Historias recicladas

por Lautaro Romero
Fotos: Rodrigo Ruiz
21 de octubre de 2021

Conocimos el barrio Carlos Gardel, en Morón, donde un grupo de recuperadores urbanos hacen recorridos a diario en busca de materiales reciclables. Son vecinxs y militantes todo terreno que integran cooperativas, luchan por el trabajo digno y transmiten saberes para reducir el daño que le hacemos al planeta.

El barrio Carlos Gardel, que surge hacia fines de los sesenta, durante los tiempos oscuros del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, como parte del Plan Nacional de Erradicación de Villas de Emergencia (PEVE); está compuesto por casas bajas y edificios de hasta tres pisos en tonos crema, amarillo, verde y rosa. 

Es ahí, entre los monoblocks, en donde Ayelén, Belén y Javier salen a buscar materiales reciclables. Para sobrevivir, además de reciclar, Ayelén vende ropa y comida, Belén limpia casas y cuida chicos y Javier es fotógrafo y comunicador.

Les acompañamos en esta travesía que recoge algunas historias mínimas del cornurbano bonaerense. 

Monoblocks, pasillos y montañas de plástico

Los pasillos son angostos y no hay veredas. Meter el carro dentro de esta geografía resulta una labor titánica, requiere destreza para calcular las distancias y no quedar atrapado.

“Desde la organización estamos en contra de que la tracción sea a sangre para tirar los carros”, explica Sofía, de la Asociación Civil Abuela Naturaleza, uno de los colectivos que tracciona buenas intenciones y milita en este territorio. Y fundamenta: “Pasa los mismos con los caballos. Es doloroso y trae consecuencias de salud. No es parte de la dignidad del trabajo, debería ser erradicado. Pero entendimos que para la idiosincrasia del barrio había que hacerlo de esa manera. Lo ideal sería una moto, un transporte con ruedas”.

El primer en tirar del carro es Javier, quien además de ser fotógrafo, forma parte de la cooperativa de reciclaje Alto Impacto. Junto a Abuela Naturaleza brindan capacitaciones y acompañamiento para llevar adelante los planes de separación y recolección de materiales reciclables en los barrios Carlos Gardel y Presidente Sarmiento, en El Palomar, Morón.

Javier: “Hay gente que no sabe y tira, y hay mucho plástico que se puede recuperar y reutilizar. Hay emprendedores que se dieron cuenta y compran reciclables. Hay cooperativas que juntan nylon, en vez de vendérselo al chatarrero se lo vendemos a ellos, a nosotros nos conviene porque pagan el doble y estamos seguros en que ese nylon va a terminar siendo un producto. Se trata de darle valor agregado. Lo mismo con el telgopor, tenemos un emprendedor que los desgrana con una máquina y hace pisos flotantes. Hasta nos vienen a ver arquitectos”.

Se dividen para recorrer los monoblocks. “¡Reciclado!”, gritan en cada casa. Pocas personas responden al llamado. Deducimos que porque es de mañana y todavía hay gente descansando. De hecho se nota esa quietud entre los pasillos laberínticos y las escaleras zigzagueantes. Hay un silenzio stampa. La mayoría de los vecinos y vecinas que se asoman con sus bolsas con reciclables son adultos mayores. Como Olga, que desde su ventana, amorosamente, colabora y deja caer una botella de gaseosa Manaos. 

“Estamos en un momento delicado, en pocos años va a ser irreversible todo el daño que le hemos hecho al planeta –alerta Sofía-. La contaminación está en picos históricos, estamos convencidos en que hay que reducir, ser más responsables con el consumo. Hacemos mucho foco en eso. En los barrios ves la arqueología de los consumos. Acá hay mucha gaseosa, mucho plástico”. 

Y reflexiona: “Es un trabajo territorial ciento por ciento. También tratamos de armar redes con la capilla, la biblioteca. Los chicos del barrio quizás no tenían esa conciencia ecológica y a medida que se fueron interiorizando entendieron por qué era importante reciclar. No es algo que se aprende de un día para otro, es un proceso que lleva tiempo. Por eso es importante este proyecto, más allá de generar laburo”. 

A fines de 2020 el intendente de Morón, Lucas Ghi, junto a la titular del Organismo Provincial para la Integración Social y Urbana (OPISU), Romina Barrios; impulsaron los programas de Limpieza y Mantenimiento de Espacios Públicos y el proyecto de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU), en los barrios Presidente Sarmiento y Carlos Gardel. ¿El propósito? Mejorar la calidad de vida de uno de los territorios más postergados del conurbano, garantizando el acceso a un hábitat digno y justo a partir del trabajo local con los propios habitantes de los barrios a cargo del saneamiento de zanjas, barrido de veredas, pasillos y calles, fumigación y descacharrado, desmalezamiento, etc.

Al mismo tiempo, despertar interés y compromiso entre vecinos y vecinas, mediante recorridos puerta a puerta de promotores ambientales agrupados en cuadrillas, que cuentan con la información y el convencimiento suficiente para desalentar la mala disposición de lo que los humanos llamamos “basura”, y así reducir la contaminación y fomentar la sustentabilidad. 

El vecine no tiene más que poner en una bolsa los residuos (limpios y secos) derivados del papel, cartón, plástico, vidrio, metal; que servirán como material reciclable y probablemente –basándose en el espíritu de la economía circular- como materia prima para fabricar un sinfín de nuevos productos. Recuperadores y recuperadoras retiran estas bolsas con reciclables -de lunes a viernes- y se encargan de la clasificación, el acopio y la posterior venta. 

