El agua en Argentina: contaminación, cambio climático y agroindustria

por Que Digital
15 de abril de 2024

En la quinta edición de la Asamblea Mundial de la Salud por los Pueblos, Marta Maffei trazó un panorama sobre la problemática del agua en el territorio argentino y advirtió por los niveles de arsénico en Mar del Plata.

El acceso al agua es un derecho que no está garantizado para todas las personas. En Argentina, esa realidad queda aún más expuesta ante el avance del cambio climático, el modelo hegemónico agroindustrial y los intereses de los grandes poderes económicos mientras, del otro lado, los sectores más marginados y pobres de la sociedad son quienes sufren las consecuencias en primera persona del desabastecimiento y la contaminación −en Mar del Plata, por ejemplo, con “altos niveles” de arsénico−.

En esa dirección apuntó su exposición, en el marco de la quinta edición de la Asamblea Mundial de la Salud por los Pueblos que se realizó en los últimos días en Mar del Plata, Marta Maffei, docente, dirigente sindical, integrante de la carpa blanca en los ’90, ex diputada nacional y especialista en temas de formación socioambiental. 

“Si no aprendemos esto, va a ser difícil que la cuidemos porque nos educaron mal”, dice entre sus primeras palabras Marta, en un tono pedagógico y paciente, luego de tantos años de docencia.

Así, reconoce que el agua es un bien limitado, valioso y que “hay que cuidarlo” mientras los discursos dominantes, ligados a los grandes poderes económicos, se encargan de afirmar que el ciclo hidrológico o la tecnología van a solucionar las problemáticas que en la actualidad “escalaron a niveles altísimos”. Todo eso, sumado al actual discurso negacionista del propio presidente, Javier Milei, sobre el cambio climático.

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“La escasez en Argentina la trazamos con una diagonal de norte a sur. Al este, tenemos el 85% del agua. Al oeste, el 15%. De un lado tenemos abundancia, exceso, a un millón y medio de personas que viven en la pobreza y que cada vez que llueve y los lagos o ríos desbordan, tienen exceso de agua. Y del otro lado, tenemos una situación en muchos casos de desierto absoluto donde es muy difícil la producción, el desarrollo, la siembra, el cultivo. A esas dificultades en el oeste seco, los grupos económicos definieron que ahí hay minerales ¡aleluya!“, cuestiona.

Así, Marta asegura que la “poca” agua de los glaciares se utiliza para las explotaciones mineras que “destruyen absolutamente todo” y a partir de las cuales, según las formas de explotación de las rocas y el tratamiento con químicos que se utiliza para ello, “solo se genera contaminación” con restos de partículas en el agua de metales pesados, cesio, uranio, radón, entre otros.

“De un lado, exceso. Del otro, carencia. Y en los dos lados, contaminación“, define como parte del mapa del agua en el territorio nacional.

 
EL AGUA EN MAR DEL PLATA, CON ARSÉNICO

Para Marta, si bien hay muchas formas de contaminación del agua, dos son esenciales. Una de ellas es la que se da de manera orgánica o “natural” y la otra es antrópica, es decir, resultado de la actividad humana. “La contaminación natural más fuerte en Argentina, la más severa es el arsénico. Tenemos grandes zonas que abarcan más de cinco provincias con alto contenido de arsénico”, sostiene y rápidamente advierte por la situación de Mar del Plata.

“El arsénico no debería de pasar de los 10 microgramos por litro y pasa. Casualmente acá, en Mar del Plata, hay 70 microgramos por litro. Mar del Plata tiene mucho arsénico, es una zona peligrosa para la vida y la salud y se necesitan filtros y cuidados. No se puede tomar agua de pozo”, plantea.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Argentina está entre los países con más altos niveles de arsénico en aguas subterráneas. Además de la exposición a través de la ingesta del agua, el arsénico llega a través del riego de los cultivos de frutas y verduras, e incluso de alimentos caseros preparados con el agua contaminada. Entre sus efectos, la OMS confirmó que puede causar cáncer, lesiones cutáneas, problemas en el embarazo y en el desarrollo de niños y niñas.

A nivel nacional e incluso local, son diversos los estudios que advierten por las concentraciones de arsénico  en diferentes puntos del territorio argentino, pero en particular en el sudeste de la Provincia de Buenos Aires. Un informe de la dependencia local del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) publicado en 2021, por ejemplo, reparó en las concentraciones elevadas de arsénico en el acuífero Pampeano, la principal fuente de agua subterránea de la que se abastece Mar del Plata y otras localidades de la costa atlántica.

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Por otro lado, en un reciente informe que se desprende del polémico estudio Sprint, especialistas advirtieron por el agua de consumo analizada en busca de restos de plaguicidas en parte de la pampa húmeda y Mar del Plata que, una vez más, puso en evidencia la brecha que existe a la hora de acceder a agua potable segura en la ciudad y que son quienes viven en los barrios más alejados en el norte, sur y sudoeste de General Pueyrredon, quienes ante la falta de acceso al agua de red, consumen a diario agua (más) contaminada con restos de agroquímicos y, según señala Marta, también arsénico.

