“El pueblo mapuche representa un obstáculo para el extractivismo”

por Maxi Goldschmidt
Fotos: Julieta Colomer
25 de octubre de 2021

El periodista Adrián Moyano se radicó en Bariloche en 1991. Desde ese año estudia y aprende de la cosmovisión mapuche y reconstruye la historia negada por el relato oficial. Su mirada sobre el resurgimiento de un discurso de odio, la situación de las comunidades a ambos lados de la Cordillera y la negación política del genocidio cometido en los territorios ancestrales.

“Asomarse al mapuzugun es muy revelador, es clave para poder entender el azmapu, lo que a falta de mejor definición se traduce como cosmovisión mapuche”. Adrián Moyano ya había pasado los treinta años cuando comenzó sus clases de mapuzugun en la escuela de arte de Bariloche, adonde llegó para quedarse en 1991. Cuatro años después, como periodista cubrió para FM Mascaró el largo conflicto en Pulmarí, un hito para las comunidades de la zona, que fueron reprimidas, desalojadas y perseguidas judicialmente por defender su territorio ancestral. 

Moyano se acercó al Centro Mapuche y a la Organización de Comunidades Mapuche Tehuelche 11 de octubre, que tenía mucha influencia en el noroeste de Chubut y había motorizado, entre otras, la resistencia en la estancia Leleque, cuando Rosa y Atilio, una pareja mapuche que vivía en esas tierras desde siempre, resistió el desalojo a pedido de Luciano Benetton.

Con el envión del quinto centenario de 1992, eran tiempos de reemergencia del movimiento autónomo mapuche, que ya del lado chileno se había levantado contra el intento de la dictadura de Pinochet de dividir las tierras comunitarias para su venta. Fue por mediados de los noventa que el azmapu (“esa manera de entender la vida, la naturaleza, la humanidad, lo colectivo, lo personal”) se transformó en una opción personal para Adrián Moyano, quien a partir de entonces se puso a investigar y profundizar en el mundo mapuche.

Recientemente volvió a Buenos Aires y participó de la Feria de Editores, donde estuvo firmando ejemplares de Por su valentía se llaman tigres. “Indios rebeldes” en el País del Nahuel Huapi, su nuevo libro publicado por Carminalucis. Allí se realizó esta entrevista. 

–¿Este tiempo tiene algo de aquel resurgir de los noventa?
–Yo lo entiendo como una continuidad de ese proceso. De hecho hay conceptos que se esgrimen en la actualidad que se elaboraron en aquel momento. El concepto de autonomía, de interculturalidad, que no se llamaba así entonces. Lo nuevo es que hay una fuerza política nacional y fuerzas políticas provinciales que trabajan para hacerle creer al pueblo argentino que el pueblo mapuche es el enemigo público número uno. Y eso ha otorgado una visibilidad no del todo positiva, pero una visibilidad que antes no existía a escala nacional. De 2016 a esta parte, la derecha neoliberal y expresiones provinciales han arremetido con mucha fuerza contra el pueblo mapuche, generando muertos, heridos. Es la primera vez, desde la Campaña del Desierto, que proclamarse antimapuche es redituable electoralmente. Eso no lo había visto nunca.

"Hay una fuerza política nacional y fuerzas provinciales que trabajan para hacerle creer al pueblo argentino que el pueblo mapuche es el enemigo público número uno"

–¿Por qué pensás que ocurre en este momento?
–Hay una cuestión estructural y una más de coyuntura. La manera de entender la vida mapuche es antagónica respecto del capitalismo, respecto del Estado, o inclusive de la democracia parlamentaria y del sistema de partidos políticos. La forma tradicional mapuche de organizarse, por decirlo en términos occidentales, es de democracia directa. El pueblo mapuche nunca construyó un Estado. No hay un líder mapuche al cual sobornar para que se caiga todo el resto de la movilización. Eso pasa tanto del lado chileno como del argentino. Y más recientemente, el pueblo mapuche está en territorios que son apetecidos por el extractivismo en sus diversas formas y es un obstáculo para la concreción de esos negocios. Del lado chileno, las forestales, las pasteras, las salmoneras. Del lado argentino, las petroleras, las megamineras y, en los últimos años, la variante inmobiliaria y turística del extractivismo: jeques árabes, el Grupo Burco, Máxima (Zorreguieta). Gente con mucha cercanía con los partidos que gobiernan Río Negro y Neuquén.

–¿Qué pasa con las otras fuerzas políticas, como por ejemplo la que gobierna el país?
–Históricamente, el kirchnerismo o el peronismo en su versión más reciente interpreta a los pueblos indígenas como un sector social más a incluir. No los termina de identificar como pueblos que tienen derecho a la libre determinación. Incluyen a los pueblos indígenas en sus medidas de inclusión social, lo que nadie discute y está buenísimo. Pero nunca fueron capaces de sentarse a discutir cómo reglamentar la consulta previa, libre e informada. Cómo avanzar hacia la titularización comunitaria de las tierras. El relevamiento es de 2006. ¿Tanto cuesta finalizarlo? Evidentemente, hay una decisión política estatal, porque fueron dos gobiernos kirchneristas y uno macrista donde no se quiso avanzar con el relevamiento. Cuando asumió este Gobierno, y cuando el actual presidente reivindicó a Evo Morales y alabó el modelo boliviano, la Confederación Mapuche de Neuquén propuso discutir la plurinacionalidad. Hablando mano a mano, algunos funcionarios del último Gobierno de Cristina admiten que el Estado está fundado sobre un genocidio, que hay que reconocerlo y repararlo. Pero en los hechos ni siquiera se avanza con la ley de propiedad comunitaria para las comunidades indígenas. Y en el medio, el Presidente dice que venimos de los barcos. Eso ofendió. Es hiriente, doloroso, negador una vez más. Y supuestamente es el sector político que trabaja para superar injusticias históricas.

