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¡Un etiquetado frontal, pero para medios y periodistas!

por Agustín Colombo
16 de julio de 2021

En el inicio de la campaña por las elecciones legislativas, periodistas y columnistas de canales de TV y radios ingresaron súbitamente a las listas de Juntos por el Cambio. El "periodismo independiente", más militante que nunca. Y por qué es necesario blanquear quiénes financian a cada medio.

Esta semana fue aprobado por amplia mayoría el dictamen de la Ley de Promoción de Alimentación Saludable, más conocida como de etiquetado frontal de alimentos. Tardó, pero llegó: el año pasado había obtenido media sanción en el Senado, pero un feroz lobby de las alimenticias dejó en pausa durante nueve meses el proyecto.

Ahora, la ley de etiquetado frontal asoma como una batallita ganada a esas multinacionales que concentran la economía, fijan precios, mueven el amperímetro de la inflación y encima ocultan con qué hacen lo que adquirimos a diario en almacenes y supermercados. Productos que se pueden comer, obvio, muchas veces son ricos, deseados, masivos, en el imaginario se definen como “comida”, pero prácticamente no alimentan: casi no tienen proteínas, vitaminas y minerales, pero abundan en azúcares, grasas saturadas, calorías, aromatizantes y sodio. Visibilizar lo que tienen esas cajas y paquetes que compramos es también una forma de emancipación.

Casi en simultáneo hubo otro suceso que podría emparentarse con el espíritu de esta ley: periodistas y columnistas de medios pusieron en octógonos sus ideas y se convirtieron en precandidatxs electorales de Juntos por el Cambio en diferentes distritos.

Los casos más visibles fueron el del economista Martin Tetaz y la periodista Carolina Losada, aunque también hubo otros menos rutilantes como el del analista internacional Gustavo Segré y el editorialista Carlos Eguía.

Personas que se encuadraban dentro del “periodismo independiente” y que, ahora, emergen como parte de un amplio repertorio de ofertas liberales y no tanto (la candidatura de Gisela Marziotta por el Frente de Todos en la Ciudad de Buenos Aires amerita incluso otra nota acerca de cómo ciertos patriarcas empresario-sindicales, como Víctor Santa María, inciden en la composición de las listas del peronismo).

Martín Tetaz o Carolina Losada son emblemas del “periodismo independiente” que, ahora, emergen como parte de Juntos por el Cambio

Estos flamantes candidatos trabajan en medios y aterrizan en la arena política para "cambiar la realidad",  "defender la libertad" y "proteger la República", algunos de los sloganes y significantes vacíos que eligen para descargar su artillería dialéctica contra las diferentes formas de peronismo.

Martin Tetaz participa de programas insignias del "periodismo independiente". Es columnista en Lanata sin Filtro por Radio Mitre, en el programa de Luis Majul por el canal La Nacion+ y escribe regularmente en los diarios El Día y Clarín.

Hasta antes de su reciente licencia, Carolina Losada presentaba noticias en el canal América, era columnista en el programa de Baby Etchecopar en América 24 y conducía Hablemos Ahora, por Radio Rivadavia

Nunca nadie definió ni a Losada ni a Tetaz como periodistas militantes. Sin embargo, ahí están: en las listas de la oposición, militando para ganar las elecciones legislativas de medio término.

Estos casos vuelven a disparar algunas preguntas sobre qué se prioriza hoy en los medios. Lo sintetizó muy bien el politólogo, investigador del Conicet y especialista en medios Ivan Schuliaquer: "Una de las estrategias más efectivas para ser reclutado como candidato opositor es ganar notoriedad en medios que se presentan como independientes”.

Lo curioso es que cambia el envase, pero no el contenido: ya sea como comunicadorxs o como candidatxs, el discurso sigue siendo el mismo: críticas furiosas al manejo de la pandemia y al Estado en general, la misión de “abrirnos al mundo” y una ponderación exacerbada del rol del mercado.

Si existiera la ética periodística, la pregunta debería surgir de manera inevitable: ¿no es hora de que los medios que atacan como partido político y se defienden con la libertad de prensa, como escribió Jauretche hace muchas décadas, acepten a qué espacio pertenecen o quiénes los financian

Hay quienes podrán decir que eso ya está claro, pero sería confundir el micromundo hiperinformado con la sociedad en general. Millones de personas aún son permeables a los discursos mediáticos que forman opinión y, por ende, también componen votos.

Por eso, que haya comunicadores que sigan hablando en nombre del “periodismo independiente” se parece más a una cargada que a otra cosa. Sobre todo cuando pasa lo que pasó esta semana: el salto de un lado al otro del mostrador. Poner blanco sobre negro la composición accionaria, las alianzas economicas o la linea ideológica sería, al menos, mostrar algunas cartas en el juego de la democracia que tanto defienden.

Si Macri o empresarios de su entorno inyectaron 14 millones de dólares en el canal LN+, ¿no debería comunicarse oficialmente?

El canal La Nación+, por ejemplo, ya no disimula ser un aparato de propaganda del macrismo. Subió en rating, consolidó un tipo de audiencia, pero abandonó cualquier equidistancia a la hora de informar, algo lógico si –como escribió Jorge Fontevecchia en enero en el diario Perfil–, empresarios cercanos a Mauricio Macri le inyectaron a esa señal 14 millones de dólares para la contratación de “figuras” como Alfredo Leuco, Luis Majul, Jonatan Viale o Eduardo Feinmann.

A fines de 2020, Fontevecchia había tenido reuniones con Juan Cruz Ávila para que se hiciera cargo de la programación de NET TV. Pero algo o alguien, sobre la marcha, cambió los planes: Ávila viajó hasta el edificio de Vicente Lopez de La Nación para comandar la operación retorno del proyecto político que gobernó el país entre 2015 y 2019.

Por este tipo de acuerdos y desacuerdos es hora de blanquear, como sucede en otros países del mundo, a qué partido pertenece cada medio. Un etiquetado frontal en empresas y periodistas para que dejen de hablar en nombre de la libertad o la independencia y asuman por qué y para qué están ahí.

Así, si hay un engaño, al menos que nadie diga que no le avisaron