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“Puto de mierda, hay que matarte”

por Revista Cítrica
Fotos: Vicky Cuomo
18 de junio de 2019

Yahajaira Falcón, mujer trans y migrante, fue brutalmente golpeada por un grupo de varones en la esquina de su casa en la Ciudad de Buenos Aires. Dos policías vieron el ataque de odio pero no intervinieron para impedirlo y se negaron a detener a los agresores. 

Yahajaira Falcón es una mujer trans venezolana que trabaja en el Ministerio Público de la Defensa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, dentro del Programa Contra la Violencia Institucional. El sábado pasado salió a comprar cigarrillos y a dos cuadras de su casa se cruzó con tres hombres que le dieron una brutal paliza mientras le gritaban: “Puto de mierda hay que matarte”. En ese preciso momento en el que Yahajaira era atacada, pasó un patrullero. Cuando pidió ayuda, los policías se burlaron de ella, la trataron en masculino y la encerraron a ella en el móvil en lugar de a los atacantes.

“Estaba por llegar al kiosco, era de noche, y vi a tres tipos que me empezaron a insultar, me gritaban: Puto de mierda hay que matarte. Crucé de vereda para esquivarlos porque tenía mucho miedo y ahí sentí un botellazo en la cabeza y caí al piso. Me dieron una paliza entre los tres, me pegaron en todo el cuerpo. Justo pasaba un patrullero y grité para que frenen. Los policías me vieron herida, llena de sangre, mientras los tipos me seguían pegando y no hacían nada, eran dos, una oficial mujer y un hombre. Se reían, se burlaban de mí porque les pedía que detengan a los tipos que me habían pegado. 

Como no me ayudaban, llamé a Roberto Cipriano, que trabaja en la Procuvin, lo puse en altavoz y él les dijo a los policías que cualquier cosa que me pasara ellos iba a ser los responsables. Recién ahí dejaron de burlarse de mí, pero a los tipos que me pegaron les dijeron que podían irse y me metieron a mí en el patrullero en lugar de a ellos. Nunca me preguntaron qué me pasó ni por qué me habían golpeado. Roberto les dijo quién era él y quién era yo, donde trabajaba y llegaron a decir que la credencial que les mostré era trucha. Si a mí, que soy parte del Programa Contra la Violencia Institucional, me violenta la policía y estoy pasando todo esto, que queda para mis compañeras que tienen que enfrentarse a este tipo de situaciones todos los días.

Todo el tiempo me trataron en masculino tanto en la comisaría como en el momento que estábamos en la calle. 

Después del llamado de Roberto me bajaron del patrullero y me dijeron que me vaya, les contesté que no me iba a ir, que quería hacer la denuncia y que se lleven preso a los tres que me golpearon, pero ya los habían dejado ir. Quedó uno y me dijeron que no se lo iban a llevar y quiso escapar. Cruzó la calle Forest y justo venía otro patrullero, yo empecé a gritar y los vecinos que me conocen salieron para ayudarme porque ya estaba más cerca de mi casa. Recién ese segundo patrullero se lo llevó. Todo el tiempo me trataron en masculino tanto en la comisaría como en el momento que estábamos en la calle

Todos los días ayudo a mis compañeras a través de este programa, pero muchas veces tuve que pelear para que se cumpla esa ayuda. La mayoría de ellas trabajan en Constitución prostituyéndose porque es el único trabajo que hemos tenido en toda nuestra historia. Porque ahora hay dos o tres travas trabajando en oficina no piensen que la situación está arreglada. Lo que nos dan ni siquiera llega a ser inclusión laboral porque cobramos un sueldo mínimo, a mí no me alcanza para nada. De los 20 mil pesos que cobro tengo que pagar un monotributo de 3 mil. Nosotras tenemos cargos que son un sueldo miseria, pero sigo en este trabajo porque sé que al menos puedo ayudar a mis compañeras. 

Lo que nos dan ni siquiera llega a ser inclusión laboral, cobramos un sueldo mínimo, a mí no me alcanza para nada.

Acá es igual que en el interior, la policía nos lleva, nos detiene, nos violenta, pero no sale en ninguna parte, aparecieron un montón de compañeras trans muertas en Constitución y nadie dice nada. Nosotras no queremos un subsidio, una ayuda, queremos trabajar de manera digna, no precarizadas. Queremos estar en estos lugares para ayudar a nuestras compañeras y por eso nos quedamos, pero estamos precarizadas. No voy a bajar los brazos, voy a seguir luchando hasta el último respiro de mi vida, tenemos derechos y queremos derechos e igualdad eso es lo único que estamos pidiendo, eso y que dejen de golpearnos”.