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Télam se defiende

por Mariano Pagnucco
Fotos: Rodrigo Ruiz
06 de marzo de 2024

El presidente Javier Milei anunció en el Congreso el cierre de la agencia de noticias estatal. Sus trabajadorxs responden a la provocación con organización sindical, periodismo y la convicción de que este ataque, como tantos otros en casi 80 años de historia, también lo van a poder revertir colectivamente.

Imaginen que de golpe se quedan sin fotos familiares, que la memoria de varias generaciones es anulada arbitrariamente y los recuerdos se pierden como si nunca hubiera existido esa historia. Cerrar la agencia estatal de noticias Télam, la novela que el Gobierno de Javier Milei le ofrece a la opinión pública por estos días, es un gesto similar para la Argentina, que ha contado con Télam desde hace 78 años para que Télam cuente a la Argentina.

Laura Da Silva, redactora de la sección Política de la agencia, estaba cubriendo la apertura de las sesiones legislativas el viernes 1 de marzo. Su lugar era la calle, donde organizaciones sociales, comedores populares, asambleas barriales y militancia diversa le hacían sentir al Presidente que el plan de ajuste en marcha ya no se soporta. No había forma de seguir el discurso que sucedía en el Congreso por falta de pantallas con transmisión en vivo y señal débil en los celulares en medio de la concentración. Desde la redacción de la calle Bolívar, el compañero que hacía de enlace con ella le mandó un mensaje.

–Acaba de anunciar que cierra Télam.

En campaña y luego en entrevistas periodísticas (con medios siempre afines a la lógica de “la motosierra” liberal), el Presidente había anunciado el cierre de Télam, pero esto era una confirmación inesperada. El primer impulso de Laura fue preguntar cómo estaban en la redacción. La respuesta la tranquilizó: “Acabamos de decidir que seguimos trabajando, diga lo que diga”.  

“Yo dije perfecto, ésa es la línea, seguimos trabajando. Y bueno, después ya seguí conversando para saber cómo estaba el clima y de la cobertura del Congreso me fui para la redacción”, dice Laura, que desde la madrugada del lunes 4 de marzo pasa las horas entre la mudanza propia y los acampes en Télam, donde sus trabajadorxs han decidido hacer una permanencia pacífica para truncar la novela de Milei de dejar a más de 700 laburantes en la calle, a cientos de medios nacionales y extranjeros sin los servicios periodísticos de la agencia y al país sin una memoria histórica de ocho décadas.

 

La noticia de que no habrá más noticias

Después del repentino anuncio del mandatario en el Congreso el viernes, el fin de semana estuvo movido en las tres sedes porteñas de Télam. Fueron horas de asambleas sindicales, mensajes de solidaridad y un estado de alerta permanente, algo habitual en el equipo periodístico pero con la particularidad de que esta vez la noticia eran las 760 personas que trabajan en las distintas áreas de la agencia.

La maquinaria Télam se puso en marcha el 14 de abril de 1945 (cumple 79 años en 2024), originalmente llamada Telenoticiosa Americana, de ahí su denominación actual. En ocho décadas de existencia hubo varios intentos de gobiernos democráticos y de facto por cerrarla, achicarla o transformarla de raíz: desde la Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955 hasta el Gobierno de Mauricio Macri (2018), y en el medio Arturo Frondizi (1958), José María Guido (1963), Carlos Menem (1994) y Fernando de la Rúa (2000).

Laura, que también es delegada sindical por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), tiene el recuerdo no tan lejano de los 357 despidos que intentó realizar Hernán Lombardi, durante el macrismo, desde su rol de titular del Sistema Federal de Medios: “Sin ninguna duda es la continuidad del proyecto de Macri y un poco el cumplimiento de aquello que dijo Macri en alguna entrevista, que fue que iban a hacer lo mismo que hicieron durante su Gobierno, pero más rápido”. Todos los despidos que intentó el macrismo fueron revertidos judicialmente gracias a la acción sindical y la pelea en las calles durante largos meses.

El domingo 3 de marzo, el turno noche en el edificio de Bolívar fue más movido que de costumbre. A los goles de Edinson Cavani en la Bombonera y las novedades desde Corrientes por las inundaciones se sumó otro tema de agenda: un movimiento extraño sobre la calle de la redacción central, con móviles y efectivos policiales. “Serían las once de la noche y en pocos minutos cayó directamente un camión gigante con vallas, montaron un operativo impresionante y cerraron el ingreso al edificio”, relata Laura. 

