"LLEVAME AL MÉDICO, ME QUISISTE MATAR"

por Revista Cítrica
19 de abril de 2019

Franco (13 años) es hijo de Magalí, una vendedora ambulante que se las rebusca en Flores, en Once, en Constitución. La Policía de la Ciudad le tiró gas pimienta en los ojos.

"Llevame al médico, me quisiste matar", le dijo ayer por la tarde Franco Romero, un nene de 13 años, a uno de los tantos policías que suelen hostigar y reprimir a los vendedores ambulantes senegaleses.

Franco es hijo de Magalí, una vendedora ambulante que se las rebusca en Flores, en Once, en Constitución o donde sea, para poder llevarle un plato de comida todas las noches a su familia. Sin embargo, ayer, en la previa de su cumpleaños, decidió no trabajar. Quiso juntarse con sus hijos e hijas, en Once. Y allí tuvieron la "mala suerte" de quedar atrapadxs en el medio de la tradicional represión a senegaleses. Y el que peor la pasó fue Franco, quien cruzó la calle para encontrarse con sus hermanas, pero nunca llegó: un oficial le apuntó directamente, y le tiró gas pimienta a los ojos. Como si el nene de 13 años, que sólo cruzaba la calle, fuera un peligro para la población.

"Estaba mirando ahí, y me tiraron gas pimienta, todo a mí, y la pasé muy mal. Tuve mucho miedo", contó Franco, ayer por la noche, agotado después de haber sufrido la represión.

"Él cruzó para buscar a sus hermanas, y en eso vinieron las motos de la policía a reprimir a los negritos. Lo encerraron, y él se quedó mirando como toda la gente. Y ahí le apuntan y le tiran el gas pimienta", contó Magalí, algo que nunca imaginó que podría suceder.

"Nunca había visto algo así. Ando todo el día en la calle. Pero, que le tiren directo a los ojos a un niño... lo de ese tipo no se puede creer... ojalá podamos salir por todos lados a contar lo que hizo".

"Llévame al médico, me quisiste matar", gritó Franco. Y el policía "era una momia parada que miraba", aseguró Magalí.

"Le pedía a la policía que me ayuden y me contestaban: '¿Por qué en vez de protestar no lleva al médico a su hijo?'. Al final tuve que tomarme un taxi y llevar a mi hijo al Ramos Mejía. Mi hijo me decía: 'Mamá, me voy a morir', y yo estaba nerviosa, y me quede sin voz de los nervios...".

"¿No lo podés llevar? ¿No lo podés subir al patrullero?", preguntaban hermanos y hermanas de Franco, como todas las personas que estaban allí. Pero la policía no se interesaba en cómo estaba el nene; tenía otra prioridad: detener senegaleses. Ya habían cumplido su primer objetivo: robarles la mercadería. "Los negritos no estaban trabajando, les arrancaron la bolsas", relató Magalí.

En el momento en que Franco le preguntaba a su madre si se iba a morir, los policías ya se habían quitado sus identificaciones para golpear senegaleses con total impunidad. Eso, para ellos, fue más importante que las cuatro horas de terror que sufrió el nene.

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