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“Lo sabía, lo sabía, a Luciano, lo mató la Policía”

por Maxi Goldschmidt
Fotos: Flor Guzzetti
11 de diciembre de 2021

Miramar pidió justicia por Luciano Olivera, el chico de 16 años asesinado, por el policía Maximiliano González, cuando volvía de jugar al fútbol.

En el partido de anoche en el Anfiteatro Miramar, con el equipo del barrio Parque Mar, Luciano Olivera, “Lucho”, 16 años, se había doblado el tobillo. Su amigo Julián, 21 años, le dijo que tal vez se perdía la fiesta de graduación. “Ni en pedo me la voy a perder, voy en muletas”, respondió Lucho. 

El recuerdo surge en las calles, que son de pólvora y de fuego, porque una multitud (entre la que está Julián) salió a ocupar el espacio público en la balnearia Miramar para pedir justicia por Lucho, que ya no tendrá fiesta de graduación ni podrá jugar el siguiente partido. A Lucho lo mató una bala policial de la Bonaerense. Por eso la multitud y la bronca, que comienza en caminata serena y deriva en piedrazos contra la comisaría y balas de goma y gases lacrimógenos. Y las calles son de rabia y de fuego.

Gonza, 15 años, amigo de Lucho de la escuela: “Hace poco venía con la moto y la Policía me paró en un control con mucha violencia. '¿Qué tan poronga sos?', me decía el policía muy sacado”. Kevin, 14, compañero de fútbol en el club Once Unidos: “Una vez venía a caballo de noche y la Policía empezó a perseguirme. Yo me escapé porque tenía miedo y me tiraron balas de goma”. 

 "La Policía, en vez de cuidarnos, nos persigue todo el tiempo”

Los testimonios coinciden, por eso ahora que el asesinato policial está consumado, emergen en el atardecer convulsionado del día en que la Argentina debería celebrar la recuperación de la democracia. A Julián también le pasó: “Hace poco venía con la bicicleta y como me vieron con visera y ropa deportiva, me rodearon cuatro patrulleros y me decían que era robada”. Damián llevaba a Luciano en combi al colegio en la Primaria: “Era fanático de los caballos, re buen pibe. La Policía siempre se zarpa con los pibes, es común que los paren, que les peguen y los maltraten”. 

Sonia Echeverría marcha con el cartel Justicia x Luciano en alto mano. En la foto a Luciano se lo ve jugando al fútbol. Disfrutando. “Los chicos andan con terror en la calle por la Policía. No puede ser que nos arranquen la vida de un pibe de esta manera”. Valeria también marcha. Era la mejor amiga de Luciano: “Era como mi hermano, estábamos todo el día juntos. Lo mataron como a un perro. La Policía, en vez de cuidarnos, nos persigue todo el tiempo”. Cuenta que a Luciano le decían Sapo “por los ojos saltones”.

 Jessica, prima de Luciano, tiene tres impactos de bala de goma: uno en la pera y dos en el cuello. Fue unas de las primeras en llegar, de madrugada, donde estaba el cuerpo sin vida, en calle 9 entre 32 y 35. “Lo dejaron tirado ahí, en el medio de la calle. Y cuando llegó la familia la Policía nos disparó balas de goma”. Fue la primera reacción violenta de la Policía, cuando el episodio empezaba a cobrar estado público. 

Después continuó la violencia, con la multitud peregrinando las calles y haciendo visibles el dolor y la bronca. “Se falopean y salen a la calle”, dice alguien que pide anonimato. “Lo sabía, lo sabía, a Luciano, lo mató la Policía”, es uno de los cantitos que se repiten en la caminata. Son más de tres cuadras de personas, entre familiares, amigos, amigas, compañerxs y corazones sensibles que quieren estar presentes. Está presente la madre de Natalia Melmann, otra víctima de la Bonaerense, caso emblemático que está guardado en la memoria de dolor de Miramar. Veinte veranos atrás pero nadie olvida.

Los aplausos se mezclan con gritos de justicia. La caravana avanza. Después, frente a la comisaría, el estallido se hace evidente. Piedrazos, bronca, balazos. También reciben los camarógrafos de televisión y el puñado de cronistas que cubren la marcha. El aire se llena de humo. El aparato represivo se refuerza, la bronca social crece.

Hay fuego en las calles, explosiones de escopetazos en las cercanías de la comisaría, frente al edificio municipal. Se reportan personas heridas por los balazos de goma. Hay algunos rastros de sangre.
La jornada que comenzó con dolor se va apagando (o encendiendo) con la bronca social en las calles. Este viernes en que debería celebrarse la democracia, en la balnearia Miramar esa palabra se disuelve en el mar como un recuerdo muy lejano.