A esa hora, y después de forcejeos y discusiones con la Policía, ya estaban adentro lxs delegadxs sindicales de la agencia, el secretario general del SiPreBA, Agustín Lecchi, y la secretaria general de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN), Carla Gaudensi. Hicieron un video que rápidamente se viralizó, denunciando públicamente el accionar ilegal.

Ya en la madrugada del lunes 4, cada integrante de la agencia recibió un mail en su casilla con la firma del interventor impuesto por el Gobierno, Diego Chaher, que decía: “Por medio de la presente se notifica que todo el personal de Telam S.E. se encuentra dispensado de prestar su débito laboral por el plazo de siete (7) días con goce de haberes a partir de las 23:59 horas del Domingo 3 de marzo del corriente”. 

En 240 caracteres, como si fuera un cable de último momento, la intervención empezaba a mostrar las verdaderas intenciones del Ejecutivo nacional. En paralelo, el portal informativo de la agencia quedaba fuera de línea con la leyenda “Página en reconstrucción”. Manuel Adorni, el vocero presidencial, había publicado al cierre del discurso de Milei en el Congreso un tuit provocador: “Saluden a TELAM que se va…”. 

En ese territorio digital, donde los principales referentes del Gobierno liberal construyen relato y comunidad aplaudidora, también hubo una repentina edición para la entrada de Wikipedia dedicada a Télam. “Fue una agencia de noticias”, se podía leer en las primeras horas del lunes, así como la “disolución” fechada el 1 de marzo de 2024.

“El Gobierno dice que Télam está llena de ñoquis, pero resulta que nos pagan el sueldo y nos dicen que no vayamos a trabajar, me parece que están construyendo la excusa perfecta”, ironizó Tomás Eliaschev, redactor y delegado sindical, al aire de la uruguaya Radio Centenario. Y aportó una revelación: “En varias oportunidades el interventor nos dijo que se sorprendía por lo bien que funcionaba la agencia”. 

 

El dato y el relato

“Esta semana se va a conocer el plan que está diseñando el Gobierno para el cierre de Télam y el destino de cada uno de los empleados”, anunció en la conferencia de prensa matinal del lunes 4 el vocero Adorni ante la pregunta de un periodista que previamente había leído un comunicado de periodistas de Casa Rosada en solidaridad con el staff de la agencia. Adorni siguió: “Este año Télam tenía pérdidas estimadas en veinte mil millones de pesos”.

La cifra, como otras que maneja el Gobierno, es de difícil comprobación. La periodista Irina Sternik, en su newsletter LadobNews, se tomó la tarea de aportar números reales a la confusión que pretenden instalar en torno a Télam: su facturación anual supera los 1.300 millones de pesos y exporta servicios por unos 117.420 dólares al año. Allí se lee también que entre finales del macrismo (que intentó achicarla sin éxito) y agosto de 2023, la agencia creció en sus operaciones casi el 1174 por ciento y sus inversiones aumentaron más del 2000 por ciento.  

Sternik detalla que, en 2019, las remuneraciones del personal representaban el 68 por ciento de los gastos. En agosto de 2023, esa proporción había disminuido al 22 por ciento. “La conclusión es que si está bien gestionada no es deficitaria y no genera un gasto para el Estado”, apunta la periodista especializada en tecnología.

Minutos después de la conferencia de prensa en la que Adorni minimizó la disolución de un emblema informativo nacional e internacional (“nada tiene que ver con la libertad de expresión, ni la libertad de prensa, ni nada que vaya en contra de las bases democráticas”), por la cuadra de Bolívar al 500 del barrio de San Telmo era imposible caminar. La convocatoria a un abrazo simbólico a Télam tuvo una nutridísima presencia de periodistas, dirigentes sindicales, referentes políticos y de derechos humanos, militancia social y gente de a pie preocupada por la situación.

Allí estaba Fernando Pailhe, integrante de la familia de Télam desde 1989, hoy en el Centro de documentación del Archivo periodístico. Promediando los noventa, recuerda que se enteraron por el Boletín Oficial la orden del presidente Menem de liquidar la agencia. Luego vino la avanzada de la Alianza y también del macrismo. “Ésta es la peor de todas, porque esto de que se cierren, que se vallen los edificios… Ellos se animan a todo, hacen populismo de derecha mientras lo dicen, porque están quedando bien con su gente”, reflexionó. 

