El Espacio Luciano Arruga fue el punto de encuentro militante para intercambiar experiencias y miradas sobre represión estatal, proyectos políticos y otros futuros posibles para el país gobernado por la ultraderecha. Y una invitación urgente a construir una “memoria dinámica”.
En Lomas del Mirador, uno de los distritos del partido bonaerense de La Matanza (casi una provincia argentina por su dimensión poblacional), sucedió el 31 de enero algo parecido a un coloquio de derechos humanos a cielo abierto. Había familiares, amistades y militancia cercana a víctimas de la represión estatal en democracia junto a testigos del terrorismo de Estado. A pocas semanas de cumplirse 50 años de la dictadura más sangrienta que tuvo la Argentina, ese diálogo entre generaciones y entre heridas abiertas (la represión de ayer y su continuidad en la represión de hoy) es una brújula necesaria para imaginar otros destinos posibles para el país gobernado por la ultraderecha liberal que reivindica los genocidios pasados y los actualiza con la violencia represiva de estos días.
Indart 106 es la ubicación precisa. Allí funcionó una comisaría improvisada como respuesta política al pedido de los Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador (VALoMi) por más seguridad. En ese mismo lugar y como consecuencia de lo anterior, la Policía Bonaerense secuestró y torturó a Luciano Arruga (16 años), quien se había negado a robar para la gorra. A 17 años de la desaparición forzada de Luciano (31 de enero de 2009), en este inmueble funciona el Espacio Luciano Arruga, que la militancia organizada y constante de Familiares y Amigos de Luciano Arruga logró arrancarle al Estado para convertirlo en un centro cultural.
Las coordenadas y el contexto actual le daban otro relieve a las voces que expusieron sus ideas y reflexiones al micrófono de la radio abierta, que a su vez transmitía en vivo Radio Zona Libre, la experiencia de comunicación de Familiares y Amigos.
Otras formas de la memoria
.
Vanesa Orieta, hermana de Luciano y referenta de la agenda de los derechos humanos del presente, hizo una invitación a construir una “memoria dinámica”. En sus palabras: “No podemos hacer una memoria que solamente interprete los casos de violación a los derechos humanos como propios de la última dictadura militar, sino que eso nos tiene que servir de ejemplo para hacer un ejercicio de memoria dinámica que nos permita entender que el fantasma genocida sigue orbitando nuestras vidas y que eso repercute hoy en la vida de muchos pibes de los barrios que sufren la tipificación, que sufren la persecución y que terminan perdiendo la vida. Hay que poder hablar de los hechos represivos de la actualidad y también poder hacer este juego con lo que aún seguimos reivindicando y sosteniendo con mucha fuerza, que es recordar a los 30.000 detenidos desaparecidos durante la última dictadura y oponernos rotundamente a esta batalla cultural que intenta llevarnos a un negacionismo, al olvido”.
También habló del pasado reciente: “Hubo dos Argentinas. Una Argentina que hablaba de la primavera de los derechos humanos y otra Argentina que seguía insistiendo en: 'Por favor, ¿nos pueden escuchar? En los barrios no hay tal primavera, la estamos pasando mal'. Y en lugar de sentir que esas puertas se abrían para escuchar las voces de la familia, lo que sentíamos es que nos decían '¿cómo vas a denunciar a este gobierno si es el gobierno que defiende los derechos humanos?'. Listo, nos callamos. Silencio. Bueno, el silencio nunca fue una opción y no lo seguirá siendo con ningún gobierno constitucional. Por más que ese gobierno entregue algunas cuotas de derecho y por más que hacia adentro tengamos que decir 'está bien, esto es una conquista', no queremos que esa conquista sea la bandera de tantos años de política que haga que no podemos pensar en una vida digna para todos y todas. En la vida que se merecen los niños, niñas y adolescentes”.
Mónica Alegre, la madre de Luciano, también dijo lo suyo al micrófono: “La única arma que tenía Luciano era un carro. El único delito que cometió es no querer estudiar y tuvo más de una pelea con su hermana. El otro delito, salir a cartonear. Y el otro delito, que es el más grave para los que están allá, es que un negro de una villa sueñe. Luciano soñaba. Y eso no nos pueden sacar, es lo único que no nos van a sacar. No quería estudiar, pero él quería trabajar dignamente. Soñar con un trabajo piola y conocer. Ésos eran los delitos que según ellos había hecho Luciano”.
Los genocidios perpetuados
.
Mirta Israel, hermana de Teresa, detenida-desaparecida en 1977, tiró del hilo de la memoria dinámica propuesta por Vanesa: “No podemos hablar de lo que pasó durante la dictadura militar como una cuestión del pasado. No sólo porque las fuerzas represivas y el poder capitalista y patriarcal y colonial y racista sigue vigente, sino porque además el delito de desaparición forzada se sigue cometiendo. Es un gran error hablar del pasado cuando nuestros familiares, nuestros compañeros, compañeras, compañeres siguen hoy detenidos-desaparecidos y no nos dicen qué pasó con cada uno y con cada una. Es una primera cuestión de cómo construimos el tema de la memoria partiendo de que no es algo del pasado. Es algo del pasado el día que hicieron el golpe, pero no las políticas que precedieron al golpe, que también fueron de terrorismo de Estado, y las políticas posteriores que dieron continuidad al genocidio en nuestros territorios”. Mirta cuestionó también la idea del genocidio como un hecho singular, porque “hubo otro genocidio antes que fue contra los pueblos originarios y afrodescendientes”.
