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Las 600 caminatas de Andalgalá

por Susi Maresca
Fotos: Susi Maresca
12 de agosto de 2021

Mientras que en Catamarca el entramado político-judicial-empresario intenta avanzar con megaproyectos extractivos como el de yacimiento MARA (Agua Rica-Alumbrera), la población de Andalgalá mantiene su lucha como el primer día: hace 11 años que caminan todos los sábados para que el falso progreso deje de contaminar los ríos de la provincia.

¿Qué se explica primero? ¿Lo siniestro o la belleza? Martín Cecenarro, docente y músico de la NN, una banda emblemática de Andalgalá, cuenta que cuando está triste o necesita pensar sube cerro arriba a contemplar el silencio. Desde acá, el pueblo se ve pequeño y se dimensiona la poca distancia entre el yacimiento MARA (Agua Rica-Alumbrera) y las nacientes de los ríos que abastecen a la ciudad. Un pájaro sobrevuela a centímetros como un estallido mágico. “Tiene que ser una buena señal”, dice Martín. Aquí está la biodiversidad, la belleza de la naturaleza. Solo hace falta verlo, estar, observar, oler, escuchar.

Todo eso está en peligro por la megaminería.

Andalgalá se encuentra 248 kilómetros al norte de San Fernando del Valle de Catamarca y a 1280 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es la tercera ciudad más poblada de la provincia, cuyo gobernador es Raúl Jalil. Al poco tiempo de asumir su cargo, Jalil designó a su hermano Fernando a través del decreto 215/2020 como el nuevo presidente de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD). El nombramiento fue firmado por el presidente Alberto Fernandez, el jefe de gabinete Santiago Cafiero y el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas. Así todo quedó en familia.

Unos meses después, el 24 de diciembre de 2020, la Justicia Provincial catamarqueña derogó, con total impunidad y sin el consentimiento de la población, la ordenanza municipal andalgalense N°029/16 que en su Artículo 1° dice: Prohíbase la actividad minera metalífera de Oro, Cobre, Plomo, Plata, etc… en la modalidad denominada a cielo abierto o a tajo abierto, y la actividad minera de minerales nucleares de uranio y torio, en cualquiera de sus formas, en la cuenca alta del río Andalgalá”.

El fallo judicial llevó las firmas de la presidenta del tribunal, Vilma Juana Molina, y de los ministros José Ricardo Cáceres y Miguel Figueroa Vicario. Inmediatamente después, la empresa Yamana Gold anunció el proyecto MARA (Minera Agua Rica-Alumbrera) con participación mixta: privada a través de la multinacional suizo-canadiense Glencore Xstrata, Goldcorp y Yamana Gold; y del Estado por medio de los Yacimientos Mineros Agua de Dionisio, a cargo del hermano del gobernador, el Estado provincial catamarqueño, la Universidad Nacional de Tucumán y el Gobierno Nacional.

¿Qué es el proyecto MARA? Una explotación de megaminería a cielo abierto para extraer oro, cobre (elemento fundamental para las baterías de litio), plata y molibdeno. Este yacimiento es tres veces más grande que Alumbrera. Algo muy difícil de dimensionar por su envergadura destructiva. El megaproyecto se ubica a 17 kilómetros de la ciudad de Andalgalá, justo donde nacen los ríos que proveen de agua a toda la región.

 

Tan transparente que no se ve

Las sedes de las empresas mineras, que explotan los cerros y perforan las venas de la tierra, están con candado. Cerradas y bloqueando un camino. Nos acercamos a la puerta de la sede de la empresa en la ciudad, donde fue trasladada luego de los incendios del pasado 12 de febrero, y un hombre de una empresa de Seguridad nos dice que no podemos pasar a sacar fotos. Hay que hacer trámites. No te dejan. Burocracia. Una voz en un handi aparece en la escena:

--Rodríguez ¿necesitás refuerzos? --dice. El seguridad nos mira. Dice que no.

