“Autocultivo legal, regulado y para todos los usuarios”

por Lorena Tapia Garzón
Fotos: Juan Pablo Barrientos
21 de noviembre de 2019

Por décimo año consecutivo, la Marcha Nacional por la legalización de la marihuana volvió a exigir que el Congreso trate una ley que deje de criminizalizar el cultivo doméstico. Las madres que gritan por sus hijes, el grito de libertad por los presos por cultivar y el uso cultural y terapeútico.

“¡Autocultivo!, ¡autocultivo!”. El grito se expande por las más de 10 cuadras que separan Plaza de Mayo del Congreso. Es la décima Marcha Nacional por la Legalización de la Marihuana que año a año se masifica cada vez más, a pesar de las intimidaciones de la Policía de la Ciudad que ronda cada centímetro de la movilización. Son cultivadores, profesionales de la salud, mamás y papás que exigen poder autocultivar el cannabis que mejora la vida de sus hijes enfermes. Son jóvenes, viejes y adultes que simplemente quieren consumir tranquiles, sin persecución ni calabozos. 

“Queremos un autocultivo legal y autoregulado, que abarque a todos los usuarios, desde el medicinal hasta el ‘recreativo’, aunque hoy ya no se llama así, se trata de consumo adulto responsable. Necesitamos una ley más abarcativa, que descriminalice al autocultivador. No queremos que sigan cayendo presos por autocultivar”, dice María Eugenia Rondán Cervera, referente de Resistencia Cannábica, una organización sin fines de lucro que informa, dicta talleres e intenta concientizar sobre la importancia de la legalización de la marihuana. Mientras tanto, junta firmas para sumar a la Campaña “Cannabis al Congreso”, en busca de una ley que ponga al Estado como regulador de la producción de esta planta que nada tiene de letal, aunque sigan insistiendo con catalogarla como una “droga peligrosa”.

 



“El movimiento cannábico argentino tiene 20 años, somos cada vez más, demostramos que el cannabis es terapéutico para todo el mundo, no solo para quienes padecen patologías, que es una sustancia segura, que no tiene dosis letal, la Organización Mundial de la Salud ya ha recomendado a la ONU que lo saque de drogas peligrosas, pero seguimos siendo ilegales”, señala Sebastián De la Iglesia, del colectivo cannábico solidario “Flores de Libertad”. Y agrega: “Por eso volvemos a la calle, porque tenemos la misma ley de hace 30 años que nos criminaliza. Creemos que el Congreso tiene que legislar de acuerdo a los tiempos que corren, planteando una ley que tenga una base científica, liberada de prejuicios morales, y que tenga como primer concepto el derecho a la salud, el derecho a las libertades individuales, a que la gente pueda consumir cannabis autocultivándolo, o que pueda acceder comprando en una farmacia. Que el Estado también lo pueda producir, o si quiere hacer convenios con laboratorios que también lo haga. Pero que nos dejen cultivar a los usuarios y cultivadores, que nos dejen hacer nuestra sustancia, no podemos seguir con miedo de caer presos”. 

"Creemos que el Congreso tiene que legislar de acuerdo a los tiempos que corren, planteando una ley que tenga una base científica, liberada de prejuicios morales, y que tenga como primer concepto el derecho a la salud, el derecho a las libertades individuales"


Sebastián, que llegó al activismo cannábico luego de descubrir que le mejoró la calidad de vida a su hija de 8 años cuando tuvo que soportar una quimioterapia, se refiere así a la gran cantidad de presos por autocultivo. “La mayoría detenidos por la ley de narcotráfico son usuarios, no narcotraficantes. Porque los narcos no tienen plantas en sus casas. Los que caen con uno o dos porros en la calle tampoco lo son. El 80% de los que caen son usuarios, el eslabón más débil de la cadena. Los agarran en la vía pública, o allanan su casa con 4, 5 o 10 plantas. Nadie trafica con 10 plantas, pero se llevan penas de 4 a 15 años. El caso más emblemático del último tiempo es el de Damián Raña, preso hace 5 meses por tener tres plantas de marihuana en su casa de Berisso. Una locura”.

 



“Libertad a Roberto Basso”, dice el cartel que cuelga del cuello de Analía Carranza, de San Nicolás. Roberto es su compañero desde hace 11 años y está preso desde el 29 de mayo pasado por supuesta comercialización de marihuana. “Ese día allanaron nuestro domicilio la Policía Federal con un representante fiscal alegando una denuncia anónima por supuesta comercialización. El fiscal nunca presentó pruebas, solo una foto de una persona parada en el frente de mi casa. ¿Teníamos cultivo? Sí. Somos cultivadores, militamos hace dos años para una organización que se llama ANECA, en San Nicolás. Yo tengo una patología en la columna que es escoliosis y rectificación en la cervical que me provoca mucho dolor, mareos, dolor de vista. Primero recibí aceite de cultivadores anónimos y cuando nos allanaron teníamos una cosecha que era para realizar aceite de cannabis, pero también para consumo personal, porque somos consumidores. Roberto hoy sigue preso con domiciliaria”, relata.



Jimena Formosa, presidenta de Mamá Se Planta, también exige la legalización del autocultivo. “Necesitamos la planta libre en todas sus formas, necesitamos esta planta imperiosamente porque nosotras defendemos el derecho a la salud, somos defensoras de los Derechos Humanos, y no nos queda otra que cultivar. Desde el Estado nos piden tiempo, pero a ese tiempo no lo tenemos, no lo tiene mi hijo ni los hijos de un montón de madres más”, dice. Y cuenta cómo el cannabis mejoró la vida de su hijo Constantino, de 3 años y medio, a quien los médicos del Hospital Garrahan le habían dicho “no hay más nada que hacer”. 

"Necesitamos la planta libre en todas sus formas, necesitamos esta planta imperiosamente porque nosotras defendemos el derecho a la salud y no nos queda otra que cultivar".

“Mi hijo nació con una epilepsia refractaria, un retraso madurativo, parálisis cerebral severa, convulsionaba 500 veces por día, a los 5 meses los médicos me dijeron ya no había nada para hacer, después de haber usado 87 medicaciones diarias. Fue ahí cuando yo empecé a buscar otra alternativa. Encontré en esta planta lo que primero pensé que iba a ser una mejor calidad de muerte, pero que hoy me da un hijo lleno de vida, que no convulsiona desde hace un año y medio”, relata. Y agrega: “Así me encontré con que había un montón de madres que estaban pasando por lo mismo, empezamos a obtener más información, a estudiar sobre el tema. Descubrimos que esta planta es utilizada hace más de 5 mil años, que no hay una sola muerte en el mundo por cannabis ni por sobredosis de cannabis. Crecimos rapidísimo: en un año éramos más de 600 familias, hoy somos más de 6000 en todo el país”.

Jimena lleva puesta una remera violeta con el logo de la organización que preside y un cartel que dice “Hoy puedo ir presa por hacer la medicina de mi hijo”. Dice que cuando empezó a buscar información sobre cannabis en las redes sociales dio con un cultivador solidario que le enseñó todo acerca del uso del aceite, incluso a cultivar. “Tenía las rastas hasta los tobillos y es mi ángel guardián”.

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