Perdón y gracias: una carta para Anto

por Revista Cítrica
Fotos: Agencia Télam
03 de mayo de 2021

Carta abierta de la enfermera Meche Méndez despues la muerte de la pequeña Anto, otra víctima del perverso sistema agroindustrial argentino, genocida y ecocida, cimentado en los agrotóxicos.

¿Qué mas vamos a tener que demostrar?
-Dr. Andrés Carrasco-

Me acabo de enterar y, no por anunciada, tu muerte causa menos tristeza, dolor o impotencia. Apenas adolescente y tuviste tanto que sufrir, nunca sabremos cuanto, en tu corta existencia. 

Sabes Anto que no suelo escribir mucho, tampoco lo hago muy bien. Solo escribo cuando el corazón está muy roto, la pena es muy grande y cuando  considero que lo que tengo para decir, vale más que el silencio. Aunque ¿sabes?  También siento que se me acaban las palabras para lograr que los que tienen que escuchar, escuchen y también hagan.

Mi relación con tu familia y tu Lavalle querido, lamentablemente no fue por algo feliz. No. Fue a partir de otras situaciones de enfermedad y muertes extremadamente evitables: Durante el año 2011 el pequeño Nicolás y su prima Celeste fueron intoxicados de manera aguda por los venenos de la producción de tomates de esa ciudad, tomates que todos consumimos claro.

 Y, un año después, en Mayo del 2012 más precisamente, el pequeño José -Kily- como lo nombraban, tu pequeño hermanito de cuatro años, también fue alcanzado por los venenos esparcidos impunemente en ese hermoso lugar de la provincia de Corrientes. 

Nicolás murió en Corrientes. Celeste y Kily tuvieron el “privilegio” de llegar a la Alta Complejidad del Hospital Garrahan. En cuanto a Kily igual la alta complejidad no alcanzo para salvar  su vida.

Creo que no te lo había contado, pero el 2011 en mi vida marco un antes y un después. Estos hechos que narro fueron parte de ese quiebre. Desde entonces visite muchos lugares fumigados, recogí y difundí testimonios de los damnificados y entre esos lugares conocí Lavalle, la belleza del lugar y también observe in situ la situación de exposición continua y permanente a un modelo de agricultura que envenena, enferma y mata.

Viví junto a las familias el vergonzoso primer Juicio por Nicolás y Celeste, donde absolvieron a sus envenenadores.

Y fue desde ese año -2011- que me propuse intentar hacer un humilde  aporte desde el lugar en el que me desempeño, como bien sabes, como enfermera desde hace casi tres décadas –Htal. Nacional de Pediatría Juan P. Garrahan- para visibilizar y difundir este ecocidio a cuenta gotas (agudo y crónico) en el que los gobernantes de turno nos han inmerso y en donde la infancia –no tengo dudas- es una de sus víctimas principales, enfermando y muriendo, en territorios cada vez mas agonizantes, productos de estas industrias sucias.

Vos Anto ni habías nacido, pero un tal Lawrence Summers, vicepresidente del Banco Mundial, sostuvo y propuso hace ya unas décadas que verter los residuos tóxicos en áreas donde la gente ya tiene vidas más cortas, no preocupaba a nadie. Lo hicieron. Lo hacen. Y no se equivocó claro.

Y te contaba, precisamente desde ese año emblemático para mi -2011- insistimos con la Junta Interna de ATE, en traer al Hospital las voces de los damnificados, y de los profesionales comprometidos con la Salud y el Cuidado del Medioambiente, profesionales de distintos ámbitos académicos, muy reconocidos, que explicaron de manera clara y generosa, por qué es INDISPENSABLE a esta altura de las circunstancias asociar la situación ambiental a la Salud de los territorios e indefectiblemente de las personas que los habitamos. 

Y por ejemplo insistimos no una sino varias veces, en la necesidad de instalar  en el Garrahan y/u otros establecimientos –agrego ahora-  un laboratorio público, accesible y gratuito, sin conflicto de intereses- de pesquisa de tóxicos ambientales relacionados a los modelos de producción.

Nunca fuimos escuchados Anto, ni siquiera han respondido nuestras misivas. 

Entonces me sigo preguntando ¿Cómo puede ser que a esta altura, aun no se tenga en cuenta qué pasa en el ambiente de donde provienen ustedes, los pacientes ¿Qué pisan, respiran, tocan o toman? ¿Y sus padres? ¿Qué sustancias venenos-tóxicos cargan ustedes en sus cuerpos?

Lamentablemente Anto, siento que nadie escucha. 

Siento que se me acaban las palabras, siento también que se me acaban las estrategias. 

Será Anto que los sillones que ocupan muchos de los sordos, son demasiado mullidos y que por mas Posgrados en “ambiente” que tengan o cargos en Sociedades Científicas o Departamentos Hospitalarios con muy buena prensa,  nunca abandonaron su comodidad para probar pisar el mismo suelo que pisan ustedes, ni respirar el mismo aire que respiraron ustedes o tomar del mismo agua que lo tomaron ustedes. Tal vez ahí si tomarían otras decisiones.

Parece Anto, que el trasero les pesa mucho y no pueden levantarlo para saber qué pasa en esos territorios, envenenados, arrasados por modelos de producción que cada vez profundizan más este ecocidio.

Me pregunto Anto ¿Qué diferencia hay entre los habitantes-pacientes de esos territorios (que ya casi su daño ocupa la integridad del país) y los ratones de Seralini? ¿O los embriones de Carrasco? ¿O los sapitos de Lajmanovich? Esto que dicho de manera sencilla, a muchos les puede causar hasta gracia,  tal vez esconde lo más profundo de todo lo que me sale contarte como homenaje-despedida. 

