Así destroza vidas Patricia Bullrich

por La Garganta Poderosa
14 de noviembre de 2018

Lucas fue a comprar ropa pero se cruzó con la represión de la policía durante el tratamiento del Presupuesto 2019 en Diputados y no sólo no consiguió los shorts que iba a buscar sino que también perdió su trabajo porque le quedó un antecedente.

“El subte en Constitución estaba demorado por la manifestación, así que seguí caminando en vez de tomarlo. En ese momento guardo el celular y es cuando empieza la golpiza. Yo estaba yendo a comprar unos shorcitos.

Vivo con mis suegros, mi hija y mis dos cuñados, me dedico a trabajar de lo que sale, generalmente en changas, donde más trabajo tenemos es en los countrys, pero se complica y más ahora con la detención. Una detención que no me merecía: porque solo fui a comprar ropa y ni siquiera pude comprarla porque la policía me agarró antes.

Pienso, pienso y no puedo encontrar la respuesta, quienes fueron a protestar lo hicieron por algo que perjudica a todos. Los que critican no saben lo que es levantarse a la mañana y no tener trabajo o pensar que tu hija necesita algo, tu mamá o tu papá. No lo entienden".

'¿Papá, ahí estas vos?', me decía mi nena cuando me veía detenido en la tele y yo no tenía cómo explicarle. No podía explicar lo inexplicable”.

La Garganta Poderosa

Ya lo debés conocer, sí, porque seguro lo viste llorando, sentado, esposado, golpeado, en vivo, en fotos, una y otra vez. No había estado en la marcha, ni en la plaza, ni en el Congreso, pero debió salir del subte cuando volvía de trabajar y lo recibieron a los palazos en la superficie. Ahí lo conocimos, justo cuando la razia policial nos acababa de cazar a nosotros también. Todos estábamos calientes, desconcertados, doloridos.

Pero Lucas...

Lucas lloraba fuerte, muy fuerte, lloraba a los gritos como sólo se llora por una hija, porque Lucas estaba llorando por su hija: "Acabo de hablar con la mamá para que se fuera tranquila a laburar y me la dejara un ratito con su primita de 15 años, porque total ya estaba volviendo, ¡pero ahora cómo le aviso!".

Lucas perdió su trabajo, pero el show continúa. Y ahí está la ministra. Y ahí está la gorra. Y ahí está el periodismo. Nadie los echa.

Increíblemente, en medio de la golpiza, Lucas logró conservar entre sus manos una mochila que apretaba contra su cuerpo con toda la rabia, defendiéndola como se defiende la palabra, porque Lucas estaba defendiendo su palabra: "Me vine viajando hasta Flores, desde La Plata, para comprar unos shorcitos que me pidió una clienta, porque mañana tiene su viaje de egresados y no le podía fallar, ¡pero ahora cómo le aviso!".

Unas horas después, cuando esas lágrimas de Lucas ya circulaban por las venas de todos aquellos que seguíamos escuchando sus lamentos, un abogado nos preguntó si teníamos antecedentes penales. Y la respuesta fue unánime, "nooooo", pero Lucas volvió a quebrarse, como se quiebra una familia cuando el único sostén pierde su empleo, porque Lucas estaba perdiendo su empleo: "Yo hago jardinería, albañilería, plomería, carpintería y todo tipo de changas en los barrios privados de la zona y también convencí a muchos amigos de buscar trabajo ahí, pero si me llegan a dejar antecedentes penales, nunca más en la vida puedo ingresar a un country".

No esperaron sus antecedentes penales.
Les bastó un show de payasos con escopeta.
Les bastó con la versión de la prensa berreta.

Lucas perdió su trabajo.
Mírenlo, escúchenlo, siéntanlo.
Lucas perdió su trabajo.
Mírenlo, escúchenlo, siéntanlo.
Lucas perdió su trabajo.

Mírenlo, escúchenlo, siéntanlo.
Lucas perdió su trabajo.
Mírenlo, escúchenlo, siéntanlo.
Lucas perdió su trabajo.
Mírenlo, escúchenlo, siéntanlo.
Lucas perdió su trabajo.
Mírenlo, escúchenlo, siéntanlo.

Lucas perdió su trabajo, pero el show continúa. Y ahí está la ministra. Y ahí está la gorra. Y ahí está el periodismo. Nadie los echa, nadie los interpela, nadie los manda al carajo, nadie les corta el chamuyo...

¡Devuélvanle su trabajo! 
O por lo menos dejen el suyo.