¿Y ahora cuál es el enemigo?

por Martín Estévez
09 de diciembre de 2019

Durante los últimos cuatro años, muchas personas, organizaciones y medios de comunicación tuvieron clara su función: oponerse a las medidas brutalmente injustas del gobierno de Mauricio Macri. La asunción de Alberto Fernández, en cambio, abre una polémica filosa: ¿criticarlo será lo justo o “hacerle el juego a la derecha”?

El lunes posterior a las elecciones del 27 de octubre, en Cítrica ya había caras raras. Yo no voy mucho a la redacción (mi trabajo es evitar peleas entre compañeres, otro día se los cuento mejor), pero parece que durante cuatro años, la identificación de un enemigo común (el gobierno de Macri) les evitó conflictos. Parece que a todos les era sencillo criticar las decisiones de Macri, Vidal, Larreta y no sé quién más. La cosa es que parece que ahora no es tan fácil, porque algunes creen que al gobierno de Alberto Fernández no hay que “pegarle tanto” porque sería “hacerle el juego a la derecha”; y otres creen que hay que criticarlo sin una tolerancia especial, porque lo injusto es injusto siempre, y un fundamento de Cítrica es denunciar y visibilizar las injusticias. Yo los escucho, me rasco la psoriasis que tengo en la cabeza y me pregunto qué hago acá.

Durante estos cuatro años, la identificación de un enemigo común (el gobierno de Macri) evitó conflictos. A todos les era sencillo criticar las decisiones del Presidente 

Algunes compas cuentan que el problema no es exclusivo de Cítrica, que en medios de comunicación similares está pasando lo mismo: donde antes era “todas y todos contra Macri”, ahora algunes piensan en seguir exigiendo y denunciando al Estado; otros en cómo evitar “que vuelva la derecha”. Mientras hablaban de esto en la redacción, todes se miraban con seriedad, como tratando de descubrir quien, a partir de ahora, es amigo y quién enemigo. De pronto, Agustín, uno de los fundadores de la cooperativa, me pidió que escribiera un texto sobre “este tema”. Yo no escribo casi nunca en Cítrica, pero como mi función es evitar peleas, se ve que Agustín pensó que un texto mío podría calmar un poco el asunto. No sé bien si estoy escribiendo para les trabajadores de Cítrica o para sus lectores, pero parece que alguien tiene que hablar de “este tema”.

Lo primero que se me ocurre es definir dos cosas: qué son “medios de comunicación similares” y qué es “hacerle el juego a la derecha”. 

En cuanto a “medios de comunicación similares”, parece que en Cítrica piensan que están “en la misma línea” que MU, La Retaguardia, La Garganta Poderosa, Tiempo Argentino, ANRed, Ancap, Cosecha Roja, Anfibia, El grito del sur y no sé cuáles medios más. Yo estuve investigando un poco y no encuentro el punto que los une. Podría ser la “autogestión e independencia”, pero hay otros medios “autogestivos e independientes” que no están “en la misma línea”, así que algo ideológico también debe haber. A mí, ideológicamente me parecen bastante distintos. Por ejemplo, no comparten posición sobre el lenguaje inclusivo: algunos medios lo usan; otros no; otros lo usan a veces, como Cítrica. Para demostrar esta ambigüedad, uso en este texto intercaladamente “todos”, “todas y todos”, y “todes” sin que nadie se queje. Eso por un lado.

Parece que si “la derecha” ataca a otro sector, quienes atacan a ese mismo sector están “haciéndole el juego a la derecha”. Parece lógica, pero no diferencia tipos de ataques ni de sectores

En cuanto a “hacerle el juego a la derecha”, lo googleé y no encontré ninguna definición. Parece que es una de esas frases que todos entienden pero nadie necesita explicar. Para intentar definir ese concepto, antes tendría que definir, sin ocupar muchas palabras, qué es la derecha. Acá va mi intento: “la derecha” sería una posición ideológica conformada por personas que intentan sostener e incluso aumentar la injusta distribución de riquezas (los argumentos para justificar esa injusta distribución son múltiples y cambian con el tiempo). Hagamos como que aceptamos esa definición y avancemos. 

