¿Cómo no lo viste, Diego?

por Pablo Bruetman
Fotos: Ilustración: Villy Villian
17 de diciembre de 2022

Somos Campeones del Mundo, Diego.

¿Cómo no lo viste? No puede ser.

Messi nos trae una Copa del Mundo a la Argentina
Igual que vos, Pelusa.
¿Cómo te lo perdiste Diego?
¿Cómo no viste a este equipo?
No sabés lo que juegan y lo que sienten la casaca argentina.
¿Cómo no estás acá para emocionarte?
No te imaginas lo que hacen estos pibes, Diego.
¿Querés que te contemos?
Te contamos: son pibes que solo quieren que Lionel sea feliz.

¿No nos crees?
Escuchálo a De Paul. Dale que podés, si vos podés todo, Diego. Escuchá bien: dice que juegan por nuestro país, pero realmente juegan por él. Él es Lionel, Diego. Hace un mes que en este país si decimos Él sabemos de quién estamos hablando.
¿Entendés, Diego? Los compañeros de Messi jugaron, corrieron, metieron, pensaron. Todo para que Lionel, al fin, sea feliz con la camiseta de la selección.
Con tu 10, barrilete cósmico. ¿Te acordás cuando decían que a Lionel le pesaba tu camiseta?
Claro que te acordás, si vos lo sabías todo.
¿O acaso no te acordás cuando quisieron retirar la 10 para homenajearte y vos dijiste que no porque quedaban muchos números 10 por surgir? Ninguno como vos, siempre diferentes. Porque siempre lo dijiste: nunca habrá otro Maradona. Tampoco habrá otro Messi.
La razón que tenías, Diego. Ahí están los pibes y las pibas que cuando termina un partido ya no quieren jugar a la Play. Ahora quieren salir a patear la pelota.

No sabés lo que son las plazas, los potreros, los pasillos de las villas. Cada pibe tiene su remera de Lionel. Oficial o trucha. Eso es lo de menos. Lo importante es tener el apellido de Él en la espalda. Demostrarle que lo queremos. Lo hacemos para que Él, después de tanto sufrir, sea feliz.

Es hermoso este momento, Diego. ¿Te imaginás si saldrían con la 15 o la 16 en la espalda? La magia que se perdería. Cada pibe sueña con ser el 10 como Maradona y Messi ¿Cómo te estás perdiendo este momento de belleza suprema, Diego?

¿Te acordás del 10 con el que tiraste paredes en tu partido despedida? ¿Te acordás cómo se rieron esa tarde en la Bombonera? Ahora te lo estás perdiendo. Pero Pablito Aimar sonríe otra vez. Tira risas de fútbol. Como esa que le hacía a Román cuando tiraban paredes en los juveniles. Veinticinco años después, mantiene la misma sonrisa. Ahí está en el banco de cada estadio Qatarí tirando su risa de fútbol cada vez que Lionel toca la pelota. Pablito sonríe porque Lionel puede cumplir su sueño. El mismo que cumpliste vos, Diego.

Esa risa la conocés. Es la misma de tu partido despedida. Pablito es la sonrisa del fútbol. Lo que no conocés es su llanto. Sufrimos mucho este Mundial. Perdimos con Arabia, Diego. El primer partido: 2 a 1. Podíamos quedarnos afuera en la primera ronda, pero apareció Lionel y clasificamos. No sabés el golazo que le hizo a México. Recibió de Fideo. (¿Te acordás que a Di María no lo querían?) Control exacto y zurdazo esquinado bajo. Al palo izquierdo del arquero. Dos toques. La estirada del mexicano que nunca iba a llegar. Solo para darle más belleza a la magia. Y a gritar. Cómo gritamos ese gol, Diego. Y lo que se puso a llorar Pablito. Cómo no emocionarse cuando a Lionel le sale lo que se merece. Porque Lionel somos todes.

Lionel es cada uno de nosotros y nosotras. Cada uno de nosotros y nosotras cuando no nos salieron bien las cosas, cada uno de nosotros y nosotras cuando el esfuerzo no alcanzó, cada uno de nosotros y nosotras cuando estudiamos pero no aprobamos, cada uno de nosotros y nosotras cuando dimos todo lo que podíamos y nos criticaron. Messi es cada uno de nosotros y nosotras porque aprendimos a querernos en el fracaso. Messi es cada uno de nosotros y nosotras porque nos merecemos que alguna vez nos vaya bien. Messi también sos vos, Diego Armando.

