“Antes no había lugar para las historias de mujeres”

por Estefania Santoro
Fotos: Vicky Cuomo
17 de enero de 2020

Según la crítica especializada, Gabriela Cabezón Cámara es escritora de literatura queer. Habla sobre sus novelas, el protagonismo de las mujeres y la exploración de los mundos no heteronormados. Su visión sobre el nuevo gobierno y la importancia de estar alerta aún cuando lo que viene no puede ser peor de lo que se fue.

Las ficciones de Gabriela Cabezón Cámara son viscerales. Escribe con la fuerza que adquieren sus personajes que transgreden y desafían normas, resisten, sobreviven y construyen otros mundos posibles. Sus novelas sumergen a lxs lectorxs en un mundo imposible de cerrar una vez abierto. Escritura viva. Algunas de sus ficciones exhiben encantadores paisajes naturales y a otras las invade el más temible de los infiernos, mundos poco narrados. En Gabriela también encontramos a la novela como denuncia social, la escritura para dar cuenta del horror, una literatura que llega hasta las tripas con una cadencia que no te da respiro.

Desde las afueras de La Plata donde todo huele a verde, Gabriela nos recibe con una sonrisa de oreja a oreja. Abre una tranquera brillosa, todavía con olor a barniz, con cuidado para que sus seis perritos rescatados de la calle no escapen. Mientras tomamos mate y los amigos caninos nos besan, hablamos sobre las protagonistas de sus novelas. “No escribo sabiendo porqué, es algo que me sale, me interesan más en general las historias de mujeres, me interpelan más. Están menos contadas, hay menos escrito sobre ellas porque antes no había lugar, no le interesaba a nadie. Todo lo que tenía que ver con las mujeres era un género menor, o era novela rosa. Ahora hay un espacio en el mundo para que esas historias tengan importancia”.

—¿Qué importancia le das a los amores no heteronormados que aparecen en tus novelas? ¿Alguna vez sentiste que la crítica literaria los dejó de lado?
—No, al contrario, a la crítica le encanta poner etiquetas. “Literatura queer” es la primera que me ponen; no me molesta. Lo no heteronormado es mi vida, no vivo una vida heterosexual y me gusta pensar esos otros mundos, otras maneras de vincularse, otras redes afectivas. No es que soy una persona poliamorosa, me interesa pensar el amor, otras formas de familia, cómo nos organizamos incluso dentro del mundo heterosexual, que lo pienso menos por una cuestión biográfica, porque me interpela menos, pero si me alcanza la cabeza para pensar que la pareja de dos, con los niños, cerrada, en una casa no es buena ni para los dos, ni para los niños. Poder pensar la crianza de niños comunitariamente sería mejor para todes, sería muy liberador. Seis de cada 10 pibes padecen maltrato en la casa, probablemente si estas otras formas se pudieran pensar bien eso no pasaría o pasaría menos, porque habría otra gente dando vueltas y la gente se volvería menos loca porque no estaría trabajando 10 horas y después haciéndose cargo de los pibes.

“No tengo una tesis de por qué escribo lo que escribo. Me pasa, me gusta pensar cómo salir de ese lugar tradicional de la mujer”

—Tu novela “Le viste la cara a Dios” donde retratas el calvario de una mujer que es captada por una red de trata tiene un fuerte tono de denuncia social. ¿La escribiste con esa intención?
—Sí, esa novela es arte político a mi humilde criterio, no podría escribir sobre la trata y el mundo prostibulario como cualquier cosa. No estoy hablando de una chica que va a la universidad y se garcha a tres tipos por mes para vivir, estoy hablando de la vida prostibularia de las mayorías, es un fenómeno concentracionario, porque si bien no es algo que hace directamente el Estado, el Estado lucra con eso porque lucra la cana, el Poder Ejecutivo y me parece que no puede no ser denuncia, es denuncia. Cuando fue escrito ese libro estábamos en un período en que toda la cuestión de los derechos humanos tenía mucho peso y a mí me parece fantástico y maravilloso eso, pero también tienen derechos humanos las personas que todavía están vivas y a las que se podría liberar de esos campos de concentración. Pero claro, falta voluntad política. Si los vecinos del barrio saben dónde están los prostíbulos, la cana lo sabe mejor que ellos. Y si no lo saben vayan y averigüen. Ahí hay violencias y crueldades que están naturalizadas, eso no se hace porque a nadie le parece tan urgente.

—¿Cómo construiste ese relato y el horror que vive el personaje?
—Leí mucho. Leí parte de los testimonios que Susana Trimarco iba poniendo en su página web, leí mucha literatura concentracionaria, el Nunca Más cuando salió, Primo Levi. Lo imaginé y lo construí en base a todas esas lecturas, un par de mujeres que estuvieron secuestradas durante la dictadura lo leyeron. Una me dijo “¿cómo sabes?” y la otra me dijo “hija de puta, era así”. De hecho los nombres de los cafishios se parecen a algunos nombres de torturadores de la ESMA, el Cuervo, el Rata. No fue una cosa grata de escribir, el tiempo que estuve escribiendo eso, que no fue mucho, habrán sido seis meses, no fui feliz.

