“El patriarcado nos arrebató a Anahí”

por Mariana Aquino
05 de junio de 2018

En una nueva marcha del Ni Una Menos, las pibas de la Escuela Nacional Superior Antonio Mentruyt de Banfield marcharon por Anahí Benítez, su compañera víctima de un femicidio en agosto de 2017.

“Anahí Benítez”, rompe el silencio con un grito desde las entrañas en plena avenida 9 de julio, de espaldas al Obelisco. Es una de las pibas de la Escuela Nacional Superior Antonio Mentruyt de Banfield. “Presente”, le responden las compañeras del Enam. “Ahora”, retruca la piba. “ Y siempre”, concluye el coro.

Una nueva marcha organizada por el colectivo Ni Una Menos: la cuarta resulta más multitudinaria que las anteriores. Esta vez el pedido de aborto legal, seguro y gratuito, y el rechazo al FMI estuvieron al frente de las demandas. Como muchas adolescentes organizadas y comprometidas con su época, las pibas del Enam marcharon. Ellas saben que Ni Una Menos es ni una menos. A ellas les falta Anahí.

En la puerta del cole

Todo empezó unas horas antes en Banfield, al sur del conurbano bonaerense. Son las 3 de la tarde y el micro escolar que nos llevará a la marcha ya prendió el motor. Se van acercando a la puerta del colegio las pibas y pibes del Enam que -un rato después- caminarán por las calles que unen Plaza de Mayo con el Congreso.

La organización vence todo. Se anotan en una lista: nombre, apellido, teléfono. Tienen que volver juntas a Banfield. Suben al micro y toman lista otra vez. Como si debieran confirmar que siguen ahí, que van a marchar, que no faltará ni una más.

Quimey tiene 13 años pero parece más grande y ella lo sabe. “Siempre me dan más. Yo supongo que porque acá tuvimos que crecer de golpe. Con todo lo que nos pasó empezamos a cuidarnos entre nosotras, a entender que los adultos también pueden dañarte”, reflexiona la joven Quimey. Ella es la encargada de presentarnos al grupo. Les dice a todas quiénes somos y de dónde venimos. “Cítrica nos va a acompañar. Ellas van a marchar con nosotras”.

Esta marcha es diferente. No estamos todas, nos falta Anahí.

Subimos al micro de las mil sensaciones. Risas, abrazos y chistes mientras avanzamos por la avenida Pavón. Al cruzar el Puente Pueyrredón, en Avellaneda, empiezan a organizar cómo será la columna, quién se encargará de hablar con la prensa (si es necesario), y qué canciones cantarán. “Che, canten esa del Papa y el aborto. Esa que si el Papa fuera mujer… ¡Está buenísima!”, propone Lechu, un varón que solo vino a acompañar y es consciente de su segundo plano.

El cielo se puso de luto y parece que va a llover en cualquier momento. No importa. Vinieron preparadas: Carteles en mano, pinturas y brillitos en las caras; pañuelos verde aborto en puños, mochilas y cuellos. El micro se detiene, bajamos y caminan con la bandera de ‘Justicia por Anahí Benítez’ al frente.

Mejores amigas

Camila y Victoria eligen un perfil bajo. Se refugian en un cartel hecho a mano para la ocasión. Son las amigas de Anahí y vinieron a la marcha de Ni Una Menos a pedir justicia por la joven de 16 años asesinada por el hecho de ser mujer. “Mejores amigas”, aclara Camila. Las chicas se conocen desde los 12 años y compartieron todo con Anahí en la escuela de Banfield. Desde primer año, toda la secundaria, hasta el 4 de agosto de 2017, el día que tuvieron la confirmación: encontraron a Anahí sin vida. El patriarcado se las arrebató.

Victoria vivía a cuatro cuadras de Anahí, la consideraba una hermana, se sentaban juntas en el aula. Para ella, el año pasado no existió. “Sentía tanto dolor que lo transité nomás, las cosas me pasaban por al lado.Un dia está con vos y al siguiente entrás al curso y tenés ese asiento vacío al lado tuyo. Es impactante”, dice.  “Sí -agrega Camila- duele. A mi me rompe el corazón ver su asiento vacío en el aula. El patriarcado nos arrebató a Anahí. Duele mucho”.

Ver su banco vacío nos rompe el corazón todas las mañanas.

“¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo seguimos?”

Después de la desaparición de Anahí, nada volvió a ser como antes. Victoria tardó muchos meses en volver a viajar sola en colectivo. Camila avisa a su familia cada movimiento que hace. Le pasó a Anahí pero podía pasarle a cualquiera de ellas. “Avisame dónde estás’, ‘Pasame la ubicación’, ‘No te vuelvas de noche’”. Esas son frases cotidianas para las chicas. Viven con miedo. “Cambiamos la forma de cuidarnos. Pensamos que en cualquier momento nos puede pasar. Eso es triste e injusto”.

Este año les resulta particularmente más duro, están por terminar la secundaria y Ana, como le dicen en el Enam, no está. “Cuando pasó todo esto dijimos: '¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo seguimos?' Acá falta alguien, no estamos todas. Falta alguien y va a faltar siempre”, denuncian.

En estos diez meses entendieron que estar unidas y en lucha les dará un poco de alivio a tanto dolor. Así es que se informan de la causa, exigen justicia y visibilizan el caso. “Antes, cuando nos enterábamos de que una piba desaparecía, nos conmovíamos y compartíamos una foto en redes. Pero cuando la desaparecida es una amiga, no dormís. Todo te cambia para siempre. Y vas a tenerlo presente toda la vida”, se lamenta Camila.

Y Victoria la abraza con sus palabras: “Lo único que te saca adelante es pedir justicia por ella, y eso mismo es lo que te destroza. Salir a las calles para pedir justicia es doloroso también. El tiempo pasa rápido pero no pasa el dolor, es una herida que va a quedar abierta toda la vida. Lo que nos queda es seguir adelante. Necesitamos que se haga justicia”.

Lo único que te saca adelante es pedir justicia por ella.

La lluvia que amenazaba finalmente llegó. Ya estamos cerca del Congreso y el grito vuelve a suceder: “Anahí Benítez”, dice la piba del vozarrón. “Presente”, le responden, pasadas por agua y frío, las compañeras. “Anahí Benítez...presente. Ahora... y siempre”, prometimos todas.

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