"Estamos destruyendo nuestro hábitat"

por Revista Cítrica
09 de mayo de 2019

Daniele Incalcaterra estrenó el documental Chaco, en el que da cuenta de cómo empresarios y políticos se confabulan para que no pueda devolverles las tierras de su padre a los pueblos originarios. Una historia que ejemplifica el gran problema ambiental del continente.

¿Qué pasaría si recibieras de herencia cientos de hectáreas en las que viven y se desarrollan pueblos originarios que mantienen el ecosistema en el corazón del Chaco paraguayo? ¿Cómo harías para que puedan seguir allí y no sean desalojados?

Al italiano Daniele Incalcaterra se le ocurrió crear una reserva natural junto al estado paraguayo para que los pueblos originarios recuperen su territorio. Y lo consiguió a través de un decreto firmado por el entonces presidente Fernando Lugo. Sería la nueva Arcadia, un sitio en donde la población pudiera vivir en comunión con la naturaleza. En paz y con felicidad, como lo hacen los pueblos originarios cuando disponen de tierras para autoabastecerse. Pero las utopías casi nunca -o nunca- se cumplen; casi siempre -o siempre- hay quienes se encargan de que no se concreten. Y siempre- pero siempre- son quienes quieren un mundo desigual que privilegie el negocio a la vida.  

El sojero Tranquilo Favero se compró también las rutas y le impide a Incalcaterra llegar a sus tierras

En ese grupo de negadores de utopías siempre están los golpes de Estado y los grandes terratenientes, que aunque la palabra parezca pasada de moda, continúan existiendo. A ellos se enfrenta Daniele Incalcaterra en Paraguay: al golpe que derrocó al ex presidente Fernando Lugo, a los herederos de los negocios de la dictadura militar y al empresario sojero brasileño Tranquilo Favero, quien explota más de 160.000 hectáreas. 

“La destitución de Lugo hizo que el decreto que nos había otorgado dejase de tener poder. Paraguay está repleto de burocracia y de políticos que no hacen nada por cuidar al pueblo, a los pueblos originarios en particular ni al medio ambiente”, explica Incalcaterra a Revista Cítrica el motivo principal que lo obligó a filmar el documental y que lo tiene, hasta el momento, sin poder tomar posesión real de la Reserva Natural Arcadia, y mucho menos, entregársela a los guaraníes Ñandevas, legítimos propietarios del bosque.

“Favero es el mayor exportador de soja y carne de Paraguay, es dueño de una gran cantidad de hectáreas y es parte de los grandes empresarios con intereses poderosos que son la causa de la deforestación del planeta”, presenta Daniele Incalcaterra a su enemigo, un empresario que ha declarado, por ejemplo, que a los Campesinos Sin Tierra “hay que darles palos como a la mujer del malandro”. 

“Representa el poder económico y defiende sus intereses que claramente no son los nuestros”, completa el documentalista. Tan siniestro es Favero que además de destruir el bosque por completo tal como muestran las crudas imágenes del documental, también se compró todas las rutas y todos los caminos y le impide llegar a Incalcaterra a sus tierras esgrimiendo que no puede pasar por propiedad privada. La reserva del italiano quedó en medio de las miles de hectáreas desmontadas por “El rey de la soja”. 

"El valor material de esas tierras en moneda es muchísimo menor frente al valor incalculable que tiene la naturaleza”

Como si fuese poco luchar contra “El rey de la soja” y un golpe de Estado, Incalcaterra también debe enfrentarse con el pasado de la dictadura de Alfredo Stroesner, que otorgó miles de títulos de propiedad “falsos” a cambio de pocos dólares: así Favero construyó su imperio y los pueblos originarios perdieron sus tierras pero además se generaron títulos dobles, es decir hectáreas que pertenecen a dos personas distintas y que nunca se cruzaron en sus vidas. Y por supuesto, ese es también el caso de las que componen la Reserva Natural Arcadia. “Las tierras las compró mi papá pero el diputado Manuel Romero se las vendió a un uruguayo, a pesar de que ya tenían dueño. Esto representó un gran problema porque los herederos están en esas tierras y no quieren irse”, completa el panorama Incalcaterra.

Así con tres frentes de batalla abiertos y una pelea contra los molinos de viento del poder, el documentalista italiano se lanzó, junto a la directora suiza Fausta Quattrini, a filmar y contar la historia. Porque como un amigo le dice en la película cuando Favero pone como condición para dejarlo pasar por sus caminos hacia Arcadia que lo haga sin filmar “a vos te pondrás sacar las tierras pero nunca vas a tolerar que te saquen la posibilidad de filmar, es como que te arranquen la vida”. Y a eso apuesta Incalcaterra, que su historia, su documental deje sembrando un granito de arena y otro de conciencia en defensa del bosque y de la vida. Para que sepamos que si las tierras no vuelven a quienes la cuidan, la respetan y la saben trabajar, podemos desaparecer.  

“Una de las problemáticas más grandes del mundo es la relación con la naturaleza, estamos destruyendo nuestro hábitat y eso repercute en nuestra vida. Durante estos diez años mi relación con el Chaco se hizo más profunda y empecé a entender lo que está pasando en el mundo. Por lo tanto el valor material de esas tierras en moneda es muchísimo menor frente al valor incalculable que tiene la naturaleza”, contrapone su posición Incalcaterra a la de Favero, para quien los ingresos por la exportación de soja sostienen al Paraguay - aunque generé poco trabajo, utilicé demasiadas tierras, dejé en peligro de extinción a muchos animales y destroce el medio ambiente - y le dan de comer al mundo -aunque la mayoría de los granos exportados de soja no se destinan a la alimentación directa de seres humanos-. 

“La cantidad mundial de población en 40 años puede alcanzar los 9 mil millones de habitantes tenemos que producir y producir. Producir más por menos costo. Hay dos cosas que el rico y el pobre no pueden dejar de hacer: sus necesidades fisiológicas y comer”, le dice Tranquilo Favero en la película a Incalcaterra en un diálogo que condensa toda la hipocresía del empresario.

La película tiene un final pero la historia continuó después: “Hace poco me llegó una convocatoria a juicio del uruguayo que seguro ha encontrado un apoyo político o judicial para poder sacar la reserva -se lamenta el director de “Chaco”- .Cuando uno toca los poderes fuertes políticos y económicos siempre corre riesgos. Ahora estoy tranquilo porque voy a seguir manteniendo mi posición, no sé cómo va a terminar esto, pero el único riesgo es que la utopía que me planteé vaya desapareciendo con los años”.

Las utopías casi nunca -o nunca- se cumplen pero casi siempre- o siempre- dejan plantada una semilla para que la sigan las nuevas generaciones. “Estamos haciendo todo para seguir adelante. No me da miedo. Yo veo como los chiquitos de primaria reclaman soluciones al poder. Ahora estamos entrando en un camino sin retorno y eso no afecta solo a Paraguay sino que a todos”. Porque siempre- pero siempre- matar al bosque, mata animales y mata la vida. Porque siempre- pero siempre- privilegiar el negocio a la vida es una mala decisión económica para nuestro futuro.
 

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