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“Peleamos por el oro más preciado: el agua”

por Revista Cítrica
Fotos: Susi Maresca
02 de agosto de 2022

Raúl Barrionuevo apareció en miles de pantallas cuando el poder represivo de las mineras lo dejó tirado en el piso mientras la Policía reprimía a la comunidad de Choya (Andalgalá, Catamarca), que sostiene un bloqueo para defender el agua y el territorio. Aquí su historia de vida y los motivos de su lucha.

Por Raúl Barrionuevo, vecino de Choya (Andalgalá, Catamarca) organizado en defensa del territorio contra el avance de la megaminería.


Así como los libros no muerden, Google tampoco muerde. Hay que googlear, averiguar lo que está pasando en Andalgalá. Estamos sufriendo el atropello del poder político, se llenan de plata a cambio del desastre que le generan al pueblo. Se la consideraba “La Perla del Oeste” a Andalgalá, exportaba más de un millón de cabezas de ganado a Chile. Era un pueblo rico en producción de ovejas, de lana, de cabras. Acá tenemos el mejor membrillo del país, también se cosechaban uvas, florecía la industria vitivinícola, además de la producción de aceitunas. 

Todo eso se fue perdiendo, en un momento se prohibió la exportación de ganado desde Andalgalá, se cerraron las bodegas. Han ido destruyendo todo el trabajo y los emprendimientos industriales. ¿Saben para qué? Para convertirnos en un departamento minero. Hicieron todo eso para justificar la minería.

Yo tengo 74 años. Por una intoxicación de chico que me afectó las córneas perdí la visión. Nací y me crié en Choya, estuve varios años en Buenos Aires y después volví. Compré una chacra en Choya y armé mi finca con todo tipo de plantas. Produzco membrillos, nueces, ciruelas, aceitunas, muchos duraznos y todo tipo de frutas. Si avanza la megaminería y nos quedamos sin agua, es el fin del pueblo.

En marzo de 2022, cuando empezaron a trabajar en el río Choya, nos descompusimos muchas personas y pensamos que teníamos coronavirus. Hice el aislamiento por siete días y me dijeron que podía salir porque no tenía coronavirus. En el hospital me dijeron que mucha gente del pueblo había venido con síntomas, pero no era coronavirus. “No tomen agua del río”, fue la advertencia. Niños y adultos con problemas hepáticos o estomacales, yo nunca tuve problemas así y me agarró colitis. 

Entonces nosotros decidimos que íbamos a impedir que trabajen en las márgenes del río Choya. En el hospital no denuncian porque la empresa minera les provee los insumos para el funcionamiento. El Gobierno lo hace a propósito, delega para que dependamos de la minera.
Nosotros estamos tratando de que la empresa no avance. Impedimos que suban. Estamos a 1.500 metros de altura en el corte, con 20 grados bajo cero en invierno. Es una zona muy elevada donde han hecho las antenas repetidoras de televisión.

Esa propiedad es de una señora de Choya que nos dio autorización para acampar allí. La minera pasa por un camino que la señora hizo para el acceso a las antenas. En el cerro hay temperaturas de 20 grados bajo cero, pero nosotros estamos aclimatados. Hemos hecho un refugio de piedra, donde hacemos fuego a la noche y después tenemos frazadas y colchones que nos han dado los vecinos.

Para cortar el paso hacemos barricadas, ponemos piedras. Cuando ellos quieren pasar traen topadoras y muchísimos policías, hemos llegado a contar más de 70. En las últimas avanzadas que hicieron había policías de uniforme, una escribana y también policías de civil apuntándonos con armas. Nosotros solemos ser 20 o 30, pero los policías vienen de a 70 u 80, todos armados. No hay forma de enfrentarlos, pero nosotros no somos violentos, lo que queremos es que no pasen las máquinas ni los camiones con combustible para que nos sigan destruyendo.

Yo estoy en los cerros desde el 2 de abril y a veces bajo para hablar en las caminatas, porque en Andalgalá caminamos todos los sábados, aunque llueva o caigan piedras, haga calor o frío. Nosotros caminamos y gritamos en la plaza que se vaya la minera. Llevamos más de 650 caminatas, después de las Madres de Plaza de Mayo somos la manifestación de a pie más antigua que hay en el país.

El 14 de julio quise impedir que suba una topadora y me puse adelante. Me tiraron al piso, pasaron por encima de mí. Fue un momento muy duro. Eso había sido filmado y se viralizó. Estamos convencidos de que vamos a torcerles la mano, porque esto no se sabía en el país y se empezó a saber. 

Todo lo que hacemos nosotros ha servido para que vengan organismos de derechos humanos, porque políticamente está perjudicando al poder político actual. Nos visitó una delegación en la que participó el Servicio de Paz y Justicia de Adolfo Pérez Esquivel, el Premio Nobel de la Paz. Se han comenzado a despertar por el ruido que genera en las redes. Las redes no las pueden controlar; por más que nos saquen internet, se filtra. Es la única herramienta que tenemos.