¿Y te acordás quién fue el primero que usó la 10 de la Selección después tuyo, Pelusa? Sí, el Muñe. ¿Y qué tiene que ver con este Mundial Marcelo Gallardo? ¡No sabés lo que hizo el Muñe! ¿Cómo no lo viste? Le moldeó los socios a Lionel. Dos pibes de las inferiores: los puso en Primera, los mimo, les enseñó con el ejemplo. No sabés lo que juegan Enzo y Julián, Diego. Tienen 21 y 22. Llegaron al Mundial como suplentes. Y Julián ya hizo 4 goles y no para de correr un segundo. Y Enzo no sabés con que tranquilidad juega a la pelota. ¿Cómo no lo estás viendo, Diego? No sabés el Mundial que te estás perdiendo, Diego. Un Mundial de locos, de pobres contra ricos. De humildes contra agrandados. De colonias contra imperios. Marruecos llegó a la semifinal, Diegote. Y le hizo un partidazo a Francia. 

¿Te acordás todas las cosas que le dijeron a Lionel? Que era pecho frío, que jugaba solo en Europa, que era gallego, que no tenía sangre, que no era líder. Ahí lo tienen, con 35 años, liderando al grupo, corriendo, gambeteando, asistiendo, defendiendo a los suyos. Está haciendo el Mundial que te robaron en el 94.

¿Cómo no viste el partido que le ganamos a Países Bajos en Cuartos de Final? ¿Cómo no lo viste, Diego? Nos provocaron, nos pegaron. El técnico de ellos dijo que Messi, sin la pelota, era uno menos. Messi uno menos, dijo. Se enterró solo. Si jugar con Lionel siempre es como jugar con uno más. Ya sabemos que no te gustan las comparaciones, Diego. Pero es cómo cuando jugabas vos. Le ganábamos 2 a 0 a Holanda, Pelusa. Y nos empataron. En el último minuto, de los 10 de descuento que dio el referí español. Jugada preparada en un tiro libre. 2 a 2 y al suplementario. ¿Cómo se levanta un equipo después de que le empatan un 2 a 0? Vos lo sabés, campeón del mundo. Si lo dijeron con Burru y con Valdano en la final del ’86, después del empate de Alemania: Vamos y lo ganamos. Así de simple. Eso hicieron Lionel y los muchachos. No entró la pelota en el suplementario. Sacó algunas el arquero, otra pegó en el palo. Pero en los penales sí. Ahí apareció el Dibu. Ya sabemos: no te gustan las comparaciones. Pero el Dibu fue como el Goyco en el 90. Atajó los primeros dos para darnos tranquilidad. Y cómo patearon los nuestros. Se la re contra bancaron. Los holandeses se les tiraban encima y los insultaban mientras caminaban desde la mitad de cancha hasta el punto de penal para patear. Nos quisieron ganar de guapos. No, de guapos no. De sucios, pegando, insultando, escupiendo.

¿Y sabés lo peor, Dieguito? Algunos europeos acusándonos de malos ganadores porque los jugadores les gritaron el penal definitorio en la cara. ¿Qué se creen? ¿Qué pretenden esos señores de escritorio que no jugaron ni un picado? Ay Diego, si estuvieses viendo. Las frases que les tirarías a estos envidiosos. Tan pulcros y tan tristes. Igual que los que viven acá, pero se la pasan hablando del Primer Mundo. A esos sí que los viste, Diego.

Esos estuvieron siempre. Los que se alegraban con tus derrotas. Los que para hablar de vos siempre tenían que anteponer que eras un mal ejemplo. Los que no quieren que ganemos para que no nos creamos los mejores. Los que le vendieron el alma al diablo para ganar unos pesos más. No quieren que ganemos porque les molesta la felicidad del pueblo, Dieguito. Igual que Clarín y que La Nación. Que se dicen argentinos pero les da vergüenza. Eso no hace falta contártelo, lo sabés porque fue siempre así. Ahora dicen que Messi es vulgar. O que todavía no le ganamos a nadie. No quieren que ganemos. No quieren que les mostremos en la cara que no siempre podrán dominarnos. Aunque sea en un juego. Nos quieren serviles. De eso trabajan: de hacernos creer que necesitamos de los mismos que nos saquean el oro, el agua, la tierra, el alimento y la vida. Lo que menos quieren es un pueblo desobediente y ganador. Vos lo sabés mejor que nadie. Nadie lo sabe mejor que quien llenó de alegría al pueblo.

En semis le ganamos a Croacia. 3 a 0. Una fiesta. Por fin no sufrimos. Lo que hubieses disfrutado ese partido, D10S. A Lionel le dieron un golpe que a otro futbolista lo hubiese sacado de la cancha. Pero no a Él. No a Él en la semifinal de la Copa del Mundo. Hizo todo. Metió el penal. Hizo magia para iniciar el contra golpe del segundo gol. Gambeteó a todos los croatas. Cuidó la pelota, siempre. Y en el tercer gol…solo a vos te habíamos visto hacer cosas así. El baile que le pegó al mejor defensor del Mundial antes de darle la asistencia a Julián. ¿Cómo no lo viste, Diego? No puede ser si acá están cayendo tus lágrimas.

