“No hay forma de pensar la violencia de género sin pensar en la crisis económica”

por Estefanía Santoro
Fotos: Rodrigo Ruiz
13 de diciembre de 2023

La médica y docente Sol Ferreyra analiza por qué un sector de la población rechaza la Educación Sexual Integral y asegura que para habilitar el diálogo con el 55 por ciento de la población que votó a Milei hay que saber que son un grupo muy heterogéneo: “No todes nos odian”.

Sol Ferreyra, más conocida como Sol Despeinada, hace pedagogía en clave de humor sobre sexualidad, violencia de género y Educación Sexual Integral. Creció en Carapachay y hace seis años, cuando terminó sus estudios, se mudó a la Ciudad de Buenos Aires. Desde pequeña la acompaña una creatividad cómica innata que nunca la abandona. Esa faceta que supo combinar con información confiable logró captar la atención de muchas personas que hoy la siguen en redes. Hablar con ella es como estar en un show de stand up compartido, pero cuando el tema lo amerita también se pone seria. 

Sol es médica y docente. Apenas se recibió comenzó a trabajar con pacientes oncológicos en un centro de diagnóstico por imágenes. “El cáncer es una enfermedad que culturalmente se la asocia a la muerte. Me parecía muy rico poder conversar con pacientes que tenían ese diagnóstico, a quienes nadie les sacaba la angustia, aunque otros no lo veían como algo malo". 

Sol recuerda que durante la cursada de la carrera de medicina no se hablaba de aborto, ni siquiera era considerado un tema de estudio, lo aprendió después por su propia cuenta. “Cursé gineco y nunca ví una cheicon porque era todo teórico. Me acuerdo que nos decían ‘no pueden hacer prácticas porque ustedes son 30, pónganse en el lugar de la paciente, no pueden ir todos a toquetear’, desde esa perspectiva para mí tenía mucho sentido, pero lo cierto es que tendrían que organizarse de otra manera porque tampoco me parece que es una ganancia para la academia si los estudiantes pasan por ahí y no pueden ver con sus propios ojos, no podes estudiar las lesiones con una fotocopia en blanco y negro cuando nadie se puede comprar un libro”, reflexiona en el patio de su casa mientras toma mate y acaricia a Ojotas, una perrita blanca con manchas marrones que se pone panza para arriba para que le haga mimos.

En 2018, mientras se debatía la legalización del aborto, Sol se cansó de leer disparates en las redes sociales del estilo "A las dos semanas el bebito ya grita”. Por eso publicó un hilo en la red social X: "Necesitaba explicar cuáles eran los riesgos de hacerte un aborto quirúrgico y que en términos económicos te sale mil veces más barato un aborto con pastillas que una internación. Hice un hilo en tuiter, me fui a bañar y cuando volví tenía el celular tildado por la cantidad de notificaciones que me habían llegado, tenía muchos retweets y empezaron a llamarme para dar notas. En ese momento yo no tenía una referente de salud que esté poniendo la cara para hablar de aborto. Estaban las actrices y la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir pero creo que el problema ahí era que no había una cara y era un momento en el que había mucha persecución en los hospitales. Si las médicas, los médicos iban con el pañuelo verde ya las fichaban. Yo trabajaba en oncología y en mi trabajo nadie vino a decirme nada".

Después de hacerse visible en redes, a Sol la llamaron para hacer una columna sobre género y salud en la TV, la exposición la convirtió en un blanco fácil para los odiadores seriales del mundo virtual que se pronunciaban en contra del aborto. Comenzaron a atacarla y la violencia llegó a niveles impensados. "A partir de ahí empezó una pesadilla: primero fueron los pro vida pero lo peor fue con los liberales libertarios que se dedican a generar fake news. Empecé a recibir un odio generalizado que escaló mucho, publicaron mi celular, me hackearon todas las cuentas con mi mail, me hicieron usuarios en páginas porno y empezaron a llegarme mensajes de amenazas de muerte con fotos de armas. Lo mismo que está pasando ahora pero en 2020, porque son los mismos. En plena pandemia no podía ver a nadie porque atendía a pacientes oncológicos de riesgo y fue muy angustiante, empecé con ataques de pánico, que ya había tenido, no era nada nuevo, pero la situación de encierro no le hizo bien a la salud mental de nadie. Consulté con una abogada que me aconsejó que hiciera una denuncia para que por lo menos quedara el registro y me dieron un botón antipánico que todavía tengo. Por suerte, nunca lo tuve que usar.

