Nora Cortiñas: “Siempre estaré donde haya que estar”

por Mariana Aquino
Fotos: Vicky Cuomo
22 de marzo de 2020

Norita asegura que todo lo que sabe lo aprendió de Gustavo, su hijo desaparecido en 1977. Denuncia que las fuerzas represivas de la dictadura siguen funcionando en democracia y apuesta a las nuevas generaciones. “Yo creo en la juventud. No todo está podrido”.

Ella es “la madre de todas las batallas”. Pero antes de ganar ese apodo fue madre de Marcelo y de Gustavo. Antes, cuando estaba en su casa y daba clases de costura, no se esperaba la militancia callejera que hoy la caracteriza. Todo le llegó. Ella parió a Gustavo dos años después de casarse con Carlos, en 1952; y el 15 de abril de 1977 Gustavo la parió a ella, en la lucha.Y empezó una búsqueda que sigue hasta hoy. “Ese día me pasó un tsunami por encima y acá estamos”, dice cuando habla de él. Y nunca más paró. Nos preguntamos cómo hace para estar en todos lados y ella nos cuenta: “Estoy donde siento que tengo que estar, no voy para la foto. Y es cierto que no paro nunca”.

La cita, que nos costó meses lograr, es en la casa de las Madres- Línea Fundadora en el barrio de Monserrat. Ella llega tarde pero con buenas excusas y una sonrisa que lo puede todo. Su camisa es tan blanca como el pañuelo que lleva en la mano ahora, preparado para el momento de la foto. ¿Cuántas veces la viste sin su pañuelo en la cabeza? Seguro muy pocas. Es coqueta, está impecable, con un bolso verde aborto, donde lleva de todo. Salió temprano de Castelar y piensa quedarse por el centro todo el día. 

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De una familia “pequeña burguesa”, poco politizada, a ella, una ama de casa que sabía de costura y cuidaba de sus dos hijos, un día la vida le cambió para siempre. Y con el tiempo, cambió la nuestra también.  

Nos regala una hora y media de su día, que tiene más de 24 horas. Es que Norita puede estar a la mañana en una movilización en Congreso, a la tarde con los mineros en Río Turbio y a la noche darse una vuelta por la marcha de No A la Mina en San Juan o en defensa del agua en Mendoza. Si no transita Buenos Aires por algunos días, tal vez esté de viaje: por Santiago de Chile, para ver cómo el pueblo se rebela ante 30 años de opresión o aprendiendo de las mujeres kurdas en la otra punta del planeta. 

—¿Cómo hacés, Norita, para estar en todos lados, al frente de cada lucha que te parece justa?
—Y andando, siempre andando. Estoy donde siento que tengo que estar, no voy para la foto. Y no paro nunca. Miro la agenda para ver qué puedo dejar, y no. No se puede dejar nada. Hay cosas que no se pueden dejar... La gente te espera, está ilusionada. Así que todo lo que se pueda se hace. Están las obligaciones y también lo afectivo. Hay gente que se reúne porque está celebrando algo y me invita, y yo pienso: ‘Eso no es parte de la militancia o si…’ Voy igual. El sábado fui al Tasso a ver un espectáculo. Mirá que estaba reventada del viernes de Córdoba de ver a Flavia, que está presa. Fui igual. Y te digo más, no empezaron a tocar los músicos hasta que yo no entré. Iba en el remis y me dicen por teléfono: ´Hasta que no llegues vos, nadie quiere empezar’. La presión que sentí, no sabés. Me gusta recrearme un poco, escuchar música. Y también me gusta estar con mi familia en los almuerzos de domingo. Un poquito de cada cosa tengo que hacer.

Si yo soy la madre de todas las batallas es porque alrededor mío hay gente que está en las batallas también. 

—¿Sentís la presión de ser una referente para muchas y muchos?
—Me siento una referente, sí. Ahora va a venir muy duro todo. Hay cosas malas y cosas buenas. Lo malo nos va a costar decirlo porque enseguida dicen: “A esta troska no le gusta nada”. Pero pasan las dos cosas. Las buenas y las malas. Y hay que decirlas. Que todo sea bueno es raro. El sistema es el sistema, y yo siempre voy a estar parada donde hay que estar. Puedo estar equivocada o no, pero siempre estaré donde hay que estar porque no somos muchos los que estamos.

