Un almacén como forma de disputar sentido

por Horacio Dall'Oglio
Fotos: Victoria Gesualdi
26 de abril de 2023

La cooperativa Huvaití nació como un colectivo de comunicación, pero hoy además gestiona el primer almacén de la economía popular en el barrio porteño de Balvanera. Un espacio de encuentro que también pone en debate el modelo en que se produce y comercializa en Argentina. “En momentos difíciles es donde más hacen falta las ideas creativas”, aseguran.

“Para mí las cooperativas son un aprendizaje, el primer paso para luego pasar al verdadero socialismo”, entrevista a Osvaldo Bayer, Cítrica edición febrero 2016

“En el desierto del alma, hay que sembrar /
Buscando, che, bien adentro /
El agua siempre está”

Arbolito, Saya del yuyo.

 
Ingresar al local de la Cooperativa de Comunicación Huvaití y la Red de Alimentos Cooperativos, en Moreno 945, CABA, no es únicamente adentrarse en un universo de aromas y sabores exquisitos, sino también ser parte de una comunidad de prácticas, saberes, historias de vida, de lucha y de trabajo de miles de pequeños productores y productoras de cooperativas, de  la agricultura familiar, la economía popular, social y solidaria de todas las regiones del país que trabajan a diario de forma silenciosa –y silenciada por la peligrosa alianza de medios de (in)comunicación y corporaciones alimenticias– pero con la alegría de saberse parte de formas de vida artesanales que proponen una alternativa al desamparo de una globalización excluyente y contaminante actual.

Por ello, este espacio de comercialización que abrió sus puertas el 28 de diciembre de 2021 es tan especial. No solo porque se trata del cuarto local de la Red de Alimentos Cooperativos en Buenos Aires –una red de cooperativas de alcance nacional que promueve la agroecología, la producción, industrialización y comercialización de alimentos sanos–, sino además porque es el primer almacén de la economía cooperativa, social y solidaria que funciona en pleno microcentro porteño y, como si fuera poco, es gestionado también por una cooperativa de comunicación.

Miguela Varela, integrante de la Red de Alimentos Cooperativos, explica qué tiene de diferente el almacén del barrio de Monserrat: “Creo que es la primera vez que algo así sucede, en términos de comunicación; siempre los espacios están a cargo de cooperativas de comercialización o de producción. Y esto me parece importante porque claramente para la cooperativa Huvaití la comercialización es una forma de comunicar una idea”

Es el primer almacén de la economía cooperativa, social y solidaria que funciona en pleno microcentro porteño

En este sentido, pensar la comercialización de productos de la economía cooperativa, social y solidaria en términos comunicacionales implica contar las historias que hay detrás de cada producto, como así también develar los procesos de producción –algo que las corporaciones alimenticias no están dispuestas a hacer– y mostrar el modo en que cada productor y productora aporta desde su trabajo a la mejora en las condiciones de vida de las poblaciones, al cuidado del medio ambiente y al desarrollo de cada región.

Para Miguela Varela, cada espacio de la Red, “incluido este de Moreno 945,  es un lugar donde uno le puede contar la historia de los productos y los productores a los consumidores, no solamente un espacio de intercambio entre productos y dinero, sino que también es contar quiénes son los que están detrás de cada producto, cómo se construye ese precio, quiénes son las familias, cuántos son, de dónde vienen, por qué producen lo que producen. Eso es lo que creemos que hace la diferencia del espacio. Es un lugar de comercialización, pero también comunicar y de disputar la idea de la producción y la comercialización  de alimentos”.

Cerca de la revolución

La Cooperativa Huvaití –que toma su nombre de una voz guaraní que significa “salir al encuentro”– nace en 2014 a partir de un grupo de amigos y amigas que tienen en común el trabajo en periodismo, comunicación comunitaria, docencia e investigación. En sus inicios arrancaron siendo seis integrantes y en la actualidad, a partir de la apertura del almacén, son once. Desde un principio, el objetivo de la cooperativa fue realizar producción periodística, consultoría, desarrollo de proyectos y actividades participativas orientadas a la economía popular, social y solidaria. Es así como  uno de sus primeros proyectos fue ESSAPP, una aplicación de geolocalización de experiencias de la economía social y solidaria de todo el país, realizada junto a la Universidad Nacional de Quilmes y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, que actualmente mapea a más de 7000 proyectos. Luego, en 2017, la cooperativa obtuvo la matrícula por parte del INAES y desde el 2019 producen el programa de radio Mundo Hormiga, que sale por FM La Tribu y luego se retransmite en 35 radios comunitarias de todo el país.