Los intereses económicos detrás del proyecto MARA los conocemos: Yamana Gold, Glencore... Son las empresas mineras más grandes del mundo. Hace 4 años que Glencore hizo un balance y le daba 290 mil millones de dólares de ganancias. Informaban que tenían la flota naval de transporte más grande del mundo, ¡más que la flota naval inglesa! Tienen un poder inmenso y en estos momentos que Argentina está muy mal no solo políticamente, pretenden llevar adelante todo tipo de emprendimientos.

Cuando empezamos con el acampe, enseguida empezaron las obras públicas: asfaltan caminos, anuncian una nueva ruta, se ponen a trabajar en canales que ya estaban bien hechos, hasta van a techar un cancha de fútbol... Todas estas obras son para ganarse a la gente, porque les dan algún trabajito a las personas. De golpe, Choya se convirtió en el lugar que más trabajo tiene. Somos unas 400 personas las que vivimos acá ahora.

Nosotros no peleamos por oro, sino por el oro más preciado: el agua. Si no hay agua, no hay vida, es la fuente de vida. Queremos eso para seguir trabajando y para seguir viviendo. Cuando nacimos teníamos una tierra sana, un paisaje hermoso para el turismo. En todos los países donde hay paisajes como los que tiene Catamarca, el turismo es un fuente de ingresos.

Tenemos que mirar lo que pasó en Jáchal, San Juan, que era una zona donde se producía y se exportaba ajo, cebolla, tomate, membrillo. Ahora, por la contaminación, no pueden exportar nada porque los países importadores rechazan esos productos. Hasta que tienen que tomar agua de bidones porque el agua de allá está contaminada. Eso mismo nos va a pasar a nosotros si seguimos este camino.

En Andalgalá hay productores que tenían 6 hectáreas y ahora no les llega el agua para una hectárea, y eso que aún no está abierto el emprendimiento; según ellos están en etapa exploratoria, pero ya están extrayendo mineral. No lo dicen pero están cargándolos en bolsas gigantes y se los llevan. No les interesa todo el lío que nosotros hacemos porque tienen el poder político y jurídico a su favor. 

El intendente de Andalgalá pidió el desafuero del fiscal Martín Camps. Nosotros hacemos denuncias, pero el fiscal federal Gustavo Gómez, de Tucumán, nos dijo que Andalgalá no tiene una sola denuncia penal a la minera. ¿Cómo puede ser que tenemos denuncias y denuncias que hicimos y encajonan en Andalgalá y no pasan? Gómez dio una disertación y nos informó que no hay ni una sola denuncia penal nuestra contra la minera. Desde antes de 2010 Andalgalá está luchando contra la minera.

Hace dos años, en plena pandemia, el gobernador Raúl Jalil logró voltear el sistema jurídico de Catamarca y mandó de prepo, aprovechando la pandemia, todas las máquinas para que vayan a trabajar al cerro Aconquija. Estamos en un momento muy difícil por el riesgo que genera un emprendimiento que es más de tres veces el tamaño de La Alumbrera, que ya dejó un pueblo desértico, a 8 km, que se llama Vis-Vis. Las aguas de su río están totalmente contaminadas.

La Alumbrera, la mina a cielo abierto más grande de Sudamérica, contaminó todo con un mineraloducto que llegaba hasta Tucumán. Todos los pueblos por donde pasa ese mineraloducto fueron contaminados, está comprobado internacionalmente. Catamarca es considerada una de las provincias más pobres. Con Alumbrera, se decía en los 90, Andalgalá se iba a convertir en la Miami de Sudamérica. 

La minera ya se fue, cerró y lo único que quedó es un dique de cola contaminante, un cráter de más de mil metros de profundidad y dos kilómetros de diámetro de ancho. Es un cráter llenándose de agua y contaminando todas las napas de agua, está probado. Están contaminadas hasta las aguas de La Rioja, pero las mineras pueden tapar todo. Estas empresas todo lo ocultan y lo callan, porque corrompen, son fuentes de corrupción de los entes políticos y jurídicos y también de los medios masivos de comunicación. Por eso nunca se sabe lo que sucede en estos lugares. 

Yo quiero seguir viviendo acá. No me voy a ir, yo tengo mi finca. Ahora nos andan diciendo que nos van a trasladar a un lugar que se llama La Isla, cerca del Salar de Pipanaco, y que allí nos van a hacer un barrio y a dar una casita. ¿Quién me va a dar una finca, unos frutales como los que tengo acá? Tengo avellanas, almendros, castañas... ¿quién me va a dar eso? 
Yo quiero seguir viviendo aquí, no me voy a ir... ellos se tienen que ir. Es la lucha que hemos emprendido los vecinos de Choya y de Andalgalá.