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Marcos Acuña: impunidad en los tribunales, "justicia social" en la calle

por Revista Cítrica
Fotos: Agustina Salinas
15 de marzo de 2022

Juan José Silva, el prefecto que asesinó a Marcos, recibió una condena de un año de cárcel. Inés Alderete, la mamá, tiene claro que el valor de la justicia está dado por el encuentro con otrxs familiares que sufrieron el gatillo fácil más que por los fallos judiciales.

Inés Alderete sabía mucho antes de que comenzara el juicio contra Juan José Silva, el prefecto que el 28 de agosto de 2015 asesinó de un tiro a su hijo Marcos Acuña, que no iba a tener justicia. Esperó seis años y medio para comprobarlo, y a pesar de que el proceso judicial que se realizó en el Tribunal Oral y Criminal N° 3 de Quilmes tuvo gran acompañamiento de familiares que integran la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil, la sentencia confirmatoria de la impunidad llegó este 14 de marzo por correo electrónico: a Silva le toca un año de cárcel (o sea, quedará libre).

“Mandaron por correo, es una vergüenza”, dice Inés. La excusa de la jueza: que no había salas disponibles para leer la sentencia, un trámite de pocos minutos. Lo que olfatea Inés: “No querían que se enterara toda la gente que nos acompañó, en la primera audiencia hubo más de 800 personas afuera”. El afuera marca el contexto: a Inés le tocó acompañar antes juicios de gatillo fácil de otras familias. 

Por eso la condena tan baja (en un proceso judicial donde se juzgó el delito de “homicidio en exceso de legítima defensa”) no la sorprende: “Nunca vamos a tener justicia las mamás que perdemos a nuestro hijos. Yo sabía que Silva no iba a ir preso, estaba preparada. Mi justicia no es la del tribunal, sino la justicia de afuera, la de las familias que acompañan estas luchas... la justicia social”. La querella le había pedido a la jueza  Julia Andrea Rutigliano una condena de 5 años de prisión y 10 años de inhabilitación para ejercer cargos públicos.

En este contexto, y cuando todavía quedan instancias de apelación, Inés mira el costado positivo: “Logramos que el juicio se transmitiera en vivo (tarea compartida por La Retaguardia y el portal Revoluciones) y ahí se pudo ver cómo nos trata la justicia a las madres: como si nuestros hijos fueran los culpables y no las víctimas”. Otro hecho que destaca la mamá de Marcos es que logró que Silva fuera suspendido de la Prefectura Naval después del asesinato de su hijo.

Inés apunta: “Nunca van presos, con las apelaciones pueden durar 20 años y yo tal vez no estoy viva. De diez casos de gatillo fácil, cinco llegan a juicio, dos son bien condenados y el resto, si pasa pasa”. En este proceso, la acusación se sostuvo en el relato de que Marcos y dos amigos que lo acompañaban habían querido robarle al prefecto, y por eso Silva se defendió a los tiros. Eso no pudo probarse en el juicio.

Según cuenta Inés, el prefecto le dijo al abogado de parte (Eduardo Soares, de La Gremial de Abogadxs) que “no sabía manejar el arma” y tampoco pudo explicar por qué había tres municiones sueltas al lado de las vainas servidas ya disparadas.

Sobre el asesino de su hijo dice: “No me da lástima ni nada, para mí es un caso impune. Yo quería que me mirara a los ojos pero bajó la vista todo el tiempo. Encima el abogado de él lo que quería hacer quedar como víctima, diciendo que había perdido el trabajo, que no tenía amigos ni sindicato que lo defienda”.

El laberinto de los tribunales continuará (“la lucha verdadera empieza ahora, contra el Poder Judicial”), pero Inés sabe que el terreno más fructífero de lucha es la calle. Donde ella y tantas madres y familiares que han perdidos a sus seres queridos por las balas de las fuerzas de seguridad se encuentran y se acompañan. La “justicia social”, como lo define ella.