"Para la cooperativa Huvaití la comercialización es una forma de comunicar una idea”, cuenta Miguela Varela

En 2020, en plena pandemia y con reuniones virtuales, comenzaron a pensar seriamente la posibilidad de un almacén como el que hoy administran en el barrio porteño de Monserrat, pese a los desafíos que implicaba pasar del rubro de la comunicación al del comercio, por lo que llevó casi dos años la incubación del proyecto. En ese momento desde Huvaití -y en consonancia con el significado de su nombre- salieron al encuentro de la Red de Alimentos Cooperativos para poder materializar el proyecto.

Ignacio Vila, trabajador integrante de la dicha Red, comenta acerca de la importancia de que surjan estos espacios de comercialización, dado que la mano invisible del mercado existe, pero nos corre, nos saca del mercado. Por eso entendimos que nosotros tenemos que construir nuestro propio mercado, y  a veces los marcos económicos más inestables son los que generan aún más la necesidad de que existan este tipo de espacios; en esos momentos más difíciles es donde más hacen falta las ideas creativas”.

Por su parte, Walter Isaía –integrante de Havaití, radialista desde hace más de dos décadas y conductor del programa radial Mundo Hormiga– comenta con humor: “Nosotros quisimos hacer una revolución y terminamos como almaceneros y verduleros”. Y luego amplía: “Muchos de nosotros trabajamos en comunicación y en economía social, entonces en un momento se nos conectó la posibilidad de no separar ambas cosas y de laburar comunicación para la economía social”. En este sentido, Walter explica que la apertura del almacén le dio otro sentido a la cooperativa: "Nos abre a otras dimensiones, a otras posibilidades, a otras dinámicas de laburo; mucho más aceitadas, mucho más cotidianas, y la cooperativa cobra un sentido distinto; hay que hacer cosas todos los días vinculadas al espacio y, paralelamente, esto también nos multiplicó en el área de comunicación porque empezamos a trabajar con la comunicación de la Red de Alimentos Cooperativos y también con la comunicación de la Federación de Cooperativas Autogestionadas de La Rioja”.

Pensar la comercialización de productos de la economía social en términos comunicacionales implica contar las historias que hay detrás de cada producto

Por ello, un desafío que le interesa particularmente a Huvaití es la articulación profunda de los diferentes actores de la economía cooperativa, popular, social y solidaria de forma tal de tender puentes hacia la integración del sector, en la medida en que, como diagnostica Walter, “a la comunicación le falta mucha economía social y a la economía social le falta mucha comunicación”. Es por esto también que –a lo largo del poco más de un año de vida que lleva el almacén del barrio de Monserrat– dicho espacio de comercialización se ha convertido en un punto de encuentro de diferentes experiencias del sector, donde cada actividad propuesta ha sido pensada como un hecho comunicacional en sí mismo, sea este la presentación de la editorial de la cooperativa Huvatí con un locro elaborado en su mayor parte con productos del propio del almacén; sea un Festival del Alfajor, como el que hicieron en septiembre, con productores y productoras cooperativos de Jujuy, Buenos Aires, Río Negro y Mar del Plata; sea también el Festival del Mate, como el que organizaron en noviembre, donde se presentaron las más 20 variedades de yerbas agroecológicas que surgen de la agricultura familiar; o bien, como lo hicieron el pasado 8 de marzo, en el Día de la Mujer Trabajadora, con la presentación de la línea de vinos Apasionadas, elaborada por la Asociación Mujeres de la Viña, donde confluyen 21 productoras vitivinícolas de Mendoza

“A la comunicación le falta mucha economía social y a la economía social le falta mucha comunicación”, dice Walter Isaía

Pero esta articulación tan necesaria en términos comunicacionales requiere a su vez de la misma estrategia a nivel económico. Así lo explica Manuel Barrientos, periodista, docente, coautor junto a Walter Isaía de 2001. Relatos de la crisis que cambió a la Argentina (2011) e integrante de la cooperativa Huvaití: “También hay que crecer en la articulación económica concreta; por ejemplo, una cooperativa de cooperativas hace compras agrupadas conjuntas. Estas son formas de articulación que tenemos que aprender. Hacer compras conjuntas, intercambio de productos, etc.”.