Sabes que en estos días en Córdoba se anunció que nuevamente los niños (todos los estudiados por el equipo de la Dra. Delia Aiassa, quien estuvo dos veces en el Hospital compartiendo gentilmente sus investigaciones) tienen daño genético, en relación a las fumigaciones a las que estuvieron expuestos. No vas a creer si te digo que ¡a nadie se le movió un pelo! Increíble el nivel de indiferencia de quienes deberían decir y hacer sobre el tema y no solo colgar un comunicado en sus portales, sino hacerlo de manera más explícita y contundente. 

Sin duda Anto, el llamado menos esperado fue a principios del 2020. Ahora vos, la hermana de uno de los pequeños que fueron emblema de lucha contra este modelo toxico, eras derivada por una enfermedad, grave, oncológica.  

Y no voy a hablar de nada relacionado a tu asistencia, no sea cosa que muchos de los que no se le mueve un pelo desde lo ambiental, me acusen de “revelar” cuestiones que tienen que ver con el ámbito de la privacidad. No lo hago nunca y no lo haría por respeto a vos y tu familia, no por ellos y su hipocresía claro está.

Aunque sé que te lo dije, te lo repito ahora: a pesar del dolor, como siempre me pasa, disfrute mucho –sí disfrute- el privilegio de poder conocerte, acompañarte y atenderte en momentos tan difíciles por los que tuviste que pasar y como siempre, también aprendí de vos y de la leona de tu mama. Gracias por eso.

Sabes que hace poco tuve conocimiento de un Informe del año 2019, que aun no tengo oficialmente en mis manos, que fue la continuidad de una denuncia que realizara en la Defensoría del Pueblo de la Nación en el año 2013 sobre la situación allí en Lavalle. 

Tantas cosas habían pasado desde entonces que claro, era más que tardío. Pero si de algo sirve su lectura, es para reconocer que el ambiente toxico que en 2011/2012 se llevo la vida de Nicolás y Kily y enfermo gravemente a Celeste, continuo exactamente igual o peor en toda la zona, por lo que no quedan dudas del ambiente extremadamente toxico en el que vos Anto debiste seguir viviendo, creciendo, enfermando –durante todos estos años-  y lamentablemente también muriendo a tan temprana edad.

Y, lo que es peor, algunos que se dicen expertos, sostienen que estas cosas aun no pasan. Muchos sostenemos que el futuro ya llego hace rato, solo basta con poner el oído a los damnificados, pero si no creen en eso, también hay muchas publicaciones que lo sostienen. 

Nadie duda que hay que atender la enfermedad una vez producida, vos comprobaste esto por sí misma, poniendo tu cuerpo.

Pero también sé que tanto vos, como todos los niños de tu lugar y de tantos otros, deberían gozar del derecho de NO ser expuestos de manera crónica y/o aguda a esos venenos y que a esta altura, además de exigir que se dejen de utilizar deberíamos saber qué, cuales, cuanto portan sus cuerpos, qué daños están produciendo, y también saberlo para poder prevenir posibles daños a futuro. 

Es inexplicable que en semejante contexto, las investigaciones solo apunten a tratar la enfermedad.

Te dije Anto que se me acaban las palabras y –al menos por ahora, hasta que el dolor afloje- también las estrategias para poder seguir, junto a otros,  esta lucha de oídos sordos.

Solo me resta agradecerte por tus sonrisas, por tus tímidas palabras, por tus hermosos dibujos y flores artesanales que atesorare por siempre. 

Y no tengo dudas que, cuando la tristeza afloje, se transformara en lucha nuevamente, siempre te hablaba de la importancia de observar las emociones ¿te acordás? 

Te prometo seguir exigiendo la Justicia que aun no hubo por la muerte tan temprana de tu amado Kily. Y, aunque el desanimo a veces me gana, seguir insistiendo para que tus otros hermanos que tanto querés y el resto de los niños puedan vivir en un ambiente sano, en que jugar, respirar o tomar agua no les cueste la Vida. 

Y perdón Anto por haber esperado en vano, como tantos otros niños, la llegada de una prótesis que pudiera suplir en algo el sufrimiento causado por la amputación/desarticulación de tu pierna como parte del tratamiento recibido para combatir la enfermedad. 

Por último Anto, ojala hayas podido perdonar, para irte en paz, la indiferencia de una sociedad que hasta tus últimos días, te cerró el camino –de manera literal- para ser trasladada en ambulancia hasta el Hospital donde debían atenderte, transformando una vez más la frase “El Interés Superior del Niño”, con la que tanto se llenan la boca los funcionarios de turno, en palabras totalmente vacías de contenido y que poco o nada tienen en consideración.

Vuela muy alto hermosa Anto, ojalá –como le dijiste a tu mami que imaginabas el después- puedas estar finalmente junto al Kily; él tocando la guitarra y vos el ukelele, libres, sin dolor, sin sufrimiento e indiferencias varias. 

Quiero, deseo, necesito imaginarlos así, porque la realidad es casi inimaginable de soportar. 

Mil gracias Anto y perdón por no haber podido hacer mucho más.

Con todo mi amor: 
“La Señora Mechi”* 
(Como te salía llamarme, aunque te retara siempre)

29-04-2021

“La salud de una sociedad puede ser juzgada por la salud de sus niños. Esto supone la identificación precoz de riesgos prevenibles y la traducción inmediata de estos conocimientos en intervenciones eficaces con políticas de protección” 
-Dra. Delia Aiassa y Equipo-
*Mercedes –Meche- Méndez

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