–¿Que el tema mapuche políticamente sea algo más marginal en Argentina que en Chile tiene que ver sólo con una cuestión de cantidad de comunidades de un lado y del otro de la Cordillera?
–En Chile hay siete pueblos originarios, en Argentina 36. La influencia numérica del pueblo mapuche en términos relativos en Chile es mayor a la que tiene el pueblo mapuche en Argentina. Pero son varios los factores. Uno es el histórico, donde hay similitudes y diferencias. El Estado argentino casi en forma simultánea y posteriormente a la Campaña del Desierto implementó una política de desterritorialización del pueblo mapuche. La abrumadora mayoría de las comunidades que conocemos en la actualidad no son históricas, se han conformado a fines del siglo XIX o en las primeras décadas del siglo XX en territorios que no eran los suyos originales. Además, había un patrón de movilidad muy importante y difícil de entender desde la perspectiva actual cuando se entiende un lugar como un terreno o una ciudad o un municipio. La concepción territorial del pueblo mapuche incluía miles y miles de kilómetros, de la cordillera al mar, en una época del año un espacio, en otra época del año otro espacio, de acuerdo a los ciclos de la naturaleza. En cambio, en Chile se implementó la política de reducciones. A la gente que sobrevivió a la ocupación de la Araucanía se la pretendió asentar en un espacio determinado que se fue paulatinamente cercenando. Pero era ese mismo lugar de origen. Eso generó seguramente el efecto no deseado por parte de los ideólogos chilenos, de que en esos lugares, en un punto semicerrados ante el exterior, la preservación de la cultura tradicional fuera más “exitosa” que en los lugares a los que se procedió a desterritorializar, proletarizar y llevar a ciudades. Hay estudios que hablan de, incluso antes de 1879, miles de mapuche ranquenches conducidos a los ingenios azucareros del norte para trabajar en la zafra en condiciones de esclavitud. Otro tanto pasó en Mendoza, en Misiones, en Buenos Aires.

"Hay funcionarios que admiten que el Estado está fundado sobre un genocidio, que hay que reconocerlo y repararlo. Pero en los hechos ni siquiera se avanza con la ley de propiedad comunitaria"

–Sin embargo, los frutos de ese resurgir están a la vista. Crecen las recuperaciones, no sólo del territorio, sino también de la lengua, de la cultura. ¿Quizás también por eso la reacción de la derecha? Un pueblo que parecía exterminado ocupa cada vez más lugar en la escena pública. 
–Hace unos años cuando organizábamos algunas actividades y discutíamos qué hacer y qué no hacer, siempre decía “a nosotros nos van a dejar avanzar hasta que empecemos a afectar intereses económicos”. Hasta ese momento no habrá ningún problema, hasta queda folklórico, turístico para una ciudad como Bariloche. El tema es cuando llegan nuevos intereses económicos y hay comunidades en procesos de recuperación, y hay intenciones de transformar toda la cordillera en una especie de lugar para turismo de altísimo nivel adquisitivo. O cuando se pretende represar un río, como el caso de la comunidad Pillan Mahuiza. O para el lado de la estepa abrir nuevos emprendimientos con las mineras. Ahí cierra el círculo del por qué. Cuando publiqué mis primeros libros tenía la intención de incluir todo el mapuzugun que pudiera, algo que me han criticado. Y hoy no siento esa necesidad porque han proliferado grupos de aprendizaje y de enseñanza de mapudungun en ambos lados de la cordillera.

–¿Es una exageración decir que el territorio mapuche es la Palestina de Sudamérica?
–Para mí era una exageración hasta que lo vi en el terreno. Hace varios años viajé a Chile y no podía creer la cantidad de retenes y tantos carabineros hostigando a las comunidades. La lista de presos políticos y de peñis muertos se fue nutriendo con los años. Hay elementos en común desde la perspectiva del territorio ocupado. Chile y Argentina están construidos sobre un genocidio que no está reconocido y la integridad territorial argentina que conocemos en la actualidad no es la histórica. Cuando empezó el asunto en 1810, la frontera pasaba a 180 kilómetros de Buenos Aires. El resto era territorio mapuche tehuelche libre. Y estoy seguro que la mayoría de la gente ignora eso. Hay una antropóloga amiga, Claudia Briones, que dice que hay un estadocentrismo que se proyecta eternamente hacia atrás como si siempre hubiera existido la Argentina. Y eso es falso. Es una construcción. El pueblo mapuche es preexistente al Estado argentino y chileno. Está demostrado por la antigua toponimia. Hay presencia mapuche en las actules provincias de Rio Negro, Neuquén y Chubut que se pueden rastrear hasta 1620. Casi doscientos años antes de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 


Sobre Adrián Moyano

Nació en 1964 en Buenos Aires. Es periodista, licenciado en Ciencia Política y escritor. Desde 1991 vive en Bariloche. Trabajó para medios gráficos y radiales. Escribe desde hace 18 años en el diario El Cordillerano. Publicó cuatro libros de historia mapuche: Crónicas de la resistencia mapuche (2008), Komütuam descolonizar la historia mapuche en Patagonia (2013), A ruego de mi superior cacique Antonio Modesto Inakayal (2017) y Por su valentía se llaman tigres... (2019).

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