Cultura exclusiva

por Mariana Aquino
16 de enero de 2018

El Ballet Nacional de Danza no continuará en 2018 por "falta de presupuesto”. Bailarinas y bailarines se acercaron a reclamar al Ministerio de Cultura. “Nos cortan las piernas”, aseguran.

El ministro de Cultura, Pablo Avelluto, decidió “discontinuar el financiamiento” del Ballet Nacional de Danza porque “ya no hay presupuesto para sostenerlo”. Detrás del eufemismo, la realidad: 60 artistas (bailarinas, bailarines, maestras y directores) se quedaron sin trabajo; jóvenes promesas de la danza del interior del país, sin la posibilidad de ingresar a un universo que muchas veces se tilda de elitista; y miles de personas de los barrios populares y las provincias, de ver un espectáculo de calidad y gratuito.

Ya tengo 28 años y no puedo audicionar o irme del país para buscar otra compañía, nuestra carrera es muy corta. Es como si nuestro trabajo no valiera nada. Siento que nos cortaron las piernas.

Todo se termina con una sola medida: cerrar el ballet. Sin siquiera saber de qué se trata porque Avelluto no asistió a ninguno de los espectáculos que desde 2013 recorren el país. La compañía llegó a escenarios de todas las provincias -demostrando que la danza clásica puede ser una disciplina más inclusiva y popular-; las bailarinas representaron a la Argentina en varios países, hicieron clínicas y dieron clases. En cada una de ellas hay una historia de esfuerzo, dedicación y lucha.

En una  función al aire libre en Ituzaingó empezó a llover y la gente no se fue, se quedó ahi, mojandose. Quizás era la primera vez que veían danza en vivo. Es la sed de arte que tiene el pueblo y el gobierno no comprende.

A los 14 años, Ana Clara Arguello recibió una beca del Instituto del Colón y se vino de Mendoza con su mamá para Buenos Aires. Está desde el inicio en el ballet dirigido por Iñaki Urlezaga. “Ya tengo 28  y no puedo audicionar o irme del país para buscar otra compañía, nuestra carrera es muy corta. Recién ahora, cuando puedo disfrutar, pasa esto. Es doloroso que se termine de un día para otro, como si nuestro trabajo no valiera nada. Siento que nos cortaron las piernas”, dice Ana Clara con el hilo de voz que le queda después de abrazarse, bailar y llorar con sus compañeras en las puertas del Ministerio de Cultura este martes 16 al mediodía, cuando rechazaron el cierre del ballet.

Andrea Montenegro se vino desde más lejos. La ecuatoriana llegó a Argentina hace seis años en busca de una oportunidad en la danza. Vivía en Salta cuando aprobó la audición pública e ingresó a la compañía: “Estos fueron los años más maravillosos para las personas que integramos el proyecto. Pasaron miles de cosas muy hermosas. En una  función al aire libre en Ituzaingó empezó a llover y la gente no se fue, se quedó ahi, mojandose. Quizás era la primera vez que veían danza en vivo. Es la sed de arte que tiene el pueblo y el gobierno no comprende”.

Son muchas horas de trabajo y durante muchos años como para que nos echen por un mensaje de whatsapp. Y no es falta de presupuesto, es falta de interés. 

“Y no les importa nada”, denuncia Andrea. La única noticia que tuvieron del ministro fue a través de los medios de comunicación, y no fue buena: descree de la transparencia de las  audiciones. “Queremos que nos escuchen, que vean lo que hacemos. Que no le quiten al pueblo la posibilidad de tener un ballet nacional. La vamos a pelear, no nos van a vencer así nomás”, confía.

Aunque son los menos, también hay varones en la danza. Y encontraron en el ballet nacional un espacio para desarrollarse como artistas. Alan García baila desde  muy chico. Vino de Córdoba a Buenos Aires cuando lo sumaron al ballet; y después de enterarse del cierre no sabe bien cómo ni dónde seguirá bailando. “Son muchas horas de trabajo y durante muchos años como para que nos echen por un mensaje de whatsapp. Y no es falta de presupuesto, es falta de interés. Hay un vaciamiento total pero la gente no se entera porque los medios no lo comunican”.

Alan dedicó su vida a la danza y reconoce que otra cosa no saber hacer. No llega a los 25 y ya siente que le quedan pocas oportunidades en su carrera como bailarín. Pero de ningún modo piensa bajar los brazos (ni las piernas). “Este es el ballet del pueblo y lo queremos defender”, dice, con una sonrisa y los ojos hinchados de mucha bronca y algo de esperanza.

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