Detención y maltrato a vendedora ambulante en Once

por Revista Cítrica
Fotos: Juan Pablo Barrientos
29 de agosto de 2019

Jovi fue golpeada y detenida por la Policía de la Ciudad. Perdió toda su mercadería. Denuncia que a ella no la dejan vender indumentaria pero que quienes venden drogas lo hacen sin problemas.

"Lo veo al milico que me ahorca y me tira al piso. Dijeron que yo les había pegado pero no fue así. Sí los escupí, cuando ví que se estaban llevando toda mi mercadería. Es la manera que tuve de defenderme. Me trataron peor que a un delincuente. Esto de alguna manera se tiene que acabar, que nos pongan una multa, pero que no nos saquen a los golpes. Hay miles de chorros, tranzas que siguen caminando con total impunidad. ¿A una vendedora ambulante vas a golpear? Me dejaron de brazos caídos, moralmente me mató".

Ella es Jovi. A ella le duele todo el cuerpo, producto de los golpes que le propinó ayer la Policía de la Ciudad, mientras vendía en Once. Hace apenas unas horas que la dejaron en libertad, aunque para su lamento ya sin su mercadería y sin su carrito: su herramienta de trabajo, con el que llevaba de aquí para allá los bultos enormes de papel higiénico y los tappers. Hoy, Jovana se ve obligada a cargar esos bultos enormes de a pie.

Jovi tiene 54 años y hace 15 que llegó desde Perú con el anhelo de vivir mejor. Jamás imaginó que le iba a tocar a ella. Pero en Once, su realidad es la de los senegaleses y otras migrantes, vendedores ambulantes: estar destinados y destinadas a que la Policía les persiga, les hostigue, les discrimine, les golpee y les arreste de manera arbitraria. Y como si esto fuera poco: les robe la mercadería.

"Me rompo el lomo desde las seis de la mañana hasta la nueve de la noche. Laburo todos los días para sobrevivir, para pagar el alquiler, mantener a mis hijos y para llevarme un bocadito a la boca. Con la edad que tengo, donde yo me presente, nadie me va a dar trabajo. Lo que me pasó es deprimente, no dejo de llorar", le cuenta Jovi a Revista Cítrica.

A pesar de todo Jovi tiene esperanzas. Se las dan los lazos solidarios: los compañeros, otros vendedores ambulantes, la están apoyando para volver a empezar: "Estamos todos en la misma bolsa. Cada día hay más gente desocupada que se está comiendo las uñas y se gana la vida honradamente. Nuestra lucha es con el hambre. El Gobierno tiene que venir y dar la cara".

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