—¿Y dónde hay que estar, Norita?
—Donde no hay justicia hay que estar para decir que no hay justicia. ¿Qué quiero del presidente, por ejemplo? Que escuche a todo el pueblo. No tal o cual cosa. Que escuche. Toda las cosas que pasan tienen que llegarle con la verdad, no se las tienen que ocultar. Además este no es ningún gil. Es profesor universitario, está en el aula, siempre vivió en el país, sabe lo que pasa acá, allá, en todos lados. 

Foto: Vicky Cuomo

Foto: Vicky Cuomo

—¿Cómo era la vida de tu familia antes de la desaparición de Gustavo?
— Cuando se llevaron a Gustavo yo era una ama de casa que daba clases de costura y se preocupaba por mis hijos varones y por mi marido. Éramos una familia común, pequeña burguesa si se quiere; una familia no politizada para nada, hasta que Gustavo empezó a militar con una compañera que trabaja hace años en las villas. El empezó a ir a la villa 31 todos los fines de semana. En casa no se hablaba de política. Mi marido trabajaba en el Ministerio de Economía; Gustavo también empezó de chico ahí pero después buscó otros trabajos y ya militaba en Montoneros. Y ya había una preocupación distinta, el miedo por su militancia pero interesados por la militancia, compartimos con él sus ideales y sus sueños. 

—¿Cómo una lucha individual se transforma en colectiva?
—Y eso fue de manera espontánea, día por día. En esta Norita que ves ahora me fui transformando en el camino. Gracias a dios en mi entorno tengo a gente que procede bien, gente muy militante, cada uno en su espacio. Si yo soy la madre de todas las batallas es porque alrededor mío hay gente que está en las batallas también. Yo no voy sola a un lado porque se me ocurrió. La gente me dice, me llama. Yo tengo la voluntad de decir que sí donde yo veo una injusticia y me indigna. Y me siento acompañada. 

— ¿Qué aprendiste de Gustavo?
Aprendí de él su gran solidaridad, el mirar para el pueblo; aprendí que en el mundo había gente muy pobre. Yo siempre fui mamando esas cosas porque no soy de una familia rica, pero con Gustavo aprendimos de sus preocupaciones. Nos contaba historias de la villa. Una mujer embarazada no fue atendida en el hospital por no tener 5 pesos para pagar. Aprendimos que había gente pobre que no era escuchada o atendida solo por ser pobre. En mi casa, él mamó la solidaridad porque somos de familia grande y siempre hubo motivos para demostrar la solidaridad. Yo sigo aprendiendo de él y los 30 mil.

— ¿Cómo ves las calles hoy, Norita?
Muy mal está todo. Hoy en el tren, en la estación de Morón, cuando arrancó el tren, vi un hombre metiendo la mano en el basurero; sacó el resto de un yogur bebible de la basura. El señor empezó a chupar eso que sacó de la basura y a mí me dio una tristeza. A esas cosas realmente las vemos con nuestros propios ojos, nadie nos cuenta. En la calle ves todo, cómo la gente busca comida en las quemas, los basurales. Solo en la calle lo ves. Y cuando escucho que los comerciantes argentinos le recargan el 10 por ciento a la gente que tiene tarjeta social, que le exigen que gaste los 4 mil pesos en su comercio, te indignas. Son unos hijos de yuta, la yuta q los parió. ¡Cómo le van a hacer eso a la gente! Yo no puedo concebir que a esa persona que va a ir moderando la plata para llegar a fin de mes le hagan eso. La gente no quiere subsidios, quiere trabajar. Que las fábricas produzcan, porque si no hay producción, no hay trabajo. Yo quiero que este presidente haga, controle, que ponga gente idónea y honesta. Quiero que podamos decirle las cosas al Presidente. Alberto Fernández tiene que escuchar al pueblo.

 —¿Qué lectura hacés de estos tres meses de gobierno?
—Tuve muchas expectativas los primeros días, después decayó. La cosa no es tan como prometieron. Hay muchas condiciones para algunas áreas. Tengo expectativas pero no espero. Yo quiero ver el emprendimiento ya. Es cierto que después del otro gobierno quedó destrozado el país. Hasta el último minuto Macri destrozó todo pero yo no quiero esperar. 
A los gobiernos que hacen las cosas bien hay que reconocerlos, no aplaudirlos. Es su obligación, en lo que corresponde hacer. Yo con este Gobierno voy a ser crítica, reflexiva y voy a decir lo que tenga que decir. Donde haya una injusticia ahí estaré. 
Este gobierno es kirchnerista, yo no. Pero eso no quiere decir que yo no voy a ir a golpear todas las puertas. No fui con el macrismo, pero con Alberto todo. Le voy a golpear las puertas siempre que deba hacerlo.

