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Julios veintiséis

por Maxi Goldschmidt
26 de julio de 2017

En Argentina, en Cuba, en Latinoamérica todos los 26 de julio nunca serán días comunes y corrientes. Lejos de morir, Evita y los rebeldes que intentaron tomar el Moncada viven más que nunca en sus pueblos.

Difícil pasar por alto la efeméride de este miércoles 26 de julio. El aniversario de la muerte de Evita es un acontecimiento nacional, y está muy bien que así sea, por lo que representa esa inolvidable mujer para el pueblo argentino. Incluso, en estos tiempos en los que se la puede recordar libremente -mal que le pese a algunos-, no deberíamos olvidar que durante muchos años los 26 de julio fueron días en los que había que ocultar la tristeza: miles se mordían una pena de altares clandestinos, un dolor sólo compartible a través de miradas, de silencios, de susurros.

Hay muchos libros y películas, pero prefiero el testimonio de alguien cercano, en este caso mi abuela Josefina, que siempre cuenta cómo Evita llegaba a los lugares más inhóspitos del país y que no dejaba de trabajar un minuto por los pobres. Cuenta la abuela que Perón, al ver despertarse tan temprano a su compañera, le decía "Negrita, descansá" y que ella le respondía "es que vos no sentís lo que yo siento por los pobres". Y por eso, el dolor de mi abuela fue el de miles de argentinos, por la pérdida, pero también por "cómo se ensañaron con ella, con su cuerpo. Hasta decían y escribían en las paredes 'Viva el Cáncer'. Por esas cosas hoy me pone feliz que se la recuerde, porque nadie como Evita trabajó tanto para los humildes".

También hay otro 26 de julio de muertes que se multiplicaron en vidas, en dignidad, en revolución. Fue en Santiago de Cuba, un año después de que Evita pasara a la inmortalidad, lo mismo hicieron esos rebeldes que intentaron tomar el cuartel Moncada, la segunda fortaleza más grande de un país que, como tantos otros de nuestros pagos lationamericanos, en ese momento sufría una dictadura. La operación, liderada por Fidel Castro y Abel Santamaría, falló, pero se transformó en el primer grito de un pueblo que no se detendría hasta terminar con el régimen de Fulgencio Batista, ese sanguinario títere de Estados Unidos que abadonaría la isla en las primeras horas de 1959.

Aquel 26 de julio de 1953 en combate murieron cinco revolucionarios, mientras que en los días posteriores los sobrevivientes fueron torturados y 56 de ellos asesinados. Un año después del triunfo de la Revolución Cubana, el cuartel Moncada, como otros regimientos militares, se transformó en escuela. Ahora en esa fecha se celebra el día de la Rebeldía Nacional. Cientos de niños y adolescentes se suben a los mismos autos utilizados en aquélla época y recorren el camino que 64 años atrás hicieron los rebeldes hasta llegar al Moncada, adonde entran armados... de lápices gigantes.

Porque como decía Fidel, "la historia demostrará que si al fin y al cabo, las fortalezas llenas de aspilleras y de soldados sucumbieron ante el empuje de nuestro pueblo que luchaba por una causa justa; en cambio, nuestras escuelas, representación del pensamiento y la cultura, jamás caerán bajo las fuerzas de los que nos la quieran quitar para convertirlas en cuarteles defensores de privilegios, porque esas escuelas las sabrá defender nuestro pueblo con trincheras de ideas, que valen más que trincheras de piedra".

Y ante ese enemigo común, enemigo de los pueblos que quieren ser libres, "el capitalismo foráneo y sus sirvientes oligárquicos y entreguistas" como dijo con tanta vigencia Evita y que bien podría haber dicho Fidel, tenemos que luchar siempre, con la certeza de "que no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos".