Eco Candioti: el sueño del reciclaje a gran escala

por Ricardo Serruya (Desde Santa Fe)
30 de noviembre de 2023

Una cooperativa concientizó a toda la población de un pueblo de la provincia de Santa Fe y desde hace más de dos años separa y selecciona la basura generada. Además de encargarse del tratamiento de los residuos y ahorrar dinero a la comuna, aporta al cuidado del ambiente, evita los accidentes viales que antes existían por la quema y da trabajo a personas que antes se encontraban desocupadas.

Gobernador Candioti es una pequeña localidad de la provincia de Santa Fe, distante a solo 32 kilómetros de la ciudad capital. Para acceder a ella hay que tomar la siempre peligrosa ruta 11 y  pasar por la ciudad de Recreo. Pueblo de casas bajas, calles de tierra donde todos se conocen, nació –como tantos otros– a la vera de unas vías del ferrocarril que, de a poco, comienzan a renacer gracias al programa Circunvalar.

Después de muchos años de trabajo y organización en silencio nace Eco Candioti, una cooperativa de reciclado de residuos. El resumen es injusto, pues se trata de mucho más, de un proyecto enmarcado en lo que hoy se denomina Economía Circular. En un contexto universal donde la basura es un problema a resolver, este puñado de quijotes encontró una modalidad para contribuir a una vida más sustentable.

Según cálculos de expertos, el 90% de la basura que se produce podría reciclarse. Sin embargo, solo se hace el 7%, lo que significa que un 93% de material que podría volver a utilizarse finaliza –en el mejor de los casos– en un relleno sanitario o –en el peor– en un basurero a cielo abierto, en los cursos de agua o quemada. En Candioti parte de esa basura finalizaba al costado de las vías y era quemada generando un pasivo ambiental importante y un riesgo para quienes transitan por la ruta 11.

Esto es lo que motivó a este grupo de personas que vive en el pueblo a encontrarle una solución en su “pequeña aldea”: por eso se propusieron conformar una cooperativa que recicle lo que deshecha cada habitante.

Mariana Maglianese es licenciada en Gestión Ambiental, responsable de Control de Vectores de la Región Santa Fe y ejerce el cargo de presidenta de la cooperativa Eco Candioti. Una soleada mañana nos recibe y nos cuenta que hoy todos los residuos que se juntan en esa localidad llegan al galpón de la cooperativa y se les da un tratamiento sustentable.

Con su pelo lacio y largo, su ropa de obrera de color marrón y sus altas botas de goma relata que los principios fueron difíciles: “Hace dos años y medio empezamos. Todo nace por una conjunción de factores. Lo pensamos con una compañera que también es licenciada en gestión ambiental y nos preocupaba que la basura de nuestro pueblo finalizaba en un basurero a cielo abierto generando un foco de infección contaminante”. Mariana levanta la vista y nos muestra unas vías de ferrocarril que se despliegan de manera paralela a la ruta. Didácticamente nos dice: “Ahí se quemaba gran parte de la basura, así también se generaban accidentes en la ruta”.

Detrás de ella se acumulan latas, botellas, papel, cartón y demás residuos domiciliarios. Una perra convive con unos gatos que viven en el lugar. Mariana se acomoda su largo pelo y cuenta la experiencia como si contara el relato de un cuento o de una película: “Fuimos a hablar con los responsables de la comuna para que se empiece a respetar la ley provincial 13055, llamada de “Basura Cero”, que dictamina que no se puede desechar basura a cielo abierto, quemarla o enterrarla y que algo había que hacer”.

En épocas en que los gobiernos o municipios se alejan cada vez más de sus representados, este caso fue la excepción. El plan ahora es integral: además de generar un tratamiento de los residuos y ahorrar dinero a la comuna, se aporta al cuidado del ambiente y se da trabajo a personas que se encontraban desocupadas, sin reclamar dinero al erario público. Se trata de un verdadero círculo virtuoso.

La necesidad de reparo ambiental se unió con la oportunidad laboral. De esta manera nace la Cooperativa Eco Candioti. Contado así parece sencillo, pero los inicios no fueron fáciles. Mariana frunce el ceño y recuerda: “Comenzamos en un galpón de  ferrocarril que estaba ocioso. Tenía luz, agua, estaba cerca del pueblo: era el lugar ideal, pero a los 6  meses de estar instalados se empieza la obra Circunvalar y tuvimos que buscar otro lugar”.

Aún así no decaen y continúan trabajando en la concientización. “Hicimos un trabajo de encuestas. Le consultamos al 10% de los habitantes si estaban de acuerdo en unirse a este proyecto, en comenzar a separar la basura y fue muy grato saber que el 100 por ciento de las personas censadas expresaban su conformidad”.

Como suele pasar en pequeñas, pero también en grandes localidades, muchos de los vecinos no saben que ocurre con la basura una vez sacada a la vereda. No existe conciencia sobre lo que sucede con los deshechos una vez que sale de nuestros hogares. En Candioti tampoco había conocimiento aunque sí reclamaban un cambio por los accidentes viales que se producían en la ruta como consecuencia de las quemas, además de que la población era víctima de olores y acciones contaminantes.

Los inicios fueron muy auspiciosos, a los dos o tres meses ya teníamos un 70% de adhesión, la gente clasificaba y sacaba  en diferentes días lo orgánico, lo inorgánico y lo especial (residuos del baño)”, explica Mariana.

La conciencia estaba, el apoyo político y la decisión también, ahora faltaba el lugar. “Tuvimos que desmontar, buscar un nuevo sitio y volver a empezar. Esos nos llevó dos meses  que estuvimos parados y frenó el entusiasmo: el vecino volvió a sacar toda la basura junta, sin separarla, así que recomenzamos y entregamos recipientes  porque vimos que algunas familias no tenían tres tachos para separar. Reiniciamos la campaña y conseguimos un nuevo espacio”, recuerda.

Ese nuevo lugar es el galpón donde estamos haciendo la entrevista. Mientras Mariana nos habla, mujeres y hombres despliegan sus tareas. Muchos de ellos son integrantes de la comunidad del pueblo Mocoví “Com Caiá”.  Algunos clasifican, otros separan. Un grupo de mujeres, martillo en mano, recupera aerosoles. Un hombre, con mascara protectora, muele vidrios. Todo es un engranaje de producción y cuidado ambiental.

Las personas que hoy viven de la cooperativa son 14. Siete trabajan en el galpón, otras desarrollan tareas administrativas, contables, jurídicas y de redes sociales. Existen las que vuelven a clasificar por si hubo un error en el deshecho familiar y allí comienza un trabajo multidisciplinario. Mariana lo describe: Con lo orgánico hacemos compost y en cuatro o cinco meses sacamos una tierra muy fértil que luego vendemos. El residuo especial (baño y lo que no es reciclaje) se reserva hasta que el camión de la comuna lo lleva al relleno sanitario de Santa Fe y lo inorgánico se selecciona y se dispone en corrales donde va separado vidrio, chatarra (lata, alambre, chapa, hierro), que vuelve a ser lata o chapa y no se tira. En el caso de aluminio, cobre, bronce, acero, plástico bazar y pet lo vendemos a empresas que reciclan”.

Este último proceso, el de la venta, tiene sus vericuetos, porque en este caso la relación oferta y demanda no se respeta: el que vende no fija el precio, lo hace el comprador, por eso ahora están  intentando lograr una normativa que regule esta actividad.

Antes de la creación de este proyecto la Comuna de Candioti enviaba todo al relleno sanitario de la ciudad de Santa Fe, lo que generaba un doble problema: un relleno que no da abasto y un gasto para la comuna por ese tratamiento. Hoy gran parte de ese deshecho no solo no ocupa lugar en un relleno sanitario que se encuentra atiborrado, sino que genera trabajo  para los habitantes y ahorro para el estado municipal.

Los números son contrastables y llaman la atención. Treinta y seis mil kilos de basura mensuales son los que se generan en este rincón de la provincia. Solo nueve mil van ahora al relleno sanitario. El resto, los 27 mil kilos restantes, vuelven a la economía circular. Como bien lo explica Mariana: “Vuelven al circuito, dejamos de talar árboles para hacer papel, de consumir arena para hacer vidrio, lo orgánico se transforma en compost”. 

Un sueño realizado, una meta conseguida en comunidad. Pero la Cooperativa Eco Candioti no se conforma y sigue planificando: el próximo objetivo es tener un tanque de agua y un biodigestor. Son objetivos y sueños que se piensan y se construyen de manera circular, como la economía que defienden.