Para Oscar, que perdió a su hijo Camilo Caupolicán Escobar por un tiro policial en 2019, la democracia actual “se reserva el derecho de admisión”. Su propuesta en medio de tantas causas y tantos nombres arrebatados por la represión estatal: “Tenemos que salir un poco del féretro de nuestros hijos, salir un poco del dolor y entender que es un dolor colectivo, que nuestros hijos no van a vivir más y tenemos que pelear para que todos estos chicos que estén fumando un porro en la esquina o tomando una cerveza o bajando del colectivo no sean asesinados, porque el Estado capitalista es un Estado criminal por definición”.
La familia de Juan Gabriel González, que celebraba la Navidad pasada en la Villa 20 de Lugano, vio cómo lo fusilaban en medio de un operativo policial que además quedó filmado. Oscar, su primo, decía desde la bronca: “El gatillo que disparó el policía lo cargaron intelectualmente miles de pelotudos de la sociedad que dicen que hay que matar a los villeros, matar a los negros, matar a todos. Y eso también es peligroso, porque eso carga las armas”.
Militar el futuro hasta conquistarlo
.
Entre el calor del sábado veraniego y los mates que pasaban de mano en mano, también hubo propuestas de otras Argentinas menos dolorosas para el pueblo. Mirta identificaba que “el proyecto del enemigo es un proyecto de opresión, donde no hay justicia, sino un Poder Judicial que ya sabemos lo que hace; donde no hay seguridad, sino que hay un poder represivo que mata todos los días”. Su planteo: “¿Desde dónde sacamos las fuerzas para construir proyectos y construir esperanza? Tenemos que hablar no solo de nuestros familiares desaparecidos, nuestros compañeros desaparecidos, sino rescatar los proyectos revolucionarios que sostenían, porque quizás nos den alguna pauta, algunos elementos que nos permitan la resistencia hoy y la construcción hoy de esos proyectos”.
Oscar, padre de Camilo: “Cuando estamos embarazados de dolor, tenemos que embarazarnos de lucha y de objetivos. Tenemos que andar con la panza llena de la voluntad de construir y de discutir con el compañero que no estamos de acuerdo, pero discutir como hermanos, como compañeros de clase, no estigmatizando o descalificando porque vos sos de tal o cual partido o porque vos sos de tal o cual religión”.
Mirta cuestionó el posibilismo político de estos tiempos: “Cada vez nos arrinconan más a cuidar lo poquito que nos dejan y que nos van sacando con leyes, con decretos, con lo que fuera. Entonces, frente a esos momentos, algunos planteamos 'vamos por todo'. Y vamos por todo es la construcción de otra sociedad”.
“¿Qué pensamos de esta democracia hecha mierda?”, dice Vanesa Orieta en la jornada de memoria por la desaparición forzada de su hermano, Luciano Arruga, hace 17 años. Una ceremonia de militancia antirrepresiva que se realiza en el espacio @LucianoArruga. pic.twitter.com/6cDAUIZWwV
-- Revista Cítrica (@revistacitrica) January 31, 2026
Vanesa: “Tenemos que empezar a mirarnos a los ojos y cuando nos miramos a los ojos entendernos en esa mirada de que estamos acá, de que estamos conectados, de que no estamos en esta mierda (agarra el celular) mirando lo que publica alguien. No, que estamos en cuerpo presente, humanizados y comprometidos con la realidad que nos rodea y que estamos dispuestos a dar la batalla. Sí, y que está bien difícil. Pero bueno, es a todo o nada. No es quedándonos con las migajas, porque ya tenemos la bota en la cabeza. Mucho más no debemos entregar. Me parece que estos espacios vienen bien. Yo creo que nos recarga un poco de energía y que nos da un alivio para poder repensarnos en cada una de las grupalidades y repensar esto de la solidaridad, el acompañamiento, la empatía. Palabras que es necesario empezar a poner en práctica”.
Sobre el final de la jornada de militancia, memoria y encuentro, una caravana partió desde el Espacio Luciano Arruga hasta la plaza del barrio 12 de Octubre donde ese pibe desaparecido por la Policía Bonaerense solía jugar, como hacen los pibes y las pibas que –así reza una de las consignas– “no son peligrosos, ¡están en peligro!”. Y entonces, para que ardan los engranajes del Estado represor, con un patrullero de cartón con la caras de la violencia represiva de ayer y hoy (Patricia Bullrich, Sergio Berni, Daniel Scioli, Fernando Espinoza, Manuel Adorni, Federico Sturzenegger) se inició una fogata que dio lugar al canto y la celebración. En esa hoguera, donde ardieron ciertas heridas todavía abiertas, también se fraguaron los sueños de otras Argentinas posibles.
“Los asesinos de ayer no pueden ser los salvadores de hoy”
A metros del Congreso, en la Ciudad de Buenos Aires, en un escenario montado en la calle, familiares y amigos de víctimas de la represión estatal pusieron el cuerpo y la voz para que el año electoral no se lleve puesta la memoria de los seres queridos ausentes.
¿Qué pasó con Luciano Arruga?
A diez años de la desaparición y muerte de su hermano, Vanesa Orieta hace un repaso por un caso cargado de impunidad, complicidades y también una lucha colectiva que deja enseñanzas para pensar la agenda de los derechos humanos del presente.
La presencia imborrable de Luciano Arruga
A 13 años de la desaparición forzada seguida de muerte del adolescente de La Matanza que se negó a robar para la Policía Bonaerense, un recorrido por los lugares clave de una historia que sigue viva en la memoria de su hermana y de quienes denuncian la continuidad de la represión estatal.