—Las protagonistas de tus novelas descubren que pueden ser libres, que se pueden enamorar de otras mujeres, de travestis y siempre rompen con lo establecido. ¿Todo eso lo premeditás antes de plasmarlo en la escritura?
—No tengo una tesis de por qué escribo lo que escribo. Me pasa, me gusta pensar cómo salir de ese lugar tradicional de la mujer y otros grupos de oprimides. En general, no me interesa tanto la parte de cómo te hacen mierda, sino la parte de cómo nos organizamos para hacer otra cosa con esto. Cómo se sale de la opresión y se construye una vida es una pregunta muy central en mi vida misma. Una cosa linda de escribir que me pasa a mí y a todo el mundo que escribe, es que cuando te sentas a escribir y logras concentrarte realmente hay algo de lo que acontece en ese acto que sos vos y algo que no. La lengua está llena de alteridad, la lengua es una alteridad, es propia y es ajena. Trabajamos con un imaginario que ya está circulado, puede ser que vos le des una constelación nueva, en el sentido de trazar algunas líneas entre algunos puntos, pero los puntos ya están, puede ser que vos asocies de alguna manera novedosa. Y trabajamos con otros discursos, el de la prensa, la música, el cine, la charla con la verdulera, se van trenzando y después está el inconsciente, es toda una complejidad. Políticamente me interesa pensar y ver cómo hacen los grupos oprimidos para organizarse, resistir y no sólo resistir sino construir otra cosa. Cómo nos organizamos económicamente y afectivamente para que no nos aplasten. Eso es lo que me interesa y en este momento en que el capitalismo ya es tan mortal para las personas y para el planeta entero, para el aire que respiramos, para el agua, me parece importantísimo pensar cómo salir de eso.

—¿Qué opinas de aquellxs que llaman progreso a ese capitalismo mortal del que hablas?
—Opino que son unos criminales y que lo saben. Hoy no podés ser un gran productor sojero y no saber que con el glifosato estás matando todo lo que vive en la tierra que sembrás. La estás erosionando y estás matando y enfermando a gente alrededor. Lo saben y se cagan en eso. Estamos en una plutocracia mundial donde tres tipos tienen más guita que 3800 millones de personas. Son megacriminales. Son criminales de un tenor que no había existido antes en el mundo. No sé, los odio.

—¿Qué pensás del final del macrismo y que expectativas tenes para lo que viene?
—El macrismo fue -en términos políticos- lo más horroroso que viví y lo que más sufrimiento me causó. No dejó nada bueno, porque aún Menem, si Macri es Satanás, Menem es Satanás dos, pero Menem desarmó a las fuerzas y les quitó poder, les sacó el servicio militar obligatorio, les quitó presupuesto. El de Macri pensé que iba a ser un gobierno desastroso en términos distributivos porque a eso se dedica, pero no pensé que iban a paralizar toda la economía y, citando a Segato, aplicar toda esa pedagogía de la crueldad. El repliegue final de Macri con Pichetto bolsonarizándose... En la cifra de pobreza, que dicen que es del 40%, jamás se considera el alquiler para definir quién es pobre y quién no. ¿Piensan que los pobres son propietarios? Entonces la pobreza debe ser del 55% porque si a esos ingresos le descontas un alquiler, aunque sea de una pieza, una pensión, no te quedan los números ni para comer. El 27 de octubre, cuando fui a votar, me puse a llorar. Me di cuenta lo que sufrimos con esta gente y eso que a mí no me fue mal, no me beneficiaron, pero tampoco me perjudicaron, o sea tengo que trabajar el doble para vivir, pero toda esa crueldad, toda esa gente en la calle, que no la inventaron ellos, ya estaba, pero la multiplicaron. Rompieron toda noción de empatía, de solidaridad de clase, de amor, de vincularnos afectivamente. Yo espero que a Alberto le vaya bomba, que sea el mejor presidente de la democracia. Vamos a ir viendo porque es muy reciente y porque la política es una red de alianzas y la alianza del peronismo entero es espesa, está Manzur ahí, está Gioja, gente que a mí me parece criminal, pero también están todos los demás. Yo quiero mínimo que se acabe el hambre, que haya educación para todo el mundo y después va haber frentes muy complicados. El frente del extractivismo está muy mal, Vaca Muerta no sirve, es más la inversión que la ganancia que van a sacar y encima van a contaminar todo. La megaminería no sirve, si te da ganancias por 10 te va a dar pérdidas por 100, por todo lo otro que ya no se puede hacer. Donde hubo minería no puede haber agricultura, crianza de animales, turismo, se contamina el agua. Me parece que eso va a ser una batalla a dar. 

 

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