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“Siento que volví a nacer"

por Mariana Aquino
05 de diciembre de 2017

La vida de Adriana está completa. Ahora tiene la pieza del rompecabezas que le faltaba a su historia: es la hija de Edgardo Roberto Garnier y Violeta Graciela Ortolani, desaparecidxs durante la última dictadura militar. Es la nieta restituida por Abuelas número 126.

El 4 de diciembre quedará en su memoria como el día más largo. Desde que se enteró de su verdadera identidad -pasando por una conferencia de prensa desbordada de cámaras de televisión, el abrazo de las abuelas y las preguntas de periodistas- hasta esta entrevista, todo entra en lo que Adriana califica como “un sueño del que no quiero despertar”.  

No es un sueño. Nunca estuvo más en el camino de la verdad que en este momento. Adriana tiene 40 años y llevaba cinco con preguntas sin respuestas: se miraba al espejo y no sabía a quién se parecía, quién fue su padre y si la quiso, quién fue su madre y si la deseó. Finalmente, hoy se encontró con su historia y con una familia biológica que la buscó durante todos estos años. Ahora quiere dar testimonio para que más personas lleguen a la verdad.

¿Cómo te sentís ahora, con tantos cambios en tan pocas horas?

Siento felicidad y plenitud. Estoy feliz y aliviada por la verdad. Fue hermoso recibir tanto amor de las Abuelas y de la sociedad. Hasta hace 24 horas mi vida era otra. Todos mis interrogantes no tenían respuestas. Me llenaba de angustia pensar que no fui deseada, que mis padres me habían abandonado; mirarme al espejo y no saber a quién me parezco me dolía.

Hace unos años atrás, yo no sabía ni que era hija adoptiva. Hasta mis 35 tenía una vida común y corriente. Y de a poquito se me fue desmoronando todo. Primero se murió mi papá, después mi mamá. Recién ahí me enteré que fui adoptada y de forma ilegal. En ese momento, no tuve dudas de qué hacer: fui a Abuelas. Porque la frutilla del postre era ser hija de desaparecidos. Y lo era. Ahora tengo que reconstruir todo lo que los militares intentaron destruir pero no pudieron.

Cuando mueren mis viejos adoptivos me entero. Mis tías me lo iban a decir de todos modos. Pero respetaron la voluntad de mis viejos y después quisieron decirme la verdad. Mis tías sospechaban que yo podía ser hija de desaparecidos. Una de mis tías decía: ‘mirá si hay una familia que te está esperando’. Y sí, me estaban esperando.

Y finalmente te encontraste con tu identidad…

Sí, y siento que volví a nacer, en cierto punto. Se me completó la vida. No solo encontré la ficha fundamental del rompecabezas, sino que se armó otro rompecabezas con una familia más grande y hermosa. De pensar que fui abandonada, vendida, no deseada, ahora sé que fui una persona deseada, buscada y querida. Se acomodaron las piezas del rompecabezas y apareció la que faltaba.

Antes de conocer tu historia, ¿Qué pensabas de la lucha de las Abuelas?                 

Más allá de mi historia personal, creo que como país no nos merecemos una dictadura. Nunca más tienen que pasar esas cosas. Tenemos que construir un pueblo más unido, más tolerante. Y encontrarnos en las diferencias. No puede ser que porque una piense distinto al resto te desaparezcan o te maten.

Siempre me sensibilizó mucho el tema. Y creo que inconscientemente algo sentía. Siempre tuve la fantasía de algo. Por las fechas y porque mis viejos dudaban en darme algunas respuestas que yo pedía. Pero todo quedaba en el ámbito de la fantasía porque ni siquiera sabía que era adoptada. Mi realidad pasaba por otro lado, con una vida corriente, en pareja, con una familia. Sin embargo la empatía era grande. Cuando veía la restitución de algún nieto me emocionaba de una manera especial.  

¿Recordás algún caso en especial que te haya conmocionado?

Fue muy fuerte cuando encontraron al nieto de Estela. Recuerdo que yo estaba en el supermercado y lo vi en una pantalla gigante. No me olvido más. Me puse tan contenta por Estela, que es un emblema de esta lucha. Desbordaba de alegría con ese encuentro. Mi vieja vivía todavía y yo no tenía idea de mi historia pero estaba re emocionada, como si todo eso me pasara a mí. Y me pasó a mí, ahora.

Hace unos años atrás viste a Ignacio Guido Carlotto Montoya por televisión y hoy estuviste sentada en la casa de las Abuelas dando una conferencia de prensa. ¿Sentís que tu testimonio va a generar conciencia para que aparezcan más nietas y nietos?

Increíble pero real. Y yo tenía que estar porque tenía que llegar hasta el final del camino de búsqueda que inicié.  Quise compartir mi verdad con la sociedad, y sobre todo quiero que esa verdad ayude a los que tienen dudas sobre su identidad y no se animan. Si puedo poner mi granito de arena para encontrar a más nietos, lo voy a hacer.

Ojalá mi experiencia sirva para que otros nietos conozcan la verdad porque la verdad es lo mejor que te puede pasar en la vida. Aunque sea la verdad más dura, te libera y te sana. La verdad cura el alma y te resignifica la vida. Y de eso nunca te podès arrepentir.  Hoy aprendí que siempre la verdad y el amor van a ganarle la batalla al odio.

Ahora tenés una abuela más… ¿ansiosa por conocer a Blanca?

Mi último abuelo murió cuando yo tenía 12 años, es un flash tener una abuela a los 40. Lo veo como un regalo de la vida, un lujo inesperado. Vamos a tener oportunidad de conocernos cuando estemos más tranquilas. Ella es grande, hay que cuidarla. También tengo mi tía del corazón y una familia grande: primos, sobrinitos. Todos ellos me ayudaron mucho cuando me quede sin mamá y sin papá. Hoy mis tías estaban como dos pilares, bancándome.

Por lo que te contaron, ¿hay algun detalle de tu mamá y papá que te haya sorprendido o con el que te sentís identificada?

Viste que una piensa que todo lo que tiene lo incorporó durante su crianza, y no. Algunas cosas heredas. Lamentablemente de ellos no puedo aprender nada porque no los conocí pero me contaron que a mi mamá le gustaba jugar a la pelota, y yo soy re varonera desde siempre. Y de mi papá heredé el amor por los perros. Yo tengo dos que son como mis hijos. Les hablo, me los llevo a todas partes, siempre están conmigo.