Norita con la juventud, las pibas y la exigencia de aborto legal, seguro y gratuito. Foto: Vicky Cuomo

Norita con la juventud, las pibas y la exigencia de aborto legal, seguro y gratuito. Foto: Vicky Cuomo

—Ustedes, las Madres y las Abuelas, mantuvieron las banderas de los 30 mil y sembraron el ejemplo para las nuevas generaciones. ¿Te da esperanza esta juventud?
 La juventud quiere hacer las cosas bien, no hay que usarla para fines políticos que no son los que nos van a hacer salir adelante. Ellos sí tienen que hacer política pero no en los espacios donde vean que se desvirtúan sus principios. Sí que puedan trabajar de lo que les gusta y militar donde ellos eligen, pero siempre tienen que saber que es donde están sus principios. Yo creo en la juventud. Siento que les transmito lo que aprendí, lo que tengo de voluntad y principios. ¿Y cómo mantenerlos? Cada vez que puedo les digo: no haciendo partidismo y fanatismo. Se puede mantener la independencia pero hay que decidirse a qué hacer y qué no. Cuando elegís es porque creés que en ese espacio la gente procede bien. Hay mucho por hacer. No todo está podrido. Veo que las chicas jóvenes están más unidas a sus madres por la lucha de los pañuelos verdes, veo que hay cada vez más gente  que se preocupa por los pueblos originarios. Conozco a muchos estudiantes que van a trabajar con las comunidades indígenas. Porque los pueblos, que siempre estuvieron muy aislados, necesitan que les pregunten qué les falta. A veces hasta el agua les falta. Hay referentes jóvenes que van surgiendo pero tienen que estar firmes en sus principios. No sé qué va a pasar con la gente que nombraron en Derechos Humanos, que eran antes militantes, espero que sigan siéndolo siempre, más allá de un cargo político. Pero recomponer el tejido social será más difícil que recuperar los trabajos perdidos en estos últimos años. 

—Vos acompañás muchos de los reclamos de los pueblos originarios…
Sí, estoy en contra de la minería, a favor del agua, del territorio. El modo de ayudar es por ese camino. Mendoza, que es una población que yo creía más elitista, salió a la calle y contradijo hasta al propio Presidente. El pueblo dijo no, hasta acá. Eso nos llena de esperanza. 

Norita siempre presente en las marchas por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Foto: Viojf

Norita siempre presente en las marchas por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Foto: Viojf

—¿Qué hay que hacer con la deuda externa?
—La deuda primero tiene que ser investigada, estudiada. Antes de ser pagada, hay que investigar todo lo que firmó Macrí. ¿Cómo lo firmó? ¿A qué nos comprometimos? Tenemos que reponernos de 4 años de un gobierno hipócrita que destruyó todo lo que era para el pueblo. Esta deuda infame, odiosa, nos ofende como argentinos y argentinas. Porque el pago de la deuda no va a ser con el hambre del pueblo. Como pueblo tenemos que estar siempre atento a nuestros gobernantes. Siempre tenemos derecho al reclamo en la calle.

— Hay que estar en la calle siempre...
—Soy una callejera. La gente tiene miedo y no se politiza. No quiere salir más a la calle. Nos falta mucho para recuperar a una parte del pueblo que ahora tiene miedo. La gente tiene que saber lo que pasa y salir a las calles cuando sea necesario. Lo que pasa es que cada vez hay más inhumanidad en la humanidad. Naturalizamos la violencia. Vi escenas terribles en Chile. No es natural torturar, matar, como lo están haciendo. No es natural lo que pasó con esos chicos en Villa Gesell. Nunca la violencia tiene que ser natural. Yo no me acostumbro a eso. Ahora tenemos que hacernos a la idea de que desde el pequeño lugar que nos toca hay que apoyar los emprendimientos de vecinos, las obras solidarias en los barrios. Hay muchos y muy buenos. Hay que fortalecer esas experiencias pero no es fácil porque también se necesitan políticas para generar trabajo, no limosnas del Estado. La gente no quiere vivir de arriba, quiere trabajar. 