Sobre la pedagogía de la crueldad que ha instalado el Gobierno liberal en la sociedad: “Mientras te están diciendo que van a hacer mierda a la gente y van a hacer mierda la fuente de laburo y una cosa muy importante para el país, se enorgullecen, lo festejan. Antes eso no pasaba. Por eso digo que ésta es la peor, lejos”.

En un tramo de los discursos que llegaban desde la puerta del edificio ubicado en el 531, Carla Gaudensi, de FATPREN, decía enérgica: “No pretendemos que el Presidente piense que nosotros somos gente de bien, porque la gente de bien son los poderes económicos para ellos. Nosotros somos trabajadores y trabajadoras que nos la ganamos todos los días poniéndole el pecho, informando y garantizando esa información en todo el país. ¡La vamos a defender! ¡Télam no se va a cerrar porque sus trabajadores y trabajadoras no lo vamos a permitir!”.

En quienes transitaron el conflicto de 2018 hay una sensación compartida de que esa experiencia fortaleció la unidad al interior de la agencia y permite mirar este presente complejo con cierto optimismo. Fernando Pailhe recuerda el acampe que hicieron frente a los tribunales de Lavalle, mientras daban la pelea judicial en paralelo a la sindical: “Macri con sus amigos del Poder Judicial quería bajarnos lo que ya estábamos levantando por la justicia. Y había que ayudar a los jueces para no dejarse presionar. Y fue tal cual. Los jueces como que le decían ‘mirá, tengo a los tipos acá abajo, no puedo andar haciendo lo que vos querés’. Y no lo pudieron hacer. Siempre le pusimos una sonrisa a todo. Si no se hace con cierta alegría, a pesar de que te estás jugando la vida, siento que no lo podemos hacer”. 

La delegada Laura Da Silva dice: “El salto organizativo que dimos nosotros con ese conflicto hizo que hoy todo lo que pudimos organizar en tan poco tiempo, si no hubiéramos pasado por ese conflicto… todo lo que significó además, porque fueron cuatro meses, 119 días que tuvimos de permanencia pacífica en los edificios”. Esa experiencia de organización y lucha, además, fortaleció un tejido de solidaridad con distintos espacios gremiales y políticos que hoy rápidamente salieron a la calle en defensa de Télam y los puestos de trabajo en juego

Lo que se viene son días intensos de articulación en distintos planos: el acompañamiento social y sindical para sostener el acampe, las reuniones legislativas para dar la pelea en el Congreso y las estrategias legales para nuevamente revertir una decisión gubernamental arbitraria.

 

En defensa del edificio de la memoria

Sobre los adoquines de la calle Bolívar, entre abrazos colegas y charlas al paso, el experimentado Ezequiel Fernández Moores comentaba acerca del conflicto actual: “Yo laburé más de 40 años en agencia de noticias, entonces entiendo lo que es el trabajo de agencia y entiendo lo resignificado que debería estar el trabajo de agencia en estos tiempos, desde que apareció internet. Lo entiendo todo eso. Y entiendo también cómo hay que reacomodar el periodismo tan en crisis, no solo Télam, todo el periodismo. Entonces, yo entiendo los nuevos tiempos. Ahora, si tengo problemas en el cuarto piso, en el décimo piso, soluciono los problemas del cuarto piso, del décimo piso, y no tiro abajo el edificio. Cuando tiro abajo el edificio es porque ese edificio me molesta. Y bueno, estamos en un Gobierno que le molestan todos los edificios públicos. Incluso el de la memoria, porque Télam incluye memoria, claramente”. 

Los soldados argentinos en Malvinas. Diego Maradona DT dándole indicaciones a Lionel Messi jugador. Las Madres de Plaza de Mayo reprimidas por la Policía montada en diciembre de 2001. Maradona en 1986 y Messi en 2022 levantando la Copa del Mundo. Los jerarcas militares ingresando al recinto durante el Juicio a las Juntas. De la Rúa abandonando la Casa Rosada en helicóptero… La reportera gráfica de la agencia Camila Godoy compiló en un hilo de Twitter/X aquellas “fotos que sin Télam no existirían”.