Y jugamos la final del mundo con Francia. La revancha después de que nos eliminaron el Mundial pasado, Diego. ¿Cómo no lo viste? Lo que jugaron el primer tiempo, cómo se repusieron de vuelta cuando les empataron. Igual que en el 86. Pero esta fue la mejor final de todos los tiempos. Arrancamos 1 a 0 con gol de penal de Lionel. Después el segundo un contragolpe perfecto. El mejor gol del Mundial. Lo hizo el Fideo. ¿Quién lo merecía más que Angelito? Después de tantas finales que no pudo jugar, después de todo lo que hablaron los que llenan sus cuentas bancarias por hablar. Las lágrimas que lloraba Angelito después del gol. Las lágrimas de la convicción. ¿Cómo no te estás emocionando con el sueño del pibe que embolsaba carbón y ahora es Campeón del Mundo?

El primer tiempo fue una exhibición. Y el segundo venía tranquilo, Diego. Pero se complicó una ráfaga. El fútbol es así. Todo puede pasar. Es parte de su magia. Una pelota que no se puede despejar, una pelota que pica para dónde no la esperas y un crack que juega para los franceses que encalza la pelota de aire con el botín derecho y la clava al lado del palo, donde el arquero no puede llegar en esa fracción de segundo. Vos sabés que es crack. Se lo dijiste al presidente del Real Madrid. Lo dijiste cuando Mbappé tenía 18 años y no había llegado a dos finales del Mundo. De repente el partido estaba 2 a 2.

Había que ganar sin el as de bastos. Sin Fideo, que ya había salido. Pero quedaba el de espadas. Y lo hizo. En el segundo tiempo suplementario. 3 a 2 con dos goles de Messi y uno Di María. Lionel haciendo un gol para que seamos Campeones del Mundo. ¿La película perfecta? Eso pensamos. Pero no. Si la virtud es reponerse de cada caída, si la enseñanza es que siempre hay que volverlo a intentar, la pel´ciula perfecta necesitaba un nuevo resurgimiento. Así que Francia empató y casi lo gana en el último minuto. La pelota le quedó a Kolo Muani. Estaba solo, sin marca. Con todo el arco a disposición. Y ahí apareciste vos, Diego. No hay otra explicación. Solo un milagro. Dibu Martínez, nuestro arquero, extendió las manos y todo su cuerpo para salvarnos de la derrota. Pero la pelota no dio ni en las manos, ni en la cara, ni en el pecho. La pelota la sacó el pie izquierdo. Fue tu zurda mágica, Diego. No nos mientas. Vos estás acá.

Si acá se respira en el aire el orgullo que tenés. Si acá estamos viendo cómo Lionel se sube a tus brazos para festejar que tenemos la Copa. No nos digas que lo estamos imaginando, Diego. Si sabés que nada es más noble que los sueños del pueblo.

No sabés cómo nos alentaron en India o en Bangladesh, en las ex colonias británicas, en las ex colonias francesas. El fútbol les devuelve un poco de Justicia. Después de cada partido, a las 3 de la mañana, las calles de Bangladesh estallan de banderas y camisetas argentinas. ¿Sabes por qué, Diego? Porque los hiciste felices con tus goles a Inglaterra. Porque el fútbol los hace olvidar aunque sea por un ratito la pobreza y la crisis climática que les dejan las grandes empresas multinacionales y que les dejó el colonialismo británico.

Eso puede ser siempre el fútbol: un bálsamo de felicidad para les humildes. 90 minutos donde no siempre ganan los más poderosos. Un juego de equipo. Una cuna de ídolos y justicieros. Un lugar donde ocurren milagros como Messi y Maradona.

¿Cómo te perdiste la Final del Mundial, Diego? Al final la ganamos por penales. El Dibu atajó un penal, otro lo tiró afuera un francés y nuestros jugadores metieron todos. Dicen que cuando Montiel pateó el cuarto penal, el que nos dio la Copa del Mundo, Lionel miró al cielo y te dijo: "Vamos Diego, desde el cielo". ¿Lo escuchaste? ¿Escuchaste los gritos? ¿Escuchaste que somos Campeones del Mundo?

Tenemos un equipo Campeón del Mundo que será recordado como una reivindicación de las emociones, del llanto, de la amistad, del compañerismo, de la expresión de los sentimientos, del darlo todo por un compañero, de la fuerza colectiva, del concepto de equipo, de la humildad, del trabajar para que el otro sea feliz. Los futbolistas jugaron y los hinchas alentaron para que Lionel sea feliz.

¿Cómo no estás viendo a Lionel levantar la copa, Maradó? ¡Qué no lo vas a ver! Si ahí te podemos ver, en el cielo, con Don Diego y Doña Tota alentándolo a Lionel.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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