A la puerta de Yamana Gold, la que está en el cerro, no podés atravesarla ni como periodista ni como ciudadano común. Ellos dicen que no le hacen daño a nadie, que cumplen con las consultas, que está todo en regla, pero no te dejan ver lo que hacen ni de lejos ni de cerca. Ni sola, ni acompañada. “Puede consultar nuestra web, todo está disponible con total transparencia”, es la respuesta. De tan transparente, no se ve.

 

Con la lupa de la experiencia

El viernes 6 de agosto, un día antes de la caminata 600, integrantes de la Asamblea El Algarrobo y Mariana Katz, la abogada de la causa contra Agua Rica, fueron al Concejo Deliberante de Andalgalá a pedir información: se habían enterado que la Empresa Yamana Gold, con autorización del Gobierno provincial de Raúl Jalil, comenzaría a realizar 11 nuevas perforaciones sin consulta alguna ni anuncio oficial. En la más absoluta oscuridad.

“Hace unos días vinimos a pedir información acerca de los nuevos avances de la empresa minera sobre nuestro territorio. En un primer momento no se encontraba ni de forma digital ni física ningún documento. Presentamos varias notas para que nos reciban y hoy nos avisaron de sorpresa que lo harían. Nos dieron los documentos en formato digital a pesar de que no todo el mundo tiene posibilidad de ver esa información”, comentó al salir de la reunión el asambleísta Brian Chayle.

El informe de impacto ambiental forma parte de la consulta pública pero tiene cerca de 10 mil páginas. De esa forma, la empresa se resguarda de que lo que está haciendo es legal, aunque no lo sea. “Nosotros les dejamos en claro que vamos a seguir defendiendo nuestro territorio, como venimos haciendo hace más de 11 años, porque somos conscientes de que la megaminería es un terricidio para nuestra ciudad. No nos vamos a conformar con que el Gobierno de la provincia, sea cuál sea la persona de turno, nos quiera imponer el fin de nuestra ciudad a costa de un par de pesos para ellos”.

Según la abogada Mariana Katz, la empresa desoye una causa judicial nacional que aún no está resuelta. “El concejal Almada nos informó que se autorizaron 11 nuevas perforaciones y están en estudio 15 perforaciones más. Se excusó en que es una ampliación, que son cuestiones técnicas que tienen que ver con cómo es el procedimiento minero”, cuenta.

Hay un fallo de la Corte Suprema en el que se describen las condiciones correctas dentro del marco legal, y sobre eso gira la discusión: “Ellos a todo lo llaman consulta pública. No se puede participar de una consulta pública si la población no tiene la información concreta y accesible de los impactos que generan estos avances extractivos. Están violando un fallo judicial de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y ninguno de los concejales allí presentes se espanta por ello”. En definitiva, les dieron cinco días para presentar cualquier contravención a ese informe.

Katz también advirtió que las causas judiciales a les vecines detenides presentaron muchas irregularidades, pero que pese a eso, el proceso sigue.

 

Un grito de la montaña

En medio de todo esto también está la belleza. Los cordones montañosos parecen de terciopelo. Es como si el sol los acariciara y fueran peluditos. El nevado se ilumina allá arriba y las capas de siluetas de los cerros lo van vistiendo de gala. Hay unos jazmines silvestres, amarillos, que te inundan los pulmones con un olor dulce y cálido. Las flores de los duraznos que abundan en el verano, resaltan los ocres del invierno. Los cerros del Aconquija, a ciertas horas de la tarde, parecen venas que se asemejan a nuestro sistema circulatorio humano. Imaginar por un instante un agujero gigante, que de tantos metros te cuesta dimensionar, en ese circuito sanguíneo asusta. Un agujero gigante lleno de veneno. ¿Puede no afectar la biodiversidad y el ambiente?

