Pese a la prohibición, vuelven los Feriazos

por Lautaro Romero
14 de febrero de 2019

Este viernes, ante la prohibición del gobierno porteño, la Unión de Trabajadores de la Tierra no sólo convoca a vecinas y vecinos a un nuevo Feriazo: también a una asamblea entre productores y consumidores, para fortalecer lazos y pensar nuevas estrategias, con la agroecología como faro a seguir.

El primer Verdurazo, allá por 2014, frente al ex Ministerio de Agricultura, allanó el camino. En aquella oportunidad, la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) donó 10 mil kilos de verdura, para visibilizar el reclamo y desnudar las problemáticas que padecen los pequeños productores en la Argentina. Algunas, desde siempre, y otras que se han profundizado en el último tiempo: el acceso a la tierra, y por ende afrontar alquileres cada vez más caros; costos de producción por las nubes, ya que tanto semillas como los demás aumentan al ritmo del dólar; la explotación, los abusos de poder, falta de políticas públicas. O justamente un Estado que los persigue y ataca: el año pasado el gobierno dio de baja al Monotributo Social Agropecuario, dejando a miles de familias que trabajan la tierra sin derecho a jubilación ni obra social.

Crédito Viojf / Revista Cítrica

Crédito Viojf / Revista Cítrica

En 2016, en el primer verdurazo a pocos pasos de la Casa Rosada, miles se acercaron en busca de alimento saludable y fresco. Las familias de la UTT donaron 20 mil kilos de verdura. Un encuentro inusual entre productores y consumidores de forma directa, sin intermediarios ni especulaciones de bolsillo; que al menos por un instante le daba la espalda a la perversidad de las multinacionales, y dejaba en jaque el apetito extractivista insaciable del modelo agronegocio exportador.

El año pasado el gobierno dio de baja al Monotributo Social Agropecuario, dejando a miles de familias que trabajan la tierra sin derecho a jubilación ni obra social.

Con el correr del tiempo los verdurazos lograron magnitud. Nada menos que en la entrada del predio de La Rural, los productores llegaron a regalar 10 mil kilos de verdura. Los verdurazos se trasformaron en feriazos, la donación de verdura fue económicamente insostenible pero aparecieron los precios populares. Y continuaron despertando el interés de los vecinos y las vecinas en las principales plazas de la Ciudad: Congreso, Once, Retiro y Constitución. También en el conurbano bonaerense y en distintos puntos del país: la UTT nuclea a 15 mil familias, en 14 provincias. Esta vez, con frutas y verduras a precios populares –todo por $10-. Más de 200 mil personas se vieron beneficiadas. La metodología del cara a cara, del familiarizar al productor con el consumidor, había sido un éxito.

“Los feriazos forman lazos, y ayudan en la construcción de una propuesta alternativa de comercio. El acceso a esa comida permite pensar nuevas estrategias. Mientras que el agronegocio apuesta por disociar al productor del consumidor, mediante un método de consumo compulsivo, y de ajuste”, denuncia Nahuel Levaggi, referente de la UTT.

Crédito Viojf / Revista Cítrica

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“Los consumidores pueden acceder a verduras frescas y a un precio justo. Es importante que se siga viendo al pequeño productor, que ha estado invisible por tantos años. Que el gobierno sepa que existimos, y somos el pueblo que trabaja para producir los alimentos”, agrega Elías Amador, productor de hortalizas en el cordón verde de La Plata: él, junto a sus compañeros y compañeras, son quienes producen el 60 por ciento de la verdura que llega a tu casa, y con gusto condimentás para hacer ensalada.

 

Los intereses detrás del absurdo

A mediados de enero de este año, quienes estamos nucleados en la UTT nos vimos obligados a suspender los feriazos que con esfuerzo habíamos programado para llevar adelante en Plaza Once y en Retiro. Nahuel Levaggi, fue uno de los primeros en recibir la notificación de parte de la Dirección de Espacios Públicos, en la cual les prohibían continuar comercializando sus frutas y verduras en las principales plazas de la Ciudad. La decisión de cancelar provenía directamente del Jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. ¿El discurso? Que “las plazas quedan sucias y se gasta dinero en limpiarlas”.

Los verdurazos se trasformaron en feriazos, la donación de verdura fue económicamente insostenible pero aparecieron los precios populares.

