maicoño.

En  la Pu Lof entra la policía, te tira al suelo, te precintan las manos, te roban los animales, te tratan como indio de mierda.

Pero, ¿quién controla a quienes nos controlan? “Yo creo que este Gobierno –afirma Pennisi- es la máxima expresión de la anulación de esa pregunta. Tacha esa pregunta y parte desde el punto de vista policial como un punto de vista de la normalidad. Tenemos el desafío de controlar a los que nos tienen que controlar. No podemos esperar que lo haga el Estado porque el Estado forma parte del problema”.

Y agrega: “Salir a decir que apoya a la fuerza de seguridad a como dé lugar, salir a vestirse como un gendarme, dar frases desafortunadas del beneficio de la duda, no solo hablan de una ignorancia profunda de lo que es la complejidad sino también de una brutalidad que intenta conectar con algo que detectaron en la población. Intentan conectar con esa idea y avivar el fuego”.

Las  infancias vulneradas son las más golpeadas por el régimen neoliberal que hoy vivimos.

“Se hacen recortes en tratamiento de adicciones, en educación, en arte, y nos sentimos imposibilitadas. Y nos hacen responsables de nuestros hijos, pero sino nos dan alternativas para nuestros hijos no podemos hacer nada, porque con amor solo no basta. Este es trabajo en red, de toda la sociedad”, concluye Bilma.

Gall vuelve sobre la niñez, sobre esas pibas y pibes que el Estado vulnera desde las cunas. Recuerda a Facundo Ferreira, lo sufre. “Esas infancias son las más golpeadas por el régimen neoliberal que hoy vivimos. En todo ese conjunto de discusiones, temáticas o tópicos de la agenda pública, siempre va a haber una reacción mecánica de un sector muy importante de la sociedad. Tucumán está muy emparentado a elementos autoritarios que vienen desde el bussismo en la sociedad tucumana. Y los medios de comunicación son una caja de resonancia y de espejo”.

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