Los cuerpos negados del verano

por Jésica Farías
Fotos: Juan Pablo Barrientos
23 de enero de 2020

Lejos de lo que intentan instalar las revistas de moda y las celebridades, hay una multiplicidad de cuerpos. Sin embargo, muchísimos son tapados, invisibilizados y burlados. ¿Por qué no los vemos en nuestros barrios?¿Por qué esos cuerpos se tapan a pesar del calor porteño? Aquí la realidad junto a personas que desajustan lo establecido de la mejor forma: siendo.

“Apurate y llegá al verano”. “Tenemos todo para que disfrutes el verano”. Cuando apenas suben unos grados de temperatura y el invierno comienza su despedida, nos apabullan con este tipo de publicidades. Como una topadora que avanza y atropella la diversidad, ese mensaje es emitido para todes, aunque apunta particularmente a mujeres y feminidades. En grandes ciudades como Buenos Aires, el mensaje se amplifica. Décadas y décadas y aún siguen horadando nuestras subjetividades: debemos ser flacas, cis, blancas, sin marcas y con tetas, con capacidades plenas y cierta posición social, jóvenes. Y tener un pelazo, pero no tener “pelitos”, claro.

A pesar de las publicidades y su derrotero, al verano llegamos todas las personas que al 21 de diciembre aún respiramos en este hemisferio. Y también las personas gordas: ¿por qué eso jode tanto? “Sé que para muchas personas ésta es una época de mucho sufrimiento, hay una cuestión de vergüenza y de no sentirse parte. Habrá muchas chicas que se van a estar muriendo de calor por no usar una falda o una musculosa porque consideran que sus cuerpos no son aptos para ser mostrados o visibles; que van a rechazar invitaciones a piletas con tal de no ponerse una malla o no sentirse juzgadas”, evalúa Brenda Mato, modelo y activista body positive, movida que alienta a quererse tal cual se es, sin odio ni castigo por desparramar kilos. Otras propuestas son los talleres que desde 2017 se realizan en los Encuentro Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No binaries o Hacer la Vista Gorda, impulsado por Laura Contrera y Nicolás Cuello, ibros como Gorda Vanidosa. Sobre la Gordura en la era del espectáculo, de Lux Moreno, e intervenciones radiales o standaperas de referentes como Bimbo Godoy.

Y a pesar de que todes llegamos al verano, pareciera que zambullirse en un cachito de agua fresca fuera un privilegio solo de un grupo de personas. Lo charlamos con Helena Klachko, actriz, artista y militante por los derechos de las personas trans, que acuerda y recuerda: “La malla era un infierno, si revelaba mucho se me notaba lo que tenía entre las piernas. En fin, una incomodidad terrible. Hace unos años era una piba llena de miedo, que no se quería sacar la remera ni mostrar nada de piel”. Y si bien hoy disfruta en bikini, analiza: “Con respecto al lugar que tenemos las disidencias en esta época, muchas veces es nulo porque el prejuicio de la gente no ayuda, hace que no queramos participar, que nos aislemos y nos tapemos, que censuremos en exceso nuestros cuerpos, cuando deberían comprender que una teta es una teta, y que hay hombres cis con más grasa en el pecho que un varón trans o que hay chicas cis re planas, al igual que mujeres trans”.

“Al verano lo viví siempre como cualquier otra estación del año, con la diferencia de que las violencias y los prejuicios, que están presentes todo el año, parecen estallar y chocar con el aspiracionismo, la cisnorma, el racismo, y la gordofobia de la sociedad argentina. También era el único momento del año en que mi color de piel estaba de moda porque las demás personas aspiraban a tostarse como uno, mientras el resto del año parecía ser algo indeseable”, arranca Lautaro Lure Nehuen Attila, hombre trans. Nunca solo: con acompañamiento de personas que no criticaban los otros cuerpos avanzó contra las imposiciones y continuó siendo. “También –refuerza- agradezco mucho el contacto con el activismo de las personas gordas, discas, afro, racializadxs, trans y no binaries.Creo que estamos en camino a poder transitar esta época del año con más información para poder vivirlo lo más tranquilo posible”.

“En el verano las violencias y los prejuicios, que están presentes todo el año, parecen estallar y chocar con el aspiracionismo, la cisnorma, el racismo, y la gordofobia de la sociedad argentina"

A las piñas también se reprime el derecho a ser y existir: hace unos días a P. y R. –reservan sus nombres por miedo a más violencia– las golpearon con furia en el boliche Uffa Don Ramón de Necochea, en un claro ataque lesbo y trans odiante. En la misma semana, le negaron (sí, así como leen) la entrada a dos varones gays al balneario marplatense Ocean Club de Playa Grande: “Quisieron negar la entrada al balneario a mí y a mi novio diciendo que el día anterior nos habíamos estado besando y que el club era un lugar familiar donde había niños”. Hace dos años, también en Necochea, un operativo policial reprimió las tetas al aire de dos lesbianas.

¿Hasta dónde llega el disciplinamiento de los cuerpos? Hasta la muerte. Así lo demuestra un informe realizado por el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en articulación con la Federación Argentina LGBT y la Defensoría del Pueblo de la Nación, que concluyó que en 2018, "67 personas murieron en Argentina como consecuencia de crímenes de odio basados en la identidad sexual y falta de acceso a derechos básicos”.

