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¿Por qué a los varones les cuesta tanto contar lo que les pasa?

por Revista Cítrica
20 de enero de 2026

Joaquín Coronel, integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, visitó No Es Por Ahí (el stream de Posdata y Revista Cítrica) para reflexionar sobre el rol de los varones, la violencia de género y las nuevas masculinidades en el contexto actual, donde no hay políticas de Estado.

Joaquín Coronel es licenciado en Ciencia Política y maestrando en Estudios y Políticas de Género por la UNTreF. Además, se desempeña como educador popular, integra la Red de Espacios de Masculinidades de Argentina (REMA) y es tutor pedagógico en la Diplomatura en Masculinidades y Cambio Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

-- ¿Por qué a los varones les cuesta tanto contar lo que les pasa?

–Hay un gran déficit en la gestión de la emocionalidad. La crianza de los varones excluye la sensibilidad de la forma en que deben dialogar. Las mujeres suelen ser socializadas en el estereotipo del cuidado, lo que genera una apertura para hablar de lo que sienten. Entre varones es más difícil; muchos se acercan y dicen: "Cuando cuento algo personal, mis amigos se quedan callados". Es que del otro lado tampoco saben qué responder.

Incluso en los medios, si un referente varón --un "Rebord", por ejemplo-- hablara sistemáticamente de estos temas, quizás parte de su audiencia dejaría de escucharlo para irse a un stream donde hablen de fútbol y se rían. Hay un mecanismo automático de omitir la emocionalidad. Transformar esto es un trabajo de hormiga, sistémico, que requiere repensar la crianza de las nuevas generaciones.

-- ¿Qué tipo de masculinidad predomina en la política de Javier Milei?

–Hay un programa concreto de los criptobros y otros perfiles similares. Desde la dirigencia, se está instalando una tendencia agresiva y sin culpa. Este proyecto político plantea un negacionismo de las relaciones de género y recupera roles tradicionales anclados en una clase social específica. Aunque el presidente no sea el representante más fiel de la familia tradicional (con sus "hijos de cuatro patas"), hay una recuperación conservadora de esa mirada. Es un fenómeno mundial, como el de las tradwives (esposas tradicionales) en redes sociales, que buscan recuperar algo que "se perdió" tras la ola feminista. En el electorado, esto se replica en la cultura del gymbro y la cultura del riesgo. Hay un desfasaje entre el ideal que aspiran y la realidad que pueden vivir.

-- ¿Qué opinás sobre la cultura de la cancelación y el punitivismo?

–La denuncia pública fue necesaria como una catarsis social frente a algo que estaba oculto. Pero creemos que lo que debe seguir es una propuesta integral garantizada por el Estado. Primero, prevención; segundo, dispositivos de abordaje para varones que han ejercido violencia. La transformación social es también un derecho de esa persona. Los escraches de los años 90 (de HIJOS) existieron porque no había justicia institucional. En el género pasa lo mismo: la denuncia pública seguirá existiendo mientras no haya una justicia de género eficiente. Necesitamos institucionalizar la resolución de conflictos para que haya reparación para la víctima y una respuesta frente al daño que no sea solo la "cancelación de pasillo", garantizando los derechos de todos en el proceso.

-- ¿Qué temas tratan en el Instituto de Nuevas Masculinidades?

–El Instituto nace en 2019 ante la necesidad concreta de reunir a muchas de las personas que veníamos militando las cuestiones de masculinidad por diferentes canales. Entre sus fundadores están referentes como Lucho Fabbri y Ari Sánchez, quienes han transitado por distintos espacios de la institucionalidad estatal. Ari, por ejemplo, dirige la Dirección de Masculinidades de la Provincia de Buenos Aires.

Surgió la necesidad de concentrar esas militancias. Muchos venimos de Varones Antipatriarcales, un colectivo que entre 2010 y 2012 reunió a varones que cuestionaban los mandatos de la masculinidad tras ser interpelados por los movimientos feministas. La idea era organizar un espacio específico para varones. Con el Instituto logramos darle institucionalidad y profundizar líneas de incidencia política y capacitación a gran escala, dejando de ser solo un espacio de base para la reflexión interna.

