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Que no le quiten el sol a nuestra bandera

por Pedro Patzer
Fotos: Agustina Salinas
12 de junio de 2024

Reflexiones desde el sentimiento argentino sobre los riesgos que conlleva la Ley Bases, particularmente la privatización de los medios públicos y la voluntad de erradicar las expresiones culturales que le dan identidad a nuestro pueblo.

Juan, de Leleque, paraje de la Patagonia en el que las señales de celulares se alteran según el clima, se enteró dos días después de la muerte de su hermano. Ese feriado largo, Radio Nacional había decidido transmitir sólo la señal de Buenos Aires, para no pagar horas extras a los trabajadores de provincia, por lo que Nacional Esquel no emitió el mensaje al poblador y Juan no pudo despedir a su hermano. Ese día sólo se enteró de que la frecuencia del subte porteño era la de un feriado.

Sixto, un changuito de Salavina, Santiago del Estero, era quichuahablante. Los compañeros se burlaban de él, le decían que hablaba la lengua de los marcianos, hasta que Radio Nacional Santiago Del Estero comenzó a emitir el programa “Alero Quichua Santiagueño”, dedicado a rescatar, conservar y difundir la lengua quichua radicada en esa provincia. Esta emisión consiguió que la comunidad asimilara este idioma como parte de su cultura.

Del mismo modo, Joana, una niña afroargentina, pudo sentirse integrada cuando el canal “Pakapaka” lanzó los dibujos animados de María Remedios del Valle, “Madre de la Patria”. Sus padres y abuelos no habían tenido esa suerte ya que Billiken omitió en sus dibujos al batallón de soldados afroargentinos que heroicamente lucharon en el ejército libertador de San Martín.

Canal 7 nos enseñó que había otro Maradona, y que era doctor. Que vivía en la selva formoseña y que curaba a los indígenas del lugar. Esto lo registró un programa llamado “Historias de la Argentina Secreta”, que fue cuna de inspiración de documentalistas y autores. A la agencia Télam le debemos conocer las imágenes auténticas de la Guerra de Malvinas, entre tantas otras imágenes de nuestra historia. 

Nuestro teatro, con el sainete, el teatro gauchesco, el teatro independiente y el teatro abierto se ocupó de contar las otras historias de nuestra historia. Protejamos al Instituto Nacional del Teatro y al Fondo Nacional de las Artes

¿Y qué decir de nuestro cine, que se ocupó de enseñarnos a ser más argentinos y de mostrarle al mundo el valor de nuestras historias, además de ser una gran fuente de ingresos, de generar una industria que crea decenas de miles de puestos de trabajo? Sigamos fomentado dicha industria, con un INCAA saneado y activo.

Privatizar los medios públicos, no fomentar nuestro teatro  y cine, es algo así como quemar la Biblioteca de nuestros abuelos, aquella que por años fue construyendo nuestros saberes. ¿No será mejor recuperar los libros ajados, digitalizarlos, sumar nuevos, pero siempre proteger esos saberes que son el alma de nuestra casa? 

Senadores y senadoras, por favor, no permitan que le quiten el sol a nuestra bandera, el himno a nuestras escuelas, y todos aquellos símbolos culturales que nos recuerdan siempre el camino para volver a casa.