"La defensa del planeta es una guerra por el futuro de la humanidad"

por Pablo Gentili
Fotos: Agencia Télam
07 de noviembre de 2020

Pablo Gentili, actual secretario del Ministerio de Educación y ex director de Clacso, recuerda cómo fue el último año de Pino Solanas desde que lo designaron embajador ante la Unesco. El trabajo en conjunto, los proyectos, su energía a pesar de los 84 años y la defensa del medio ambiente como bandera innegociable.

Conocí a Pino Solanas hace muchos años. Mi hermano Rafael había sido legislador en su fuerza política. Nos habíamos cruzado en varios momentos, aunque nunca habíamos mantenido nuestros intercambios por mucho tiempo. 

Acabé encontrándolo y aproximándome mucho a él en estos últimos meses.

Cuando asumí como Secretario de Cooperación Educativa y Acciones Prioritarias del Ministerio de Educación, en diciembre pasado, lo llamé para que nos pusiéramos en sintonía con los temas de la Unesco que llevaríamos juntos. Enseguida se dispuso a que nos encontráramos para coordinar acciones. Había sido designado embajador de la Argentina ante ese organismo y suponíamos que pronto viajaría a su nueva misión.

Lo recibí en el Ministerio. Me contó sus proyectos. Quería irse rápido a París. Estaba ansioso y desbordaba entusiasmo.

La pandemia comenzó a atrasar su traslado. Hablábamos mucho, al menos, una vez por semana. Compartíamos nuestra preocupación por la lentitud estructural del Estado para resolver cuestiones urgentes e imprescindibles. Nos pasábamos largos ratos criticando un poco todo; a la Argentina que nos habían dejado, empobrecida y endeudada; al mundo que la derecha se apropiaba, desparramando miseria, racismo, violencia machista, destrucción ambiental e injusticia; a la izquierda que a veces parecía dominada por la indolencia y la apatía, por la falta de urgencia por cambiarlo todo. Pero enseguida nos poníamos a hablar de lo que había que hacer. De los desafíos que teníamos por delante. Y de lo bueno que sería todo, una vez que llegara a París. 

Pino tenía una energía impresionante. Era un guerrero de las causas ambientales. Decía que íbamos a instalar una agenda de trabajo sobre educación y cambio climático que nos pondría en el liderazgo de estas luchas a escala mundial. 

Pino tenía una energía impresionante. Era un guerrero de las causas ambientales.  Decía que íbamos a instalar una agenda de trabajo sobre educación y cambio climático

Un día vino a almorzar con nosotros al Ministerio. Lo recibimos con Nicolás Trotta y Matías Novoa. Nos pasamos horas escuchando sus historias con Perón en el exilio, durante aquellas mitológicas jornadas en Puerta de Hierro

Pino estaba con unas ganas inmensas de irse a París. Tenía todo preparado desde hacía semanas, pero su traslado no salía y su ansiedad aumentaba. 

Fuimos compartiendo reuniones: se entusiasmó con los temas de ciencia abierta, con los de ética en la inteligencia artificial, con las reuniones intergubernamentales, nos acompañaba en muchas de las bilaterales que organizábamos desde nuestra Secretaría en el Ministerio. Siempre hacía aportes significativos. Siempre pensaba proyectos y ampliaba las fronteras de lo que debíamos y necesitábamos hacer. 

Nos pasamos horas escuchando sus historias con Perón en el exilio, durante aquellas mitológicas jornadas en Puerta de Hierro. 

Participó en nuestros Diálogos en la Pandemia. Vale la pena volver a ver esa entrevista realizada por Leandro Quiroga, ahora un documento de imprescindible valor testimonial

Pino era una usina de energía, de ideas, de recuerdos, de futuro.

Finalmente, pudo irse a París.

Estaba feliz. Radiante. 

Nos vimos unos pocos días antes de su partida. Estábamos seguros que nuestro trabajo en la Unesco, él desde la delegación y nosotros desde el Ministerio, nos iba a permitir contribuir al inmenso desafío de poner a la Argentina de pie. 

Llegó a París pocos días antes del comienzo de las vacaciones francesas. Una tarde me llamó para decirme que había tenido su primera audiencia con la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay. Estaba desbordante de felicidad. Azoulay había sido Ministra de Cultura de Francia, pero también directora del Centro Nacional de Cine francés. Admiraba a Pino. Le dijo que, junto a Costa-Gavras, era uno de los directores que más le gustaban del cine político mundial.

Pino no podía contener la euforia.

Quedaron en encontrarse con frecuencia, los unía la pasión por el cine y la voluntad de transformar a la Argentina en uno de los más activos y productivos Estados en la defensa de la educación, la ciencia y la cultura en el ámbito de las Naciones Unidas. 

La directora general de Unesco, Audrey Azoulay, admiraba a Pino y le dijo que, junto a Costa-Gavras, era uno de los directores que más le gustaban del cine político

Escuchaba su relato telefónico y lo sentía vibrar, desplegar sus brazos, reírse, soñar con un universo de oportunidades que se abrían a nuestros pies. 

En agosto, ya no recuerdo el día, me llamó para decirme que era un privilegiado. Que había llegado a Francia, se había instalado, organizado la agenda de trabajo, y que París brillaba, que la belleza del verano lo llenaba de energía.

En septiembre comenzaron las actividades regulares y Pino se lanzó al trabajo con una agenda repleta de acciones. La Unesco aún no salía de su resaca veraniega y Pino estaba a mil.

Es una guerra, Pablito. La defensa del planeta es una guerra por el futuro de la humanidad”, me explicaba por teléfono, mientras pedía que no dejemos de incluirlo en todas las acciones que desarrolláramos desde el Ministerio. 

Tenía 84 años. Parecía que tenía 20. 

“Es una guerra, Pablito. La defensa del planeta es una guerra por el futuro de la humanidad”, me explicaba por teléfono

La última vez que nos comunicamos fue cuando iba a visitar al Papa Francisco, en Roma. Y cuando, el 17 de octubre, le escribí para pedirle que se cuidara mucho y que contara con nosotros para todo lo que necesitara. Lo habían internado hacía unas horas en un hospital de París. 

Estuve en contacto los días siguientes con Facundo Solanas. La familia estaba preocupada, conmovida, desconsolada. Recibían diariamente el apoyo y la bendición del Papa Francisco.
Hace apenas una semana, Facundo me dijo que esperaban un milagro

No llegó. 

Y se nos fue Pino. Un grande. Un artista inmenso que hizo del cine y de la política su forma de luchar por los oprimidos, por la liberación de nuestros pueblos, por la libertad y la justicia social. 

Se nos fue Pino, pero su luz iluminará siempre las luchas que aún nos quedan por luchar. 

Hasta siempre, compañero. Seguiremos tu ejemplo. Honraremos tu memoria.

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