Parece que si “la derecha” ataca a otro sector, quienes atacan a ese mismo sector están “haciéndole el juego a la derecha”, porque ayudan a su objetivo. Entiendo que ahí termina la explicación del concepto. Parece lógica, pero no diferencia tipos de ataques ni de sectores. Entonces, si la derecha remarcara que Nora Cortiñas, cuando era chiquita, le pegaba a sus compañeras de clase, replicar esa información (aunque fuera cierta) sería “hacerle el juego a la derecha”. Pero si en año de elecciones, un gobierno que no es “de derecha” entrega tierras a una empresa de megaminería destructiva, ignora reclamos de los pueblos originarios o criminaliza alguna protesta social, denunciar esos sucesos también sería “hacerle el juego a la derecha”, porque podrían ayudar a que en las elecciones el gobierno perdiera votos y ganara un partido “de derecha”. 

Qué complicado.

¿Qué hacer, entonces? ¿Exigir justicias, aunque eso perjudique a un partido que no es de derecha frente a otro partido de derecha? ¿O hacernos los boludos para no ser cómplices involuntarios de un posible gobierno de derecha? Por lo que entiendo, ahí está el conflicto, que va más allá del “peronistas contra no peronistas” que aparece en la superficie, y se incrusta en cuestiones más profundas. ¿Lo urgente o lo importante? ¿La solución pragmática o la construcción arriesgada? ¿Reformismo, porque no hay revolución posible; o revolución, porque el reformismo ya fracasó? Espero que en Cítrica no esperen que resuelva ese conflicto en 7000 caracteres.

El conflicto va más allá del “peronistas contra no peronistas”. Es más profundo: ¿Lo urgente o lo importante? ¿La solución pragmática o la construcción arriesgada? ¿Reformismo o revolución?

Sí se me ocurren dos propuestas para avanzar por algún lado. Primero, una pregunta: si un gobierno comete injusticias y por la visibilización de esas injusticias pierde elecciones contra un gobierno de derecha, ¿la responsabilidad es del gobierno que las comete, o de quienes la visibilizan? Ya veo colmillos afilados en las redacciones de “medios que siguen la misma línea”, con dos respuestas posibles: “la culpa es del gobierno” y “esa pregunta es una simplificación estúpida de cómo funciona el sistema político-partidario”. Yo, por si no lo adivinaron, opino que la culpa es de los gobiernos. Y si visibilizar el reclamo de sectores oprimidos algunas veces puede ser “hacerle el juego a la derecha”, ocultar el grito desesperado de les que sufren es directamente “ser la derecha”. No sé qué pensarán otres compas de Cítrica sobre esto, pero por suerte me dejan opinar.

La otra cosa que se me ocurre, antes de que empiecen a volar sillas, es que al enemigo común lo tenemos tan a la vista que no lo vemos. Cada 24 de marzo, en años macristas, kirchneristas, menemistas o alfonsinistas, todos los sectores que no somos “de derecha” salimos a las calles a clavar un poco más el ataúd de las dictaduras cívico-militares ultracapitalistas. Incluso quienes se declaran apolíticos, y quienes opinamos que la democracia representativa no es justa, entendemos que hay un límite inaceptable, y es la explosión del sistema actual en su expresión menos disfrazada: torturas, violaciones, desapariciones, bebés apropiados, mujeres con ratas en su vagina, picanas eléctricas, personas arrojadas desde aviones hacia el océano para que nunca más nadie sepa de ellas.

Hay causas que no pueden medirse por conveniencias partidarias, elecciones cercanas o hipótesis a futuro

Amigues de “distintos sectores”, de “medios que están en la misma línea”, compañeres de Cítrica: el enemigo común es siempre el capitalismo. Que está en todos lados, es cierto, incluso en este texto; pero que tiene expresiones salvajes a las que nunca debemos ignorar. Apoyar a Norma Plá no fue hacerle el juego a los enemigos de Menem; pedir justicia por Darío Santillán y Maximiliano Kosteki no fue hacerle el juego a los enemigos de Duhalde; abrazar el recuerdo de Luciano Arruga no fue hacerle el juego a los enemigos del kirchnerismo; exigir la verdad sobre la muerte de Santiago Maldonado no fue hacerle el juego a los enemigos de Macri. Hay causas --las de mujeres y disidencias oprimidas; las de los pueblos originarios; la defensa del medio ambiente; las de quienes sufren hambre mientran otres tiran comida-- que no pueden medirse por conveniencias partidarias, elecciones cercanas, hipótesis a futuro. Hay injusticias que, si no visibilizamos en nuestros medios de comunicación y en nuestras vidas, no nos convertirán en “peronistas extremos” ni en “ingenuos utópicos”: nos convertirán simplemente en la misma mierda que deseamos, algún día, destruir. Ser la voz de quienes nunca son escuchados: eso no lo negociemos nunca.

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