Abusos en el yoga: “Salir de la secta me costó dos años de tortuosa angustia”

por Revista Cítrica
27 de octubre de 2020

Fernando Estévez Griego, conocido como Swami Maitreyananda, su nombre espiritual, es uno de los gurúes de yoga reconocido a nivel mundial. A partir del 2011 ex alumnas comenzaron a denunciarlo por abuso sexual, manipulación y violencia. Este es el relato de una de ellas.  

*Por Nicole desde Chile

Yo sufrí violencia de muchas índoles por un "maestro de Yoga" que se hace llamar Swami Maitreyananda. Voy a contar una experiencia muy personal y dolorosa y espero que sirva para alertar a la comunidad sobre un violador suelto bajo una máscara de “líder espiritual”. 

Hace años participé de una secta. Fue sin querer, sin saber. Era bastante joven y tenía mucho idealismo sobre la difusión de las técnicas de Yoga y autoconocimiento como bien común. En ese entonces fui a parar a un organismo llamado Federación Internacional de Yoga, dirigido por Fernando Estevez Griego llamado “Swami Maitreyananda” de nacionalidad uruguaya, quien trabaja con su esposa argentina, Eugenia Salas o “Mataji Lakshmi Devi”, cómplice de todo lo que sucede dentro de la organización. 

Este señor me hizo sentir por años “apego seguro” a tal punto que, para mí, era de mayor confianza que mis propios padres. Después de años de cariño, un día, el “Gurú” con la excusa de enseñarme Tantra y estando yo en un estado de bastante vulnerabilidad (había vivido algo fuerte emocionalmente) abusó sexualmente de mí.  Me iba a enseñar masaje tántrico. No me alcancé a percatar del momento en que se sacó la ropa y se montó encima de mí, buscando penetrarme. Mi cuerpa, cargada de traumas, lo sacó de encima de mí con violencia. Fernando se enojó y me trató muy mal, buscando convencerme de que yo estaba mal de la cabeza, que tenía problemas de represión sexual y que jamás iba a entender el tantra con esa actitud. Me generó demasiado desequilibrio ese hecho.

Desde allí en adelante, todo se volvió un infierno ya que empezó a hacer cosas para controlarme de forma inimaginables. Mi perspectiva de esta organización cambió y comencé a ver de a poco lo que pasaba: trataban mal a la gente afiliada, existían extorsiones y maltrato psicológico, chantaje, compromisos de lealtad hacia la organización con la consigna “si estudias yoga con otra institución, te quitamos los títulos”. 

Abrí los ojos y presencié que todo lo que viví era una ilusión al servicio de los deseos de Fernando y Eugenia. En ese momento, Eugenia asumió la dirección de la Federación Internacional de Yoga y empezó a dar indicaciones absurdas a las personas certificadas (no se puede tener tatuajes, piercings, tomar vino, ni tener otro oficio, que en mi caso era la música, y así un sinfín de estupideces) que, a mi parecer, ahora, estaban nada más tratando de “demostrar poder”. 

Desde que di indicios de mi retiro, empezaron a amenazarme constantemente y se relacionaban manipuladoramente con toda la gente que tenía cerca en ese momento generándome “temor” de que las represalian lleguen a mis seres queridos. Y eso hicieron… también acosaron y agredieron a mis seres queridos y les pido perdón por ello. Yo tampoco les podía contar detalles. No podía asumir tanto caos en mi cabeza. Se vanagloriaban del poder que tenían y estaban en constante amenaza pasivo/agresiva. 

Antes del hecho de abuso sexual, yo estaba en una especie de encantamiento y confianza plena en “mi maestro” y su esposa Eugenia. Para mí, Fernando Estevez era como un padre y la verdad es que yo lo amaba. Debo decir que en algún momento supe que había denuncias de abuso y yo abordé el tema abiertamente. Fernando Estevez y Eugenia Salas me explicaron y convencieron de que esa era la única forma de desprestigiar a un gran maestro como él y que leyera los juicios si es que dudaba. En esas publicaciones se señalaba que había denunciantes que nunca habían tenido relación con él, es decir, no se podía comprobar que alguna vez se hubiesen visto o estado en el mismo lugar físico. Y yo, ingenua y con mi feminismo demasiado incipiente en ese momento, le creí. Cómo no creerle si nunca había tenido ningún tipo de insinuación conmigo ni con nadie de mis cercanas y era un padre para mí. Por lo demás, estoy segura de que lo que leí, estaba absolutamente manejado por ellxs. 

