“En la industria textil la precarización laboral es extrema”

por Estefania Santoro
Fotos: Vicky Cuomo
20 de febrero de 2020

Les trabajadores de WTTJ hacen ropa con onda y mucho más; también van en contra de la lógica perversa del mercado y el trabajo esclavo que se llevó las vidas de pibxs en los barrios de Flores y Caballito. Sus producciones tienen como protagonistas a personas con diversidad funcional, activistas gordes, feministas, negras, lesbianas, trans, no binaries, gays y nuevas masculinidades.

Cuando Desireé Duval tenía diecisiete años le presentó a su padre -empresario textil- un proyecto que consistía en la enseñanza del oficio de costurerx para personas en situaciones de vulnerabilidad que genere puestos de trabajo en talleres textiles. Su padre se le rió en la cara. Diez años después logró formar su propia marca de indumentaria: WTTJ “ropa unisex antipatriarcal”. Una cooperativa de trabajo con una dinámica totalmente horizontal y que además opera con otras 4 cooperativas textiles conformadas por personas que sobrevivieron al trabajo esclavo, se organizaron y ahora poseen sus propios talleres.

En palabras de su creadora: “WTTJ es una marca de militancia política, la ropa es política, la producción de esa ropa es política, y nuestras producciones lo son”, cuenta. Por eso WTTJ no solo vende remeras, pantalones, en el proceso de producción también se condensan diversas luchas. Sus producciones de fotos tienen como protagonistas a personas con diversidad funcional, activistas gordes, feministas, negras, lesbianas, trans, no binaries, gays, nuevas masculinidades, que acompañan esas imágenes con sus reflexiones. La cooperativa hoy la integra un equipo de trabajo de 8 personas. 

El mundo de la industria textil y de las grandes marcas de ropa se encuentra dominado por empresarixs millonarixs que reproducen a mansalva el modelo de explotación laboral con trabajo no registrado, terciarización laboral, trabajo esclavo, jornadas interminables y bajos salarios. En la actualidad, según la fundación La Alameda, en nuestro país son ciento doce las marcas de ropa denunciadas por utilizar mano de obra esclava en talleres clandestinos, la lista se puede consultar en su web. 

Esta forma de explotación en nuestro país ya ocasionó muertes. En 2015 en el barrio de Flores fallecieron dos niños de 7 y diez años tras incendiarse la casa, convertida en taller textil, donde vivían con sus padres de nacionalidad boliviana en condiciones inhumanas. En 2006 en el taller clandestino de Luis Viale al 1269, del barrio de Caballito, perdieron la vida una mujer embarazada y cuatro niñxs, de la misma nacionalidad. Hoy lxs familiarxs de las víctimas, y las personas que sobrevivieron al incendio, continúan exigiendo justicia, sin embargo, los responsables gozan de impunidad. El 16 de mayo del año pasado, el juez Alberto Baños, titular del Juzgado Criminal y Correccional Nº 27 de la Ciudad de Buenos Aires, sobreseyó a los empresarios Daniel Fischberg y Jaime Geiler, dueños de las marcas de ropa JD, Wol y Loderville para las que trabajaba el taller textil.

“WTTJ es una marca de militancia política, la ropa es política, la producción de esa ropa es política, y nuestras producciones lo son"

Desireé conoció el mundo de la industria de indumentaria desde pequeña, del lado de los explotadores: “Tengo recuerdos de chica de estar en medio de reuniones con gente asquerosa donde adelante mío, dueños de marcas muy reconocidas que podemos encontrar hoy en los shoppings del país, decían ´Me subieron la guardería del barco, voy a tener que bajar el sueldo a las de limpieza´. Las grandes marcas, que tienen mucho volumen hoy pagan $30 la confección de un jean que lo venden a 5 mil y la mayoría de esa ropa se confecciona en talleres clandestinos”, asegura.

Nacida en una familia patriarcal, cuando Desireé terminó el secundario empezó a buscar trabajo para lograr una independencia económica: “Siempre milité políticamente y lo que más sabía en relación a algo laboral era actuar en la escena under, también hice trabajos en barrios, llevando arte y teatro, pero era muy difícil encontrar trabajo. Empecé a fabricarle ropa a mi papá, teníamos muy mala relación y el ambiente de la moda y de la venta en los shoppings que él me planteaba no me convocaba. Yo sabía que podía hacer carrera por ser ‘la hija de’ pero no me interesaban esos espacios”.

—¿Qué situaciones te marcaron y te hicieron tomar la decisión de alejarte de la empresa?
—Ver la acumulación de capital en dos o tres personas y la precarización laboral de la gran mayoría. Siempre supe que no quería trabajar con gente que se la quiere llevar toda o quiere ganar doscientos por ciento más que el trabajador que es el que está haciendo las cosas. Desde un lado muy impune la precarización laboral es extrema, he visto dueños de marca de ropa que a quien cocía hacía que le lave la camioneta. Las características que tenía mi papá como jefe y los malos tratos que tenía conmigo, también era algo que se repetía con les empleades. Todas esas cosas me invitaron a retirarme de ese mundo porque no tenía nada que hacer ahí, hay otros mundos donde si podemos dar lucha. Con el tiempo fui entendiendo que prefiero construir lugares de laburo no hostiles y desde ahí generar cambios, pero no tratar de cambiar gente que no va a cambiar nunca.