Porque no todos los dinosaurios han desaparecido: aún sobreviven periodistas deportivos como Walter Queijeiro, quien agredió a la conductora y actriz Flor de la V con una frase cargada de odio: “Tiene documento y la ley la considera mujer, pero biológicamente es un hombre”. ¿Cómo se enfrentan las violencias? “No hay una receta para escapar de la violencia –comenta Helena–. Todo el año hay cuestiones que se repiten, las personas trans y disidencias fajamos partes de nuestros cuerpos, muchas veces causándonos dolor y hasta lastimándonos; a veces por deseo personal, otras, por el estigma y prejuicio social. Por eso sería bueno que en vez de tomar cualquier comentario como algo malo, nos sentemos y expliquemos, siempre y cuando haya un oído del otro lado, porque lo que le sigue es la violencia. Muchas veces no tenemos salida; corremos riesgos desde el momento en que ponemos un pie fuera de nuestros hogares, y ni te cuento cuando no tenemos uno; o vivimos en la calle. Los clientes, la yuta, todo es señal de daño”.

 

Más frenos al pleno disfrute

¿Cuánto daña no poder acceder a un espacio recreativo? “En la temporada hay un tema: no se nos tiene en cuenta. Y aunque ahora hay algunos avances como rampas o playas inclusivas, falta muchísimo”, ilustra Daniela Aza, licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y activista por los derechos de las personas con discapacidad a través de su perfil @shinebrightamc. Hace una década comenzaron a diseñarse playas inclusivas en Ostende y Monte Hermoso; ahora hay algunas en Villa Gesell, Santa Teresita, Mar del Plata, Mar de Ajó y Necochea; y sillas anfibias en ciertos balnearios de Río Negro y de Santa Fe. Sin embargo, las políticas públicas desarrolladas hasta acá no alcanzan: las barreras no son sólo arquitectónicas.

“Los estereotipos también lo son, y nos afectan aún más a las mujeres. Hay una concepción de belleza muy arraigada, instalada socialmente, que tiene que ver con el ideal de la perfección al cual llegar, que indica que la mujer es normal si tiene un cuerpo bello, esbelto, que camina con dos piernas, que ve, que puede hablar. Entonces hay un ideal de cuerpo que tiende a pensar que las personas con discapacidad no podrían disfrutar del verano. Hay un modelo médico que nos muestra como carentes, en falta. Y eso se muestra aún más en el verano”, explica Daniela. ¿A cuántas personas con discapacidad viste en la playa? ¿Y en las tapas de las revistas? ¿En el bar de moda? ¿En las publicidades de birra? Todo eso nos pregunta. Y aunque le cuesta moverse, no se detiene y entre varias batallas, libró una más: la de los #Probadoresaccesibles. La mecha la encendió la aprobación de la Ley de Talles en noviembre pasado: “Aplaudo ese gran avance y lo tomo como una oportunidad para expresarme sobre un tema tabú: la necesidad que tenemos todas las personas con discapacidad. Porque si bien muchas marcas incorporaron mejoras en sus comercios, muchos otros, grandes y pequeños, me siguen respondiendo no tengo banqueta cuando la pido. Porque los probadores son diminutos, porque no hay cuerpos normales ni probadores normales. Porque también vamos al shoppings y recorremos comercios. Porque también nos gusta probarnos ropa”.

 

¿Estalló el verano?

No tener un mango en vacaciones es, tristemente, una realidad de miles de personas (que no se ajusta solo a la temporada estival). Sobrevivir con lo justo, apretades. No vacacionar cuando la temperatura asciende a más de 40, pero tampoco en otro tramo de los 365 días. Verlo por TV, cuando los móviles desde la playa muestran culos y tetas sin pensar en derechos ni en violencia simbólica. Seguir lo que pasa en La Feliz o Villa Carlos Paz desde el comedor, con el ventilador que más que airear, pegotea. En el Barrio Carlos Gardel, al Oeste del conurbano bonaerense, ahí nomás del desmantelado Hospital Posadas, el calor se pasa entre colonia, talleres y deportes gratuitos; pero también con ganas de irse a refrescar al agua salada o dulce. “Me pesa porque no me gusta, pero así y todo trato de seguir con mi rutina. Y si bien todos los cuerpos tienen lugar en el verano, hay mujeres que se quieran parecer a las modelos porque los medios de comunicación hacen notar más lo estético en esta época”, apunta Silvia Díaz, una de las vecinas. La sacudió la violencia machista pero ahora se empoderó: “Me di cuenta que era mi cuerpo y no necesitaba la aprobación de nadie para ser como quiero”.

Hay una concepción de belleza muy arraigada que tiene que ver con el ideal de la perfección al cual llegar, que indica que la mujer es normal si tiene un cuerpo bello, esbelto, que camina con dos piernas, que ve, que puede hablar.

Cuando googleás “Villa Carlos Gardel”, aparecen noticias, videos e imágenes grises, violentas, de asaltos y megaoperativos. Cuando en el buscador introducís “Barrio Carlos Gardel”, algunas notas hablan de la violencia institucional y del ex intendente de Morón, Ramiro Tagliaferro, en una recorrida. Hablan de seguridad, pero no la de la inseguridad que sienten les vecines cuando el mes está por terminarse. “La economía no me ayuda”, afirma Silvia.

“Esta temporada es una mezcla de emociones, nuestra salud mental se ve tremendamente afectada en éste período”, resume Helena. Y aunque faltan muchas voces en esta nota, las que escuchamos coinciden: al verano, contra los estándares violentos, se llega. Y si es con protector solar, mucho mejor.

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