Les pido perdón a ustedes por no creer en los relatos de esas mujeres. Yo estoy en proceso de perdonarme. Nunca más volví a dudar del relato de una mujer, aunque no la conozca.  

Salir de esa secta me costó prácticamente dos años de tortuosa angustia, llena de amenazas telefónicas, por WhatsApp, por Facebook, porque después de mi retiro, siguieron acosándome. Siempre que tuve un grupo para hacer clases, ellos lograron intervenir en mi vida, a través del séquito de personas que tienen en Chile que son muchas: buscaban a mis estudiantes por teléfono, les escribían por WhatsApp o Facebook, diciendo a las estudiantes que yo era una persona muy peligrosa y que no se me acerquen, tratando de alejar a todas las personas de mí.

Existió manipulación también para dañar a mis seres queridos de diferentes formas. Esa fue la estrategia que usaron por meses para “aislarme” y callarme, lo cual funcionó en cierta medida. Solo quería saltar la página y seguir mi vida. Sin embargo, siempre tuve a mi gente cercana, mi grupo de colegas que, sin entender mucho, me apoyaron (y apoyan) con mucha paciencia y amor. Y les agradezco tanto ya que en ese momento no tenía tanta claridad para contar lo que hoy cuento y estuve varios meses como en “piloto automático”.  

Salir de esta secta y visibilizar mi dolor a través de mi “funa (repudio público) sin nombres” me trajo más problemas y amenazas, seguidas de los juicios de personas que no me conocen y se creen con el derecho a decirme que no puedo equivocarme y que la culpa fue mía. Me agredieron muchas personas defendiendo a estas dos personas y desde perfiles falsos también. La Federación Internacional de Yoga, al otro día de mi funa sacó una declaración de las penas que implica funar a alguien por violación en Chile, a tono de amenaza indirecta. 

Además, hay un sinfín de hechos perversos en cuanto a manipulaciones relacionadas al dinero que no describiré acá porque no terminaría nunca este escrito. Fernando Estevez y Eugenia Salas tienen mucha influencia en mucha gente y manipulan a diestra y siniestra a nivel internacional.

Después de bastante tiempo, tengo el espíritu nuevamente lleno de ímpetu para volver a visibilizar, esta vez con nombre y apellido y dispuesta a las represalias, porque no quiero que a ninguna persona más le pase lo que a muchas nos pasó. Me duele en el alma saber que fui parte de algo tan tóxico y que va en contra de mi sentir profundo: lamento no haber tenido las herramientas para ver con objetividad las cosas. Lo lamento por mí y por toda la gente a la cual vinculé con esos tiranos. 

Cada día tengo más claridad de que viví el abuso de dos personas que saben perfectamente lo que están haciendo. Ellos cuentan con información suficiente de la mente humana y otras muchas cosas como para hacer y deshacer con la vida y la integridad de las personas, aprovechándose del amor y el idealismo, sobre todo de la gente joven, para sacar provecho de muchas formas.

Actualmente, luego de bastante terapia, feminismo y mucho amor de mi gente cercana, estoy segura de que este relato puede ayudar a parar esta situación a pesar de toda la “mierda” que me pueda llegar de vuelta. Confío en el feminismo y en mi intención genuina de exponer una situación que nos ha pasado a muchas y que sigue pasando, no solo con Fernando Estevez y Eugenia Salas, sino en muchos contextos de la misma índole.  

He escuchado muchas historias de este tipo entre mis amigas, familiares y estudiantes y no quiero sentirme cómplice de que esto siga pasando. Por lo demás, siento que el mundo del autoconocimiento tiene cosas maravillosas que pueden aportar a la salud mental, emocional y colectiva de nuestra sociedad y este tipo de personas tiñen todo con sus abusos y tiranía. 

Pido por favor, difundir esta información con quién crea necesario. Si alguna lectora ha vivido algo similar, puede contactarme a isabela.lavida@gmail.com

 

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