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El último refugio del periodismo deportivo

por Maxi Goldschmidt
18 de junio de 2017

Don Julio, ese milagro que sale cada seis meses y que se atesora en la mesita de luz, ya va por su quinta edición. Otras once historias de fútbol pensadas para los que tienen ganas de leer.

Mario Riquelme es verdulero. Su verdulería está en Villa El Salitre, un barrio humilde de Santiago de Chile. Parece que es linda su verdulería. O al menos eso le pareció a Marcelo Bielsa, por entonces entrenador del seleccionado chileno y que un día andaba en bicicleta por ahí cuando le llamó la atención la verdulería. Se bajó de la bici, habló un rato con Mario Riquelme y de repente salió corriendo, volvió a subirse a la bici y arrancó a toda velocidad. Detrás de él, también a toda la velocidad, lo corría el verdulero a los gritos.

¿Por qué huía Bielsa? ¿Qué pasó antes de que saliera corriendo?¿El verdulero logró alcanzar al técnico? Las respuestas están en una de las once excelentes historias de la quinta edición de Don Julio, ese libro-revista que tanto bien le hace al fútbol y al periodismo. Y que sentimos como un “milagro”. Tan milagroso como el súper Barcelona y Messi.

Porque sí, nosotros no olvidamos que durante años, la tele, los diarios y las radios repetían que el tiempo del fútbol espectáculo ya era parte del pasado, y que ahora era todo cuestión de físico, de táctica. No se les pasaba por la cabeza, a los resultadistas, a los acostumbrados a repetir lo que el sistema les dicta, los que el periodismo berreta publica a diario, desconfiar. ¿Quién podía imaginar que un equipo jugara como el Barcelona, les ganara a todos y encima entre sus filas contara con un marciano que hiciera mil goles y al que nadie le sacara la pelota? Bueno, eso que era impensado, es una realidad hace años.

Y hoy ocurre lo mismo con el periodismo. Pareciera que el periodismo de investigación es una pieza de museo, que el tiempo del papel ya fue, que ahora todo ocurre en las redes sociales, que la actualidad y el minuto a minuto mandan, que el quilombo vende, que ya no hace falta escribir bien porque la gente sólo lee los títulos. Nosotros siempre desconfiamos de ese discurso, por más que sea cada vez más grande, nos incomode e incluso tengamos que ver cómo hacemos para que no nos asfixie. Por eso, cuando vemos que también otros compañeros apuestan a hacer periodismo por fuera de los medios que nos explotan y que mienten, lo celebramos. Y cuando encima deciden sacar una publicación (con todo el esfuerzo que sabemos que significa) impresa, en un papel de lujo, en el que se pueden leer once historias originales y muy bien escritas, la fiesta es completa.

El enganche uruguayo que tuvo 14 millones de dólares y se los gastó. Y ahora busca la felicidad en los bares y con los vecinos pobres del pueblo de Paso de Los Toros. O la historia de los jugadores libres. O la de los pibes de provincia estafados por el negocio de las barras y los representantes. O el de las mujeres que tienen el coraje de ser referís del deporte que más domina el patriarcado y la intolerancia. O la historia de los futbolistas que murieron víctimas del gatillo fácil de la policía. O la vuelta a la vida de Salvador Cabañas, aquel delantero paraguayo que pasaba rivales a pura potencia y debió dejar de jugar tras recibir un balazo de un narco. O de la obsesión de Marcelo Bielsa por acercarse a los que menos tienen y entregarles un poco de felicidad porque a Don Marcelo, dicen quienes lo conocieron bien, “le duele mucho el alma”. Don Julio le devuelve el alma al fútbol. Es la fiesta, íntima, hermosa y palpable, de sentarse para volver a leer de fútbol.