–¿Por qué crees que hay tanta resistencia a la Educación Sexual Integral de parte de un sector de la sociedad?
–Ese sector de la sociedad es mucho más heterogéneo de lo que creemos. Hay una perspectiva conservadora clásica que se refiere a los genitales como cuestiones que son privadas y según ellos deben permanecer en lo privado pero no están pensando que los gays se mueran. Simplemente son personas conservadoras que dicen ‘para mí no está bueno hablar de eso en público’ porque tienen pudor. Después está el grupo que lo asocia con ideología de género, ese es el grupo que amenaza, que asocia Educación Sexual Integral con ideología de género y ese sí tiene un componente de odio. Creo que el conservador clásico de 50, 60 años, nunca habló de sexo y le parece que no hay que hablar de sexo en la escuela, pero no tienen odio. El grupo de la ideología de género tiene una posición política tomada, es el que te odia y lo asocia particularmente con movimientos por la diversidad, el feminismo y le ve solo connotación política que para mí la tiene, pero eso no significa que sea partidaria y que sea malo. Después hay un tercer grupo que tiene otro componente que es religioso, ven a la vida desde la concepción y se apoya en conocimientos que ha producido la ciencia y la medicina, que hoy son desmentidos, pero que en algún momento la ciencia avaló. Hay que saber que hay distintos grupos, que no son todos iguales porque si no salimos con el mismo argumento a pelearle a todo el mundo y no todo el mundo piensa igual. 

–¿Crees que eso mismo pasa dentro del sector de la ciudadanía que votó a Milei?
–Sí, no creo que todos nos odien, creo que hay un grupo de personas que tiene tres trabajos y que no llega a fin de mes, que piensa ‘esta es la solución’ y votó en función de ese deseo, pero no nos odia. La parte más reaccionaria, machista y homofóbica no creo que sea la mayoría, tampoco creo que la mayor parte de este país piense de esa manera, quiero pensar que son una minoría, muy resistente y organizada que tiene un pasado histórico. Y con pasado histórico no me refiero a los seguidores de Milei, sino que hablo del machismo que está recontra cómodo. Quiero creer que hay mucha desinformación, que el peronismo hizo mal su comunicación y me niego a pensar que el 55% de la gente que vive en este país nos quiere ver muertas, muertos, muertes. Me parece un extremo. 

 "No creo que toda la ciudadanía que votó a Milei nos odie. Creo que hay un grupo de personas que tiene tres trabajos y que no llega a fin de mes, que piensa ‘esta es la solución’"

–Es una visión interesante la que planteas, al menos para calmar algunos miedos que estamos viviendo en este momento dentro de los feminismos y la población LGBTIQNB+.
–Sí, creo que hay que pensar que el grupo de personas que votamos a Massa tampoco somos un grupo homogéneo donde todos pensamos igual, entonces ellos tampoco lo son y con esto no le estoy bajando el precio a la derecha diciendo ‘no son tan horribles’, solo digo vamos a abstraernos y analizarlo un segundo. Dentro de ese grupo hay personas que quieren que vos sigas teniendo tus derechos pero no quieren ver más peronistas, entonces es un voto antiperonista y eso para mí habilita el diálogo. Quizás no quiere verme muerta, simplemente tiene una necesidad económica y no evaluó otras consecuencias. Tampoco hay mucha educación cívica, hay gente que no tiene ni idea lo que vota, no sabe qué hace un diputado, por ejemplo.