Fernando Pailhe, uno de los custodios de la memoria, aporta contexto: “Ahí tenemos recortes de los diarios de los años 50, 60. Y hay para acá distintos formatos, pero tenemos el papel. Yo estoy ordenando todos los papeles, porque fueron sufriendo inundaciones, pero secamos papel por papel, lo restauramos. Le pusimos un cariño al laburo”.

“El archivo de Télam es un patrimonio cultural de la Argentina”, dice Laura. “Es una barbaridad que quede en manos de esta gente, porque es un material de profunda importancia para la memoria de este país. La dictadura militar hizo estragos en el archivo, pero todo lo que se logró conservar, fotos de los movimientos de derechos humanos, lo que pasó en Malvinas…”. La delegada habla y confiesa que la piel se le eriza cuando dice: “Hay un ex combatiente que siempre cuenta que su familia se enteró que él estaba vivo por una foto de Télam publicada en un diario”.

En su completo informe del newsletter, Irina Sternik detalla: hay casi 3 millones de documentos periodísticos de archivo en la agencia, más de un millón y medio de negativos y las fotografías blanco y negro en papel superan la cifra de 50 mil. Además, desde 2009 los registros audiovisuales ascienden a 38.000

El trabajo que se genera en la redacción central de Buenos Aires, sumado al de las 27 corresponsalías distribuidas por el país y las cuatro en el extranjero, llega a más de 800 clientes. Télam produce cables, fotografías, boletines, infografías, audios y videos que nutren portadas de diarios, sitios de noticias y redacciones periodísticas diversas. 

El trabajo de quienes trabajan allí puede verse reflejado en un amplio abanico de servicios informativos, desde empresas comerciales como Infobae, Clarín y La Nación hasta los medios integrantes de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (AReCIA), de la que Cítrica forma parte.

 

Una agenda por fuera del mercado

En 1945, mismo año del nacimiento de Télam, fue fundada la italiana ANSA que tuvo a Fernández Moores como redactor, editor y delegado sindical en su oficina de Buenos Aires. “¿Ese espacio quién lo va a llenar entonces? Y bueno, cuando se habla de los monopolios, en general ya sabemos a qué nos referimos. Entonces, el monopolio informativo va a estar más ocupado todavía, porque ya ocupaban espacios y todo este vacío que va a dejar Télam va a ser ocupado por otro. Pero ya con otro criterio, no con el criterio público. Porque ese criterio público, por más censuras, recortes, oficialismo que pudo haber sufrido en 80 años, seguía siendo público. Entonces, una inundación en Corrientes era pública; no era ni de izquierda ni de derecha. Era un drama humano que había una agencia pública cubriendo”.

Laura Da Silva señala: “Télam, además de la cobertura de coyuntura que realizan todos los medios, se caracteriza por cubrir una agenda que no es comercial para los medios privados, que tiene que ver con una agenda de derechos humanos, las personas con discapacidad, los derechos de la ancianidad, las luchas del movimiento de mujeres en la Argentina, y además con una perspectiva de género. Realmente hay un nivel de profesionalismo y de profundidad en los temas, en las distintas temáticas y problemáticas que aborda Télam”.

Entre las tareas encaradas por estas horas hay acampe, reuniones sindicales y también trabajo periodístico. Para evitar el apagón informativo, lxs trabajadorxs han decidido volcar sus coberturas y producciones en la web Somos Télam: “En redes se está circulando un montón de información falsa y nuestros compañeros y compañeras de distintas secciones están trabajando de forma articulada, produciendo distintas piezas para poder viralizar en redes sociales”.

¿Cómo continúa esta pelea? Pailhe: “Estos últimos años que estuve trabajando acá fueron los años que con más entusiasmo laburé. Después de 35 años. Y todavía ahora te vienen con este mazazo. Está bien, ojo, creo que después del mazazo del 2018, más de un compañero entendió lo que es laburar acá. Entendió lo que estamos haciendo. Alguno que estaba medio ahí, adormecido laburando, entendió que el trabajo es el trabajo. Hay que cuidarlo, hay que defenderlo. Cuidarlo con todo. Con todo el cariño, con todo el amor y con todo el laburo”. Para que la historia de Télam se proyecte, como la memoria del país, hacia el futuro.