Al igual que los investigadores que señalaron la necesidad de que empresas u organismos como Obras Sanitarias (OSSE) revisen sus parámetros al momento de analizar el agua e incluir agroquímicos que fueron incorporados en los últimos años en el campo, pero que no son tenidos en cuenta a la hora del análisis −o bien difieren de los niveles aceptados por la OMS−, para Marta con el arsénico sucede algo similar: “Hay poco estudio, investigación y divulgación de lo que está sucediendo. Si no mejoramos los estándares de información, no se pueden tomar decisiones política ni sanitarias”.

Y pone de ejemplo, tal como sucedió en la zona oeste rural de General Pueyrredon, los análisis que se realizan sobre al agua de pozo que consumen las escuelas rurales de la Provincia de Buenos Aires: “Te hacen una investigación sobre los agrotóxicos en el agua con una plantilla de hace 30 años donde no se incluye ninguno de los tóxicos actuales. Es un esfuerzo económico y una pérdida de tiempo, de reactivos, que termina siendo inconducente para tomar decisiones políticas”, plantea en una entrevista con Qué digital.

“En Argentina hay una voluntad política de no entorpecer al modelo agroexportador. Y también es ocultista respecto a todas estas cuestiones que pueden generar conflictos a los grupos económicos dominantes”, señala respecto a los resultados del Sprint que fueron foco de denuncias por “censuras” luego de encender las alarmas por las cantidades de restos de agroquímicos hallados en el cuerpo de los argentinos que participaron del estudio.

PRIORIZAR LA SALUD POR ENCIMA DE LOS “GRANDES NEGOCIOS”
 

La problemática del agua (su abastecimiento, calidad y gestión) es mundial, define Marta. En ese sentido, entiende que Argentina tiene que apostar a construir estrategias mundiales para comenzar a poner la vida por encima de los intereses de los grandes negocios que abarcan la minería, el fracking, la explotación petrolera offshore y el modelo agroindustrial.

Aunque el país tiene mucho ganado −según Marta “más de una vaca para cada uno”−, el avance de la agricultura transgénica en Argentina llevó a que los campos de ganado se transformaran en campos agrícolas para aumentar la producción y las ganancias.

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¿Las consecuencias de ese modelo? Los animales son criados en feedlot, un sistema intensivo de engorde en corrales, en donde al estar hacinados “para no morir de intoxicación, los llenan de antibióticos y así todos los seres humanos tenemos resistencia a los antibióticos, o por lo menos menos las personas que comemos carne”.

Ese ejemplo, para Marta, es uno de los tantos que muestra que se trata de un “gran sistema” que funciona y es funcional a los grandes poderes económicos pero que solo profundiza la desigualdad para la sociedad en su conjunto y, en especial, para los sectores que menos tienen: “El sistema agrario genera un sistema animal, el sistema animal genera nuestra dependencia, enfermedad y la contaminación del agua“.

Y, como parte de ese sistema que solo lleva a profundizar las desigualdades pero también las problemáticas, explica que para consolidar ese avance de la agricultura y ganadería en Argentina, “se desmontó todo el caudal de bosque nativo y perdimos en los últimos 100 años el 7% de los bosques”. Así, con ese 3% restante “hay que enfrentar el cambio climático y el exceso de lluvias porque por eso hay inundaciones, el bosque es un gran absorbedor y gran evaporador pero hemos alterado el ciclo del agua”, considera.

Para cerrar su exposición dentro del panel “Modelos de maldesarrollo y salud de los ecosistemas”, acompañada por otros referentes de la región de México, Alemania y Paraguay, Marta no dejó pasar los proyectos en busca de la explotación petrolera offshore frente a Mar del Plata.

 

 

Así, cuestionó críticamente en términos ambientales la llegada del barco que se instaló semanas atrás a 300 kilómetros de la costa de Mar del Plata para iniciar en el bloque CAN 102 con las tareas de exploración sísmica (bombardeo sonoro del lecho marino para registrar información geológica) que, considera, “va a matar ecosistemas y destruir todo para sacar petróleo y contaminarnos con la salida del gas y el petróleo”.

En duros términos, y en sintonía a las voces ambientalistas de quienes se oponen a los proyectos de expansión petrolera, consideró que lejos de traer progreso y ganancia, la instalación de las petroleras van a arremeter contra el ambiente ante posibles derrames de petróleo pero también contra la pesca y la producción del Puerto de Mar del Plata: “Va a quedar ocioso porque van a venir los barcos que se llevan el petróleo en vez de venir los barcos que se llevan el pescado”.

En esa línea, los “dos grandes ejes de ganancia” de Mar del Plata, según define Marta, el turismo y la pesca, van a terminar “estropeados” al igual que “la vida de los marplatenses”.

 

Para cerrar, Marta vuelve a poner el foco en la necesidad de colocar a la vida y a la salud por sobre los negocios. Si bien está claro que el agua es un bien finito y que el cambio climático es un hecho, considera que “tiene que haber consultas públicas (de la sociedad para la toma de decisiones en la materia) que sean vinculantes. No es que el pueblo dice ‘no’ y el gobierno dice ‘nos dijeron que no, pero sí'”, plantea.

“El agua es indispensable para todos y para cualquier forma de vida. No sólo tenemos que pelear por el derecho al agua de los humanos, sino por el derecho a la vida de todos los ecosistemas porque el deterioro del agua además de creciente, es acelerado“, concluye.