–Hablando de falta de educación cívica, justamente Milei logró captar el voto joven.
–La educación falló y del otro lado hubo mucha comunicación en redes como Tik Tok. Hay que reconocer que ganaron ese terreno, comunicaron a través de eso. Y los chicos absorbieron información a partir de ahí. Ahora todos son economistas, los chicos saben lo que son las bitcoins, el dólar MEP y cuánto hay que invertir porque son pibitos de 18 que consumen vídeos de YouTube de economistas, eso es lo que está en auge. El votante de Milei es un grupo heterogéneo y no va a quedar otra opción que dialogar con ellos y después la realidad misma los va a hacer darse cuenta. El punto de inflexión en esta votación fue la economía, no fueron los derechos, ni la ideología, fue la economía y la posibilidad de sacar al peronismo. Sí se presentaba un ladrillo también lo votaban.

–¿Cómo le explicarías la importancia de la ESI a aquellas personas que no están convencidas de los beneficios que brinda? 
–Lo primero que diría es que los contenidos de la ESI están todos publicados, si voy a discutir con alguien que está en duda con respecto a la ESI, primero debe revisar los  contenidos, después de eso debatimos todo. Pero si antes de eso la discusión va a ser “que con la ESI le pasan los genitales por la cara a los chicos”, como dijo Benegas Linch, ahí no tengo nada para discutir porque para mí es una persona que está con un delirio. Es como que yo venga y quiera discutir con vos que los árboles son celestes. Lo segundo: las pruebas están a la vista, con la ESI disminuyó, al menos en nuestro país, el embarazo no intencional y eso ya es una ganancia importante. La ESI logra que se tome a tiempo el abuso sexual en la infancia porque estos alumnos pueden denunciar o comentar en la escuela lo que pasa en su hogar y a partir de eso se puede tomar a tiempo alguna decisión. Hay una pregunta que me parece clave que es por qué la educación sexual no puede ser en tu casa y tiene que ser solo en la escuela. El primer lugar de abuso sexual en las infancias es el hogar y en el primer puesto está el abuso intrafamiliar, entonces yo no puedo contar que me están abusando enfrente de mi abusador, no lo haría un adulto y menos la haría una infancia que tiene menos herramientas de comunicación, es imposible. Las infancias en su segundo espacio de sociabilización que es la escuela están rodeadas de pares, eso es muy importante porque una cosa es que vos estés sufriendo un abuso de poder, por ejemplo, un abuso sexual y estés rodeado de personas adultas que pueden ejercer ese delito para con vos y otra cosa es contarlo -que más allá de que haya docentes obviamente- donde hay pares, porque el par te entiende y está con vos. Además, la escuela siempre va a tener equipos de personas que se especializan en eso, en tu casa vos podés decir ‘me tocaron’ y tal vez te encontrás con la negación de la familia porque ‘el tío es un chistoso’ o ‘lo hizo pero no se dio cuenta’, en cambio, la escuela va a indagar sobre eso. 

–¿Qué otras problemáticas se pueden tratar desde la Educación Sexual Integral?
–La segunda causa de deserción escolar en nuestro país es el hostigamiento por motivo sexual. Ese hostigamiento hace que esas personas quieran abandonar el colegio porque en el baño la toquetean, o le pegan a la salida, o no quieren ir a gimnasia porque no quieren jugar al fútbol. Para mí dejar la escuela -y esto lo digo con mucha mesura- es un signo de salud mental, es decir, yo si fuera a un lugar en donde todos los días me dicen ‘ojalá te mueras’, lo más lógico es que deje de ir a ese lugar. El problema es que esas diversidades cuando abandonan ese espacio muchas veces, también, las echan de sus hogares y pierden el primer y el segundo espacio de socialización. Son infancias que van a la calle, sobre todo infancias trans. En la calle terminan encontrando familia desde la propia población trans, que por suerte hay mucha red entre ellos y ellas, pero también es cierto que a veces no encuentran esa contención y encuentran explotación sexual y abuso. Hay un montón de infancias en la calle y no sólo son trans. Son infancias que tal vez están más tiempo en la calle porque es el lugar donde se sienten más seguras que en la casa o en la escuela y hay muchas personas que a cambio de que les chupen el pito les compran un sandwich. Los chicos que están pidiendo en el tren son constantemente abusados sexualmente, es re crudo pero en algún momento vamos a tener que sentarnos a hablarlo. Por eso la ESI no es solamente explicar cómo se pone un forro y hablar de menstruación. Ojalá fuera solamente eso. Y quienes no están de acuerdo con la ESI, que presenten una estrategia innovadora, porque no ofrecen nada a cambio.