— Y en Derechos Humanos, la deuda sigue...
—Lo que pasó con Santiago Maldonado y con Rafita Nahuel demuestran que nos falta mucho. El periodista Andrade mintió tanto sobre el caso de Santiago, dijo tantas cosas hirientes y falsas que la familia Maldonado tiene que hacerle juicio por eso. Ese es un canalla, no un periodista. Lo escuché hace poco en una entrevista radial y no lo podía creer. Nombraba lugares donde yo estuve, con mis propios ojos vi el lugar, sé que él miente. Él dice que siempre estuvo Santiago en el agua. ¡Qué mentiroso! Y es increible que haya gente que apoye esas palabras sabiendo que es mentira. 

De acuerdo al gobierno que toque se ve quiénes pueden salir y quiénes no. Hasta en Página 12 pasa, eh. Cuando la orden viene de arriba, se pueden callar a ciertas voces

—¿En cierto punto pensás que en democracia se repiten los mecanismos de la dictadura?
—Sin dudas. A mi me asusta un poco porque con lo de Rafael Nahuel se reprodujo tal cual lo que pasaba en dictadura. Lo mataron por la espalda cuando fue a recoger el cuerpo del compañero. Sumado a que por ser pobre y originario fue perseguido y no se supo mucho de su caso y no tiene la trascendencia que tendría que tener. Hay que seguir machacando con estos casos. Lo mismo con el caso de Luciano Arruga, que también es muy emblemático. La policía que lo quiso obligar a robar, él se negó y lo desaparecieron. Las fuerzas son las mismas. Los que dicen que van a salir a controlar son los mismos que miran para el costado cuando les conviene, y torturan y matan. Estas son las mismas fuerzas de la dictadura. 

—¿ Y cómo ves a los medios de comunicación en este escenario?
—Y ya se vieron algunos casos de censura en democracia, como le pasó a Juan Sasturain hace unos meses. Eso pasa mucho en los medios. De acuerdo al gobierno que toque se ve quiénes pueden salir y quiénes no. Hasta en Página 12 pasa, eh. Cuando la orden viene de arriba, se pueden callar a ciertas voces. Yo en la época del kirchnerismo no aparecía nunca. Solo porque no era kirchnerista, solo por eso. Cada vez tenemos menos medios de los nuestros. Cada vez es más difícil informarse. Por eso siempre digo, escuchen radios comunitarias, lean medios cooperativos.  

—¿No abandonar la lucha es tu fórmula secreta para mantenerte siempre joven?
Siempre me dicen: ¡Qué bien estás!, y yo pienso: ‘Pero la pucha, si ya estoy grande. Ya no me siento como cuando tenía 70, ni 85. Mirá lo que te digo. Cumplo 90, no lo puedo creer. Con 90 años voy a seguir insistiendo con que abran los archivos, voy a seguir luchando por toda la verdad y la justicia. Pero también pienso cada mañana: ¿Qué querían mi hijo y los 30 mil? Y no me conformo con la verdad y la justicia en lo personal. Quiero que los sueños de antes y los de ahora se cumplan. No son muy diferentes, no es distinto lo que pedían los jóvenes de los 70 y los de ahora: justicia social. Eso no es nada extraordinario, lo que pasa que el país está muy mal. La gente no tiene para comer, no tiene para darle nada de comer a sus hijos, en el Norte se mueren los chicos desnutridos. Nos falta mucho, tenemos que seguir esta lucha para que estas injusticias se terminen. Así que por ahora no voy a parar. 

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Su vida es así, un tsunami que no se detiene. En el medio de la entrevista recordó que los lunes está su doctora de cabecera en el consultorio; la llamó y con ternura le rogó un sobreturno. ¿Quién podría negarse? En media hora tiene que estar allí. Nuestra visita termina con una serie de momentos que atesoraremos de por vida. Le enseñamos a sacar el modo selfie de su celular, nos regaló unos pins de Madres, nos obligó a prometerle que iremos los jueves a la Plaza y la acompañamos a tomarse un taxi. Pero antes de salir se detiene y dice: “Estas medias no las tengo que usar más, siempre me olvido. Me las voy a bajar un poco, que me cortan la circulación. Si voy así, la doctora me meta”. Eso dice. 

Y ahora confío en que quien llegue hasta el final de esta entrevista imagine su voz y su amor militante detrás de esas palabras de abuela, de madre de todas las batallas; y sonrío también.
 

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