—¿Cómo fue el proceso de autogestión de WTTJ?
—Las primeras ropas de WTTJ las vendía a mis amigues, ni siquiera tenía redes sociales. Después dejé de fabricarle a mi papá y hace dos años me crucé con quien actualmente es una de las asociadas que estudió producción de moda. Ella me propuso poner un showroom de la marca y hacer unas producciones de fotos. Las ventas empezaron a aumentar y ahora se nos acercan muchas referentas políticas, entablé amistad con Ofelia Fernández, Susi Qiú. A partir de ahí se empezó a juntar todo de manera orgánica la militancia y lo social cuando empecé a laburar con cooperativas integradas por trabajadores que antes estaban bajo trabajo esclavo. Ahí llegué por mi militancia política y me encontré reversionando lo que para mí era un terreno inhabitable. Me contacté con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), personas que antes laburaban miles de horas en sus casas bajo condiciones insalubres, ahora tienen sus talleres, trabajan con autogestión, construyeron sus cooperativas, en todos los rubros. Ofelia me contactó con ellas, tuve una reunión en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular CTEP y hace 5 meses empezamos a trabajar. También con la Red Textil Cooperativas, muchos espacios con lo que trabajar de forma genuina. 

— Es muy diferente el trabajo en un cooperativa...
—Significa que la única manera sustentable de trabajo va a ser la cooperativa, no hay otra manera en el declive absoluto del neoliberalismo donde vemos las atrocidades más asquerosas. El cooperativismo va a salvarnos como productores y productoras responsables. Para nosotres es un cambio de paradigma en relación a les nueves productores y hay un gran compromiso social a nivel humano. Yo voy a las cooperativas textiles con las que trabajo y me dicen ‘venite más cerca del mediodía así almorzás con nosotros’. Trabajamos de una manera muy horizontal, por un tema de organización hay compañeras que quizás estamos más en una parte directiva y otras en otra, pero ninguna es más importante que la otra.

— ¿Cómo piensan la ropa en relación a las luchas que muestran en las producciones de fotos y en los posteos en las redes sociales?
—WTTJ es una marca de militancia política, la ropa es política, la producción de esa ropa es política, y nuestras producciones lo son. Nosotres estamos a travesades por todas las luchas de las que estamos compuestas porque dentro de nuestro equipo hay compañeras trans, gordes, racializades, compas que fueron precarizades, y son las luchas que nos atraviesan no un plano discursivo, sino orgánico. Se generó una red de contención y no es que WTTJ tuvo éxito porque más o menos hicimos las cosas bien. Tiene éxito no en el sentido de forrarnos de guita, sino que estamos pudiendo generar más puestos de laburo y plantear otro paradigma, ese es el éxito verdadero porque para que eso suceda nos sostienen y nos alimentan distintas luchas. Nos parece interesante que haya representantes de cada una de esas luchas en nuestras fotos y producciones. Soy consciente que no dejamos de ser una marca de ropa, que hay un producto que se está vendiendo. A veces me escriben odiadores en las redes sociales y me dicen ‘todo para vender una remera’ pero lo que no ven es que a través de esa remera se generó un montón de laburo.No es que estas comprando una remera a un chabón que está precarizando a sus trabajadores y trabajadoras y se compra una lancha, yo viajo en bondi como viajan en bondi les talleristas, acá no es que están inflando un precio ni ayudando a una acumulación de riqueza. También me dicen ‘la ropa debería ser más barata por lo que militan’, pero la verdad es que yo voy a comprar las telas y no me dicen vos que laburas con cooperativas te cobro menos y tampoco puedo comprar telas de mierda porque no puedo estafar a la gente ni estoy a favor de que la ropa la puedan usar solo un día y la tiren y, por otro lado, el pago a les trabajadores, yo no voy a precarizar a les talleristas, el precio de mano de obra va acompañado a la inflación, la misma que sufren los productos y la materia prima, mis trabajadores no pueden pagar el precio de eso. 

Cuando estás en este lugar siempre se empieza a cuestionar mucho, pero yo no veo que cuestionen a otras grandes marcas. Tuve situaciones muy hostiles con militantes del movimiento gorde, que de golpe me exigían con seis meses dentro del mercado que tenga una tabla de talles amplia. Y eso representa mucha plata, no soy la hija de Tinelli que me banca mi papá. A mí me gustaría que eso también se lo exijan a grandes marcas como Zara, que detrás de eso hay monopolios textiles. Es algo en lo que trabajé desde un principio, pero a nivel tiempo y plata no podía. Hay marcas que son tan mierda que venden más caro los talles grandes, en cambio, nosotres vendemos todos los talles al mismo precio, fue todo un proceso poder llegar a eso.

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