Claudio, vecino, participa del proyecto Gestión de Residuos Sólidos Urbanos. Además es peluquero y hace changas. “En el barrio se ayuda mucho, se ve el cambio. Ahora no hay tantas botellas tiradas –cuenta Claudio-. Acá la gente se mueve todo el tiempo y tiene ganas de laburar A nosotros nos dicen que somos chorros y villeros, nos meten a todos en la misma bolsa. Yo estuve tirando curriculum casi un año, nadie te llama porque sos del barrio. Eso pesa mucho al momento de buscar trabajo. Ni siquiera la ART entra acá”. 

¿Cómo es la vida en la Gardel?: “Tranquila. Depende mucho de las decisiones de cada uno. Si sabes decir que no, hay una buena vida. Me gusta vivir acá”.

“En pocos años va a ser irreversible todo el daño que le hemos hecho al planeta . La contaminación está en picos históricos, hay que reducir y ser más responsables con el consumo".

Desde OPISU financiaron el proyecto por un año, para cubrir sueldos (de cada compañero y compañera, aparte del dinero recaudado de las ventas), insumos y elementos de trabajo (chalecos, guantes y calzado). Para fortalecer el tejido social y hacer que todo esto sea posible convocaron a asociaciones civiles y cooperativas que conocen las problemáticas, que persiguen la misión de concretar políticas públicas y participación comunitaria. Y a través de esa relación solidaria se evite que sean enterrados en el relleno sanitario del CEAMSE millones de toneladas de materiales que no podrán ser aprovechados. 

Cabe destacar que los programas de Limpieza y Mantenimiento de Espacios Públicos  y el GIRSU se implementaron también en barrios populares, asentamientos y complejos habitacionales de otros municipios del Gran Buenos Aires, como por ejemplo en Quilmes, Tigre, La Matanza, San Vicente, Almirante Brown y San Martín.

Tracción a sangre

Es viernes. Día de venta.

Y particularmente es el primer día desde que comenzó la pandemia que en el proyecto GIRSU trabajan las dos burbujas de promotores ambientales juntas. Nos cuentan que baja mucho la capacidad de reciclado cuando hay menos gente. Y cada botella, cada tapita cuenta. Hoy son alrededor de diez personas -casi todes tienen hijes- abocadas a esta tarea, con jornadas de trabajo de cuatro horas. 

Para cuando llegamos al barrio Gardel - donde viven alrededor de diez mil personas- hay un grupo que salió más temprano con el carro a hacer visitas puerta a puerta por cada uno de los grandes generadores de residuos de las zonas aledañas: almacenes, supermercados, industrias. En un futuro la idea es sumar en el recorrido al gigante Hospital Posadas, que emerge en el horizonte y es un gran generador de reciclables. 

Lo que juntan por semana (alrededor de 400 kg), lo venden en un galpón de la zona. Vienen con la camioneta y cargan bolsones enormes con materiales reciclables. El dinero se administra en partes iguales. El kilo de cartón se paga 21 pesos, mientras que el kilo de plástico o PET  (Tereftalato de polieitileno), alcanza los 18 pesos.

“A veces los chicos no quieren salir a vender porque no tienen muy en claro las matemáticas –revela Sofía-. Nosotros incentivamos que vayan para que pierdan el miedo. Cada semana tomamos registro de cuánto material juntamos, y qué tipo de material es”.   

El futuro llegó

En el 2008 el Municipio de Morón promulgó la ordenanza 1575/08 que fomenta la creación de cooperativas  de reciclaje y emprendimientos que dignifiquen el trabajo de los recuperadores urbanos. Otro instrumento legal de peso es la resolución 317/20 en la provincia de Buenos Aires, que compromete a los grandes generadores (el Estado, escuelas, universidades, restaurantes, hipermercados), a ocuparse de sus residuos. Eso le otorga a las cooperativas de reciclado el poder de gestionar su recolección y procesamiento, y a su vez cobrar por los servicios prestados. Este marco consolida el oficio  del recuperador/reciclador y brinda nuevas oportunidades de desarrollo. 

“Hoy si llegamos a tener una tonelada de cualquier material, no lo podemos procesar porque no hay máquina enfardadora –dice Sofía-. Es un trabajo autogestionado, a veces no podemos salir porque llueve y está todo inundado. Los pibxs saben que si no salen les baja el caudal de material. Acá hay mucho compromiso. Creemos en un reciclado y gestión de residuos con los cartoneros participando en las calles, visibilizándose. Tenemos la legislación a favor”.  

 En Morón, gracias al laburo a pulmón de orgas como Abuela Naturaleza y Alto Impacto, consiguieron una nueva licitación para fin de año que les permitiría continuar con el proyecto GIRSU para que no se desvanezca todo lo conquistado. Con esa entrada de dinero aspiran a tener su propio galpón donde procesar los reciclables, un vehículo, incorporar más compañeros del barrio, ampliar el recorrido y dar así un salto exponencial.

Y apostar por un futuro distinto. Con menos descarte y más oportunidades. Con menos estigmatización y mayor participación de las poblaciones marginadas. Pero sobre todo con un cambio radical de conciencia y de consumo, para que haya menos plástico y más humanidad.

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