Para Huvaití no solo es preciso visibilizar los procesos de producción, a diferencia del modo en que trabaja la gran industria, sino también “cómo esos procesos generan arraigo, cómo esa guita no se fuga sino que queda adentro del país”, continúa Manuel Barrientos, dado que “las cooperativas no tienen como fin fugar el dinero, volverlo solo un instrumento financiero, sino que siempre está por delante la producción, el trabajo, generar desarrollo local y regional, respetar las propias economías regionales”.

Tal como afirma Manuel, la economía cooperativa, popular, social y solidaria se encuentra lejos de las lógicas especulativas del capital financiero que se basan en el desamparo y la incertidumbre económica, y la propia experiencia de productores y productoras son testimonios vivos de que otra economía es posible. Así por ejemplo, Luis Pisano, un asociado de la cooperativa Cuchiyaco de Santa Vera Cruz, La Rioja, donde producen y envían a todo el país unos 600 kg de alimentos libres de agrotóxicos entre los que se encuentran las delicias del aceite de oliva agroecológico o las aceitunas negras rellenas de tomates secos, entre otros productos, comenta que “la verdad que no veo qué podríamos estar haciendo las diez familias que estamos directamente relacionadas aquí en el pueblo, si no fuera por la cooperativa; antes de la cooperativa era una situación muy compleja económicamente. Con el paso de los años se muestra como una alternativa real de trabajo”.

Mientras que, por su parte, Alexis Rodríguez, productor apícola perteneciente a la cooperativa Sol Sampedrino –que junto a otras 14 cooperativas realizaron un trabajo de integración de donde surgió la marca colectiva FECOAPI (Federación de Cooperativas Apícolas)–, comenta que “un apicultor solo no alcanza para generar actividad y alcanzar una rentabilidad, y junto a otros pares podemos llegar a lograr unidades económicas rentables a través de una cooperativa y entre las cooperativas generamos cuestiones que ayudan y fortalecen al objeto de cada cooperativa a través de la Federación”.

El trabajo cooperativo no solo propone un cambio de paradigma económico sino en cuanto a la posibilidad de un desarrollo sostenible, dado que, como cuenta Alexis Rodríguez, “la miel es un producto de excelencia desde el punto de vista agroecológico. Somos ciento por ciento amigable con el ambiente, es más somos custodios de la biodiversidad por cultivar abejas. Entonces, al comprar un frasco de miel, estamos ayudando a un apicultor a que siga con su actividad y esa actividad indirectamente está ayudando a la biodiversidad, a que sigan existiendo semillas, frutas y verduras para nuestro consumo, gracias al silencioso e importantísimo labor que tienen las abejas en la faz de la tierra como es la polinización de los cultivos”.

 

Una economía para la vida

Es así como aceites y aceitunas agroecológicos de Santa Fe, Córdoba o La Rioja disputan el sentido a un sistema productivo basado en la concepción de los alimentos como comoditys; o bien, mermeladas de Tucumán, Gualeguaychú, Mercedes, Villa La Angostura y Cipoletti, junto con miel de Corrientes, Río Negro y San Pedro van a contramano de la ampliación de la frontera agrícola a través de desmontes, incendios, represión y desalojo de comunidades nativasusurpación de territorios por parte de  empresas transnacionales, fumigaciones masivas con agrotóxicos y desertificación de los suelos. Así también es como yerbas mate de Misiones, alfajores artesanales de la Patagonia, Jujuy o Buenos Aires, quesos de Entre Ríos o berenjenas en escabeche de Mendoza son un testimonio de que es posible producir y consumir por fuera de la lógica del capitalismo como religión, con sus rituales diarios de una economía especulativa, extractivismo y egoísmo empresarial.

Aceites y aceitunas agroecológicas de Santa Fe, Córdoba o La Rioja disputan el sentido a un sistema productivo basado en la concepción de los alimentos como comoditys

De esta manera, ingresar al local de comercialización de la economía cooperativa, popular, social y solidaria de Huvaití y Alimentos Cooperativos, ya con más de un año de vida en el barrio porteño de Monserrat, es ante todo adentrarse en un universo infinito de prácticas, conocimientos, trabajos e historias de quienes apuestan a vivir y producir colectivamente alimentos sanos en los más variados territorios, geografías y paisajes de nuestro país. Parafraseando a Osvaldo Bayer y a Arbolito, se trata de un camino de aprendizaje que es preciso sembrar y con un claro proyecto político que se sostiene sobre los fundamentos del bien común, de una economía equitativa, del cuidado de la Tierra, de la dignidad pensada como el acceso real a los derechos humanos y de la utopía emancipatoria de otra vida posible aquí y ahora.