En esa inmensidad de la montaña es más sencillo entender la otra inmensidad, la de un pueblo que camina hace 600 sábados y que elige ese acontecimiento por sobre cualquier otro. Salen cada sábado, contra todo pronóstico, para decir simplemente que quieren seguir viviendo como viven, que las regalías del 3% (que terminan siendo del 1%), que esos dólares a los que llaman la salvación desde los distintos gobiernos, no les representan ningún progreso. 

Que el trabajo genuino que necesitan tiene que ser respetuoso con el medio ambiente en el que viven y con el agua que toman. Que hay otras soluciones con apoyo de políticas públicas que apuntalen el desarrollo de productores locales y las condiciones para el turismo. Caminan para expresar en ese ritmo colectivo que no necesitan la megaminería para vivir.

Porque todas las experiencias cercanas, bien cercanas, como Bajo La Alumbrera, solo trajeron enfermedad y muerte al irrumpir en economías regionales con actividades ancestrales. El extractivismo cambió y destruyó modos de vida. La megaminería sólo trajo a esta región desplazados; productores fundidos; pobladores que se quedaron sin sus fincas porque los viejos canales de riego no están mantenidos ni cuidados y el agua no llega; enfermos, desocupados y violencias de género.

El mayor desasosiego cuando llegás a los lugares menos visibilizados de nuestro país es tener la certeza de que no hay interés político de que la gente se desarrolle con lo que hizo toda la vida y que está en relación básicamente con la vida que quieren vivir. La solución de la transición energética a costa de sus existencias, que acá se escucha en los spots de la radio y la TV como el ansiado progreso, la revolución verde en la ciudad, tan sólo demuestra la desigualdad histórica de este sistema de consumo y destrucción. Los señores del desarrollismo, que ya destruyeron medio planeta, dicen querer subsanar los desastres ambientales sacrificando poblaciones enteras como si valieran más como humanos unos que otros. Un saqueo posmoderno.

Pero acá hay un pueblo que camina en colores, como los cerros del Aconquija. Prepara carteles, organiza rifas, trata de contener a les compañeres que se quedaron lastimados por las persecuciones y detenciones. En esta caminata se dejan de lado todas las diferencias: las políticas, las sociales, las religiosas, las culturales. Todo confluye en este reclamo. Todos los ríos, tarde o temprano, van al mar.

 

Voces que caminan

La pregunta surge entre los pasos, los gritos y los colores de este reclamo histórico. La pregunta: ¿Qué significan para vos estas 600 caminatas? Las respuestas son múltiples. 

Rosa Farías (58 años): “Las 600 caminatas son 11 años de transitar las calles de Andalgalá pidiendo respuesta a las autoridades que nunca son dadas. Es un esfuerzo que se hace con alegría y con compromiso por la vida”.

Chela Ignes (62 años): “Son lágrimas, sudor y caminar. Caminar y caminar con la esperanza de que alguna vez algún gobierno nos escuche, porque sabemos cómo se manejan los gobiernos nacional, provincial y departamental. Queremos que algún día nos escuchen y respondan al pueblo de Andalgalá, que está luchando también por todos los pueblos que reclaman su derecho al agua, al derecho a la vida y a la salud sana”.

Yaya (77 años): “Vengo a las caminatas desde hace muchísimo tiempo. A mi me da fuerza cada vez que puedo ir a una caminata. En mi familia ya somos tres generaciones caminando. Me voy a morir tranquila porque vengo con mis nietos. Antes venía con mis hijos y no les tenemos miedo, eso es lo que más fastidio les da. Eso nos hace ser más fuertes. No hay buenas leyes en la Argentina en ninguno de los gobiernos que hemos transitado, promesas incumplidas de todos. Pero seguiremos luchando porque nadie nos quita del alma la lucha. Seguimos diciendo no a la mina. No es no”.