"La segunda causa de deserción escolar en nuestro país es el hostigamiento por motivo sexual"

Por otro lado, creo que la generación que recibió ESI todavía no es madre o padre, la ley tiene 16 años, entonces me siento un poco injusta si le exijo a esas familias que también den ESI. Yo no tengo ni idea por lo que pasaron esas personas, imagínate que a algunos chicos que reciben ESI, aun con esa herramienta les cuesta contar un abuso, no me podría imaginar a personas que hoy tienen 60 años y no pueden poner en palabras lo que les pasó. No debe ser sencillo sentarse con su hija o su hijo y preguntarle ‘cuándo te quedaste con el tío que pasó’, debe haber mucha negación, porque habla de un familiar tuyo, quizás tu hermano, tu papá y ahí empiezan las negaciones y las dudas. Creo que si esas madres, padres, tutores no tienen esa formación me parece injusto exigirla, por eso, con más razón, esta generación tiene que depositar en la escuela eso y, tal vez, cuando quienes recibieron la ESI tengan hijes lo encaran distinto. 
Hay mujeres que tienen que salir a laburar sí o sí y dejan a sus hijos con el primo mayor o con el vecino, o los dejan solos y salen a la calle, su prioridad es llevar el plato de comida. Creo que no hay forma de pensar la violencia de género y el abuso sexual infantil sin pensar en la crisis económica y migratoria de la que nunca salimos, de la que ningún país de Latinoamérica sale. Es imposible pensarlo como algo aislado, hay que pensarlo íntegramente con otras áreas de nuestra vida. Se hace más difícil pero te da otra apertura, cuando lo heterogeneizas porque si salimos todas, todes y todos con el mismo discurso a hablarle a distinta gente es obvio que el mensaje no les va a llegar. 

–¿Desde cuándo contás con esa facilidad para hacer humor?
–Desde que tengo uso de razón, recuerdo hacer chistes con mi familia y mis compañeritos, las profes me tildaban de payasa, es algo que ni tengo que pensar, me sale solo, salvo cuando empecé a trabajar y me decían, por ejemplo, hablemos de sífilis, pero con humor. Hay mucha gente que no sabe que tomando un antibiótico se va, no podemos largarnos a llorar por una faringitis, entonces no lo vamos a hacer por la sífilis. Charlemos y aprendamos la lección. Hay muy poca información y también creo que el modelo médico hegemónico tiene una característica, que no está descrita pero yo se la adjudico y que es pensar como algo positivo que el paciente tenga miedo porque el miedo te trae a la guardia y es lo que va a hacer que vos efectivamente vengas a la atención. Yo no comparto esa idea, pero tiene sentido que sea una estrategia.

–¿Crees que eso tiene que ver con el derecho a la información del paciente que se viola en ciertas ocasiones?
–Absolutamente, no sólo eso, sino que a veces se da una situación de desventaja muy asimétrica y una relación de poder total. Lo cierto también es que, sin bajarle el precio al maltrato que reciben los pacientes, los bajos sueldos, las horas extras, las guardias recontra extendidas, el maltrato laboral y un montón de cosas más no suman. Al médico que lo maltrataron, lo ningunearon, le pagan dos con 50, está hace 30 años haciendo la misma guardia, va a venir con la peor de las ondas y lo entiendo. Creo que hay de todo un poco, el problema de la atención a la salud no es solo de los médicos, se dan una serie de cosas, es del sistema de salud, los médicos, la gente que a veces es violenta cuando se siente mal y eso no es justo tampoco.