“No quieren que ocupemos el espacio político. Y al mismo tiempo hay una disputa por el control del espacio público, porque, paralelamente, el gobierno promueve las Ferias de la Ciudad, que son intermediarios y responden a sus intereses”, apunta Nahuel. Elías, como productor, siente “indignación y bronca: es increíble el argumento que usaron para sacarnos de las plazas. Siempre tienen que controlarlo todo”.

Crédito Viojf / Revista Cítrica

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Sin embargo, pese a la prohibición del gobierno porteño, hartos de vivir marginados y en las sombras a costas del bienestar de las grandes corporaciones, las familias productoras de la UTT no dan el brazo a torcer. Y este viernes 15 de febrero -desde las 10 hs, en Plaza Constitución y Once-, convocan a vecinas y vecinos a un nuevo Feriazo y además a una asamblea. Un espacio de encuentro y reflexión entre el productor y el consumidor donde “pensar juntos estrategias para enfrentar la crisis”.

“Que el gobierno le explique a los miles de consumidores por qué, con la crisis económica que hay, les niegan la posibilidad de acceder a frutas y verduras de calidad y a precios populares. Los feriazos no son de nosotros: son de todos y todas”, dice Levaggi.

 

La agroecología como bandera de lucha

Desde los comienzos de la lucha, la Ley de Acceso a la Tierra fue uno de los principales reclamos del sector agrícola al Estado. Y como no hay respuestas ni soluciones, lo sigue siendo hasta la actualidad. Es que en la Argentina, más del 70% de los pequeños productores (horticultores, tamberos, chancheros, granjeros y floricultores) no son dueños de la tierra donde trabajan y viven de manera precaria.

No quieren que ocupemos el espacio político. Y al mismo tiempo hay una disputa por el control del espacio público, porque, paralelamente, el gobierno promueve las Ferias de la Ciudad, que son intermediarios y responden a sus intereses.

Elías Amador (32), llegó de Bolivia hace 23 años. Pertenece a una generación de agricultores. Cultivar lechuga, tomate, zanahoria, morrón, cebolla y verdeo, entre otras hortalizas; ese lo que ha hecho toda su vida.  “Nos levantamos a las cinco de la mañana, desayunamos rápido con la familia y después ya nos ponemos a trabajar. Lo que haya que hacer: sacar los yuyos, regar o cosechar. Cuando hay cosecha, casi ni se descansa. Al mediodía volvemos a la casa para cocinar algo, y a eso de las dos de la tarde entramos de nuevo en la quinta, sin tener noción de a qué hora nos vamos a acostar. Trabajamos hoy para comer mañana. Vivimos el día a día con incertidumbre”, relata.

Crédito Viojf / Revista Cítrica

Crédito Viojf / Revista Cítrica

En el campo, como la mayoría, Elías paga los impuestos y comparte el alquiler: “Pudimos alquilar cinco hectáreas junto a otras cuatro familias. Con ese dinero, podríamos estar pagando nuestra propia casa, para darles un hogar digno a nuestros hijos. Pero por contrato, no nos dejan construir”. En consecuencia, se ven obligados a pasar necesidades en esas casillas improvisadas de madera y nylon, donde sufren frío y calor, y muchas veces se incendian e inundan. “Para nosotros sería un logro acceder a la tierra propia. No la queremos para hacer negocios, sino para vivir de ella, y darle alimentos al pueblo”, explica.

Trabajamos hoy para comer mañana. Vivimos el día a día con incertidumbre.

Porque esos alimentos libres de veneno, sin agrotóxicos, y con una mirada sostenible que no dañe el medio ambiente, son una conquista. Fue cuestión de retomar los saberes ancestrales, las prácticas de cultivo agroecológico que manejaban sus padres y abuelos para producir en las quintas, 40 ó 50 años atrás. “La mayor victoria del agronegocio es haber ganado la cabeza del productor que piensa que no se puede producir de otra manera que no sea con agroquímicos. Para demostrar lo contrario, formamos técnicos campesinos que trabajan la tierra y acompañan a otras familias en el aprendizaje de la agroecología. Son cientos de hectáreas que se manejan bajo este sistema productivo-tecnológico”, dice Levaggi.

“Las multinacionales y el Estado ofrecen un sistema de producción totalmente mediocre. La agroecología nos hace sentir libres y valorados. Es independencia, libertad, democracia, salud y familia. Es nuestra bandera de lucha, algo que llevamos en el corazón, porque para nosotros la tierra es un ser vivo. Además, las verduras tienen una calidad enorme, por lo que también es una ganancia para el pueblo”, asegura Elías.

 

 

 

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