Raúl Barrionuevo de Choya (73 años): “Las 600 caminatas para mí significan todo el tiempo que nos tienen preocupados con la desaparición de nuestro pueblo, Andalgalá, Choya, Potrero, Huaco, La Aguada, en fin, todo Andalgalá. Es la lucha que no tenemos que abandonar nunca por defender la vida”.

Ailén Saracho Diamante (22 años): “Las 600 caminatas para mí significan ratificar y afirmar que queremos seguir viviendo en Andalgalá, no queremos ningún emprendimiento minero, ni MARA ni Agua Rica. Y además significa lucha, resistencia y que seguimos de pie”.

Teresa Carrizo (38 años): “Significan la persistencia de un pueblo que no se da por vencido por más de que tenga a todos los gobiernos en contra, a toda la política corrupta en contra, pero que no da el brazo a torcer y esto puede ser el principio de algo muy fuerte porque peleamos por una causa justa que es nuestro medio ambiente, nuestra agua por sobre todas las cosas y que le va a servir a las generaciones futuras”

Daniel Aráoz Tapia: “Yo vengo de San Miguel de Tucumán donde la Universidad pública de ahí es cómplice de este terricidio. Para mí es muy fuerte que este pueblo me haya enseñado lo que me enseñó hace 11 años”.

Silvina Reguera (52 años): “Significa ponerle freno a la corrupción. Para mí la corrupción está antes de la megaminería. La corrupción es la que trajo la megaminería, la que trae todos los males, la pobreza, la contaminación y la muerte y los gobiernos estos son corruptos”.

Ricardo (53 años): “Vengo de Buenos Aires y acompaño la lucha de Andalgalá porque son un ejemplo de sociedad. En forma de asamblea empezó a decir lo que quiere y lo que necesita. Ese ejemplo es el que pretendo seguir y hacer seguir a quien pueda escucharlo y creo que Andalgalá es el ejemplo”

Pipo Cecenarro (62 años): “Estas 600 caminatas son la confirmación de la lucha inclaudicable del pueblo andalgalense, de lo que somos nosotros, lo que queremos, de lo que amamos esta tierra y por supuesto defendemos la vida y defendemos nuestra agua”.

Yamil Baigorria de Belén (43 años): “Son la expresión popular que se manifiesta en esto que ha logrado la Asamblea El Algarrobo y que es realmente increíble. Uno lo vive con mucha alegría, más allá de la situación particular de que las máquinas siguen en el cerro y de todo lo que pasó hace poco con las detenciones. Pero el hecho de que siga la gente acá después de 600 caminatas para mí es una celebración”.

Gabi Mansilli (30 años): “Es un símbolo de resistencia y al mismo tiempo el lugar de encuentro de las caminatas es lo que nos enriquece y nos mantiene en pie y que por eso sigue rodando todo esto. Poder encontrarnos hoy, con todo lo que venimos viviendo en el contexto global que conocemos, poder encontrarnos hoy para mí es lo más lindo que tiene Andalgalá, este punto de encuentro, esta familia que es la Asamblea El Algarrobo”.

Caro Alcaráz (27 años): “Son lucha, unión, la resistencia de un pueblo que no se doblega nada. Yo creo que un poco más de 600 caminatas y las mineras desisten”.

Fernanda Reina Mora Azul (58 años): “Pertenezco a las mujeres del silencio, somos las primeras mujeres que comenzamos con las caminatas aquí en Andalgalá reclamando por todas las judicializaciones a les vecines. Para mi las 600 caminatas son la continuidad de un reclamo por el agua y por los cerros pero también pidiendo justicia a la Corte. Que el gobierno haga oídos a todo lo que decimos, principalmente que bajen las máquinas. Como dice nuestro Jorge Divididos (otro integrante de la NN), aquí caminaremos hasta que Dios diga y Pacha nos sostenga”.

Indiana (7 años): “Mi dibujo es sobre el cerro, quiero que no lo toquen y que sea siempre así de lindo”.