Nos rompimos

por Agustín Colombo
Fotos: Rodrigo Ruiz
21 de noviembre de 2023

La sociedad está rota. Milei será el presidente de esta sociedad rota. No es solo la economía, aunque la economía explica casi todo. Una reflexión desde la angustia y la tristeza por lo que pasó y por lo que viene.

¿Ustedes sienten la misma angustia? Es como si se hubiera roto algo por dentro, como si el aire que respiramos estuviera más pesado de lo habitual y el transcurso de estas horas de shock casi guionado: lo que vino después de la paliza electoral del domingo fue un feriado por el Día de la Soberanía Nacional que arrancó con el presidente electo reafirmando la privatización de YPF, de la Televisión Pública, Télam y Radio Nacional. Casi una cargada: rajá de acá, soberanía. La distopía se completa con este vacío en la calle, una sensación de silencio sepulcral que empeora –y preanuncia– todo.  

Lo que viene será muy difícil. Para la Argentina, en general, y para el periodismo, en particular. Tenemos mucha angustia. Mucha tristeza. Pero sabemos que no podemos permitirnos claudicar. De fondo suena, casi como un látigo de un pasado que revive, esa parte de Guitarra Negra, de Zitarrosa: 

 

Ahora pensá… en tu adolescencia, en lo que caminaste por dentro de ti mismo, en lo que caminó el país junto contigo. ¡Cuidado!, porque estás en un filo difícil, en que la palabra decepción, con sólo cambiarle un sonido, se te puede convertir en deserción. Que no te ocurra eso. Enrollá esa bandera pero despacito, pensando en todo lo que contiene, para vos mismo, para la gente que más te importa, para tu país. Ahora sí, guardala. Pero guardala como para sacarla en todos los momentos de los años que vienen, que el gesto de guardarla no se parezca, ni por asomo, al gesto de quien estuviera arriando semejante bandera.

 

A Cítrica le tocará cumplir su rol. Hacer lo que venimos haciendo hace mucho tiempo: visibilizar represiones e injusticias que probablemente se multipliquen, quizás como nunca antes. Esta cooperativa surgió hace ya 13 años luego de que 194 personas se quedaran sin laburo. Sabemos lo que es luchar porque nacimos así: del fruto de una lucha. Seremos, desde nuestro pequeño espacio comunicacional, parte de una resistencia. Pero también estamos cansados de serlo.

Surgen algunas preguntas en medio de la angustia. Autoflagelarse siempre vale. ¿Nos cabe alguna responsabilidad a nosotros como medio? Probablemente sí. Porque no gobernamos, no diseñamos medidas económicas, no trazamos ningún plan de Estado, pero durante algún tiempo equiparamos el drama social –que mostramos hasta el hartazgo de diversas maneras, en eso nadie puede decirnos algo– con, por ejemplo, el lenguaje inclusivo.

Me acuerdo, ahora, con el triunfo de Milei ya atravesado en nuestros cuerpos, de quienes nos puteaban. De quienes nos leían pero nos puteaban. ¿Y si tenían razón? Imagínense por un momento a una persona sin laburo, sin nada para morfar a la noche o, peor aún, con un laburo de mierda que no le alcanza y la rutina de levantarse a las cinco de la mañana, viajar tres horas en dos bondis y rezar para que no la afanen en la parada del tercer cordón del conurbano. Imagínense ahora a esa persona leer una nota de Cítrica sobre la escritura con la e o la x. ¡Váyanse a cagar!

Con esto no quiero decir que esté mal o bien hablar o escribir con la x o con la e, algo que a mí no me sale y prefiero evitar. Pero como dijo un compañero en estas horas de catarsis, incluso antes del domingo: “¿De verdad hay alguien que puede pensar en serio que somos más los que estamos a favor de la ESI, de la diversidad, de los juicios de lesa humanidad, del medio ambiente, de los pueblos originarios, de la separación de la Iglesia del Estado o a favor de lo que sea por lo que luchamos? Somos menos. Siempre fuimos menos”.

Podemos ser más, o ser la mayoría, si hay gobiernos que garantizan lo básico: que tu laburo te alcance para vivir, que la plata que tenés en el bolsillo valga lo mismo el lunes que el martes y muchas otras deudas que tiene esta democracia con nuestro pueblo. Casi ninguna de estas cuestiones se resolvieron en estos cuatro años. 

Es ahí donde está la génesis de esta derrota y de esta angustia. Compañeros, compañeras: no hay batalla cultural posible si una parte importante de la población se caga de hambre. ¿Cómo hacés para interpelar sobre las bondades de un nuevo Parque Nacional a quien se despierta todos los días pensando no qué como hoy, sino cómo hago para comer?  

 

La sociedad está rota. No es solo la economía, aunque la economía explica casi todo. Pero está rota porque a la crisis le sumó la pandemia, que hizo trizas no solo la economía, sino las dinámicas laborales, sociales y hasta hogareñas. En ese año y medio de aislamiento se forjó algo oscuro, tenebroso que recién ahora estamos empezando a dimensionar.   

Nos rompimos: hay mucha gente que ni siquiera va al chino: entra con su teléfono a una aplicación para que un Rappi precarizado le llevé un jabón, un paquete de fideos y cuatro naranjas a su casa. 

Nos rompimos: hay pibes en las escuelas secundarias que en medio de la clase apuestan a un partido de la segunda de Grecia para ver si pueden ganarse cinco dólares.  

Nos rompimos: ¿cuántos rulos financieros conocimos en todos estos años para comprar dólares baratos y venderlos al blue? Había amigos que preferían hacer eso que laburar. No porque fueran vagos: porque se ganaba mucho más.    

Nos rompimos y Milei será el presidente de esta sociedad rota. El presidente de la Era Instagram. De la Era TikTok. De la inmediatez. Un loco que pasó en dos años de ser un invitado estridente de programas televisivos al jefe de un Estado que odia y ahora planea destruir. Cuarenta y siete millones de personas y la segunda economía de Sudamérica (no sabemos hasta cuándo) en manos de esa persona.