"El acuerdo porcino no se firmará en noviembre, ni nunca"

Una numerosa protesta en Plaza de Mayo, nutrida por autoconvocados y diferentes movimientos animalistas y ecologistas -entre otros sectores- repudió el acuerdo de instalación de megagranjas en territorio argentino para abastecer al mercado chino. "Es importante entender que la propuesta no tiene que ser únicamente cómo criar cerdos de otra manera, sino como cultivar y criar de otra manera", señalaron.

Plaza de Mayo. Seis de la tarde del lunes 31 de agosto. Una gran masa de animalistas, ecologistas y otras diversidades participan de una protesta no violenta contra el acuerdo de instalación de megagranjas -en territorio argentino- para abastecer al mercado de China. Se leen cartas ante Casa Rosada, y se baila y canta de manera muy alegre, celebrando el acto de decir "no".

En 2019, el gigante asiático quemó y enterró vivxs a 200 millones de cerdxs para detener el avance de la 'peste porcina africana', que el propio sistema de explotación animal produjo.

Como salida al riesgo epidémico, el gobierno chino comenzó a buscar países que -a cambio de sumas millonarias- se embarquen en la profundización de un modelo -considerado como obsoleto- y aceptando convertirse en zona de sacrificio. 

En este contexto, el gobierno argentino -sin siquiera explicar el proyecto a les habitantes- lo anuncia como un mágico "plan de reactivación económica".

Rodrigo Castro Volpe, activista de la organización ambiental Rebelión o Extinción, señala que "hasta dónde sabemos -porque la información que está dando Cancillería es muy escueta y muy oscura, y depende de la presión que estamos haciendo los movimientos para que salga información- es que es una propuesta que está impulsando el gobierno argentino, con el gobierno chino, para la construcción de más de 20 granjas industriales de cerdos, con aproximadamente 12 mil madres por granja. Teniendo en cuenta que cada madre tiene hasta 30 cerdos por año, podemos calcular que cada granja tendría casi 400 mil animales". 

"Las consecuencias de este proyecto son varias. Podemos nombrar algunas. La primera, y una de las más importantes a mencionar, es el tema ético y moral de encerrar a casi 400 mil animales en jaulas durante toda su vida. Nos tiene que interpelar como sociedad que eso sea 'lo normal', que esa sea la manera en la que produzcamos alimento. No puede ser que a principio del siglo XXI esté normalizado que 400 mil seres encerrados en jaulas sea 'algo correcto' y que esa sea la salida a una crisis", criticó.

En 2019, el gigante asiático quemó y enterró vivxs a 200 millones de cerdxs para detener el avance de la 'peste porcina africana', que el propio sistema de explotación animal produjo.

En este sentido añadió que otra implicancia negativa "es la cuestión sanitaria. Estamos atravesando una pandemia causada por un virus zoonótico (el salto zoonótico es la transmisión de un virus de animales no humanes a humanes). Estos saltos zoonóticos se dan por dos razones, principalmente: una es el avance destructivo de nuestra civilización sobre los ecosistemas, contagiándose de animales que llevan virus con los que nunca se había tenido contacto. Y la otra razón se da con la industrialización de los animales. Al haber una gran cantidad de animales -de la misma especie y con la misma genética- confinados, surgen virus más resistentes, y que -en algunos casos- pueden saltar a la especie humana, como fueron la gripe porcina y la gripe aviar, hace ya varios años".

Explicó además que la implicancia ambiental refiere a la problemática de los excrementos. "Se estima una relación en la que los excrementos de un cerdo son equivalentes a los de cuatro humanos. Significa que cada granja va a generar excremento y orina como una ciudad de 1,6 millones de habitantes. ¿Qué va a pasar con eso? ¿Qué va a pasar con los restos de cuerpos muertos llenos de antibióticos? En España, la experiencia con las megagranjas arrojó que no pueden tratar estos residuos, porque es mucha cantidad; no les pueden dar uso como fertilizantes, y terminan contaminando los ríos y las napas".