-- ¿Cuáles son los machismos más cotidianos que surgen en los talleres?

–El chiste es lo más identificable y "fácil" de cuestionar. Los insultos en la cancha, por ejemplo, están muy instalados. Sin embargo, lo más difícil de identificar son las cuestiones vinculadas a la corresponsabilidad en las tareas de limpieza, higiene y cuidado en el hogar. Por otro lado, frente al discurso de la derecha que tilda esto de "ideología de género", nosotros respondemos con argumentos incluso económicos. Prevenir la violencia de género, los ataques de odio o los problemas de salud en varones jóvenes reduce el gasto público en internaciones, intervenciones judiciales y atención de emergencias. El Estado es más eficiente cuando reconstruye vínculos para que no se pierdan vidas.

-- ¿Deben los varones asistir a las marchas organizadas por los transfeminismos?

--El Instituto cambió este año su lectura sobre la ocupación del espacio público. En 2018, la postura generalizada entre organizaciones de varones y compañeras feministas era que "ese no era nuestro lugar". La calle estaba ocupada por compañeras que demostraban no necesitar de los varones para llevar adelante sus reivindicaciones. En aquel entonces, la propuesta era: "Si querés acompañar, hacelo desde el cuidado y la corresponsabilidad"; por ejemplo, cuidando a los hijos de una compañera para que ella pudiera manifestarse.

Sin embargo, el contexto político e ideológico cambió. La "ola verde", que en su momento fue hegemónica en la opinión pública, hoy enfrenta una afrenta muy fuerte de un proyecto político masculinista de derecha. Nuestra revisión interna nos llevó a concluir que hoy es necesario ocupar las calles para acompañar la lucha feminista. Ya no estamos en el momento de los "aliadines" que buscan protagonismo, sino en uno donde es necesario poner el cuerpo, como sucedió tras el triple lesbicidio de Barracas. Este cambio de posición nos trajo críticas tanto por izquierda como por derecha, pero son revisiones necesarias.

-- ¿Se acercaron más varones al instituto a partir de la llegada de Milei al poder?

–El instituto no es un espacio abierto de talleres constantes como lo era el colectivo de Varones Antipatriarcales; tenemos un formato orientado a la incidencia política y capacitaciones con instituciones. Sin embargo, noto que los varones siempre están algo desorientados. El primer inconveniente es que no se reconocen como sujetos de género; creen que el género es algo "de minas, de putos o de travas".

No entienden que existen relaciones sociales que nos crían para ser varones cis heterosexuales y que eso se puede problematizar. El género no es solo una autopercepción individual; es una relación social permanente. Como sujetos de privilegio, los varones suelen naturalizar una relación desigual que está invisibilizada. El poder necesita invisibilizarse para sostenerse. Por eso nuestra propuesta es sensibilizar sobre este sistema de mandatos que, si bien otorga privilegios, también genera costos para los propios varones.

-- ¿A qué te referís con "costos"?

–Una compañera que trabaja en salud mencionaba que la primera causa de muerte en adolescentes varones son "causas externas". Esto significa que no mueren por enfermedades biológicas, sino por accidentes, suicidios o violencia entre pares (homicidios). Si el sistema hace que la principal causa de muerte joven sean factores externos, nos compete como sociedad pensar la relación entre la salud de los varones y los mandatos de masculinidad. El mandato tradicional te dice, básicamente, que no debe importarte tu propia salud ni tu integridad.

--¿Cómo llegan estos discursos a los hombres cis heterosexuales que no suelen habitar estos espacios?

–El rol del Estado es fundamental. Nosotros abogamos por incluir un enfoque crítico de masculinidades en la ESI (Educación Sexual Integral) y por profundizar la Ley Micaela en todos los sectores de trabajo, aunque hoy veamos retrocesos en estas áreas. No hay forma de llegar a la sociedad civil en su conjunto si el Estado no es el responsable y garante de estas políticas de igualdad. Es un derecho humano que no puede quedar librado únicamente a la voluntad de los privados o de las organizaciones de base.