"La cuarta es la promesa del empleo, argumento central del gobierno. La experiencia del caso español dice que se generan 1,5 empleos cada 2 mil cerdos, lo cual es muy poco. Y que -además- impacta directamente en economías regionales como el turismo, arruinándolas. 
Y por último, estas granjas industriales terminan profundizando el modelo agroindustrial, aceptando y consolidando la soja y el maíz transgénico resistentes al glifosato, y la expansión de la frontera agrícola sobre Chaco y Salta, por ejemplo", explicó Castro Volpe. 

-¿Qué alternativas existen al modelo de producción actual?

RCV: Es importante entender que la propuesta no tiene que ser -únicamente- 'cómo criar cerdos de otra manera', sino cómo cultivar y criar de otra manera. La agroecología de base indígena y también chacarera argentina viene demostrando que puede ser igualmente rentable y productiva para alimentar a las poblaciones. Es más, el 60% de alimentos a los que accedemos hoy vienen de los campesinos, que en su mayoría producen de manera agroecológica. Entonces, tenemos que incentivar ese modo de producción, con políticas públicas para que haya alimentos de calidad para el mercado interno, y después poder exportarlos también. Y no promover una agroindustria que termina produciendo biomateriales, biocombustibles y alimentos para que coman otros animales en feedlots, y que tiene como objetivo producir dinero y commodities. La agroecología pone en el centro de la cuestión a los alimentos, a la salud, a quienes la cultivan y a quienes la van a consumir. Actualmente, uno de cada 20 establecimientos son agroecológicos, orgánicos o permaculturales. Entonces, es posible hacerlo, y depende de una voluntad política, de promover la agroecología por sobre la agroindustria, como un paradigma superador.

-¿Por qué las protestas no violentas?

RCV: Consideramos que la estrategia que tomemos -como movimientos- tiene que ser no violenta porque es la estrategia más efectiva para lograr un cambio sistémico. ¿Por qué decimos esto? Porque al ser no violenta, son muchas más las posibilidades de que la gente se sume, que es lo que necesitamos, para que el gobierno escuche que la ciudadanía está en contra de este modelo, y que quiere otra manera de habitar la Tierra; una forma basada en el Buen Vivir y en la agroecología. Tenemos que usar estrategias para demostrar que la violencia está del lado del Estado y de las multinacionales. Nosotros no tenemos su poder económico, mediático, político o represivo. Sólo somos muchxs, y tenemos un respeto enorme a la vida, por lo que la no violencia es la estrategia más clara que podemos tomar. Luchamos para que el acuerdo porcino no se firme en noviembre, ni nunca.

Estas granjas industriales terminan profundizando el modelo agroindustrial, aceptando y consolidando la soja y el maíz transgénico resistentes al glifosato, y la expansión de la frontera agrícola.

En este escenario, sectores interesados en concretar el proyecto, acusan a los medioambientalistas de "delirantes". Desde los sectores que repudian el acuerdo insisten en no temer ni a las críticas ni al diálogo. "Suelen querer disminuirnos con calificaciones. No somos ni un grupo de veganes, ni de ambientalistas, ni de izquierda. Somos muchos grupos diversos, muy convencidos, y cada semana vamos a ser más", aseguran. 

Buscan frenar la instalación de las granjas industriales. Alegan que "no hay moneda que valga la destrucción de la vida". Y alientan a sumarse a las protestas "como puedan, con cuidado y respetando los protocolos de seguridad e higiene".

El domingo por la tardenoche, después de un mes de protestas virtuales y en la calle, la Cancillería anunció por Twitter que aplazó hasta noviembre la firma del acuerdo, con el fin de incorporar la legislación ambiental. Castro Volpe -en este sentido- consideró que "esta propuesta que intentaron impulsar está muy oculta. No se sabía realmente qué era. Y ahora podemos entender que el cumplimiento de las leyes ambientales no aparecía como una obligación, cuando no debería -ni siquiera- ponerse en discusión". 

Agregó que "si hay movilización, si el pueblo se levanta y grita fuerte que 'no quiere' ni esto, ni megagranjas, ni agroindustria, a la clase política no le queda otra alternativa que escuchar".


Por Jeremías Kuron, activista de Rebelión o Extinción.
Fotos @arrobamalena, activista de Rebelión o Extinción.

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