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Aldana condenado: la justicia sana

por Lucrecia Raimondi
Fotos: Vicky Cuomo
15 de julio de 2019

Después de muchos años de abusos se animaron a hablar y, juntas, enfrentaron los prejuicios de la sociedad, la Justicia patriarcal y los recursos cínicos de Cristian Aldana, el abusador. Felicitas, Carla, Ariell, Guadalupe, Jazmín y Karen cuestan sus historias de sanación. Finalmente El TOC 25 de la Ciudad de Buenos Aires resolvió por mayoría que Aldana continúe preso.

El ex cantante de la banda indie El Otro Yo, Humberto Cristian Aldana, fue condenado a 22 años de prisión por el delito de corrupción de menores por cuatro de las siete denunciantes. El TOC 25 de la Ciudad de Buenos Aires resolvió por mayoría que continúe preso y que se incorpore su ADN al Registro Nacional de Datos Genéticos. La jueza Anda Dieta de Herrero votó en disidencia de sus colegas porque no consideró la prescripción de dos casos y juzgó que el rockero debía cumplir los 35 años de cárcel que pidió la fiscalía.

 


 

Felicitas, Carla, Ariell, Ana, Guadalupe, Jazmín y Karen son siete de lxs cientxs de adolescentes que alucinaron con un ídolo accesible que les mostraba una aparente forma de vida disruptiva, en una época donde el sexo y la violencia de género eran temas tabú. Cada una por su lado entendió con procesos de terapia psicológica que las relaciones sexuales con él no fueron consentidas y quedó probado en el juicio que Aldana manipuló a las adolescentes obligándoles a realizar prácticas perversas y a mantenerlo en secreto, lo que causó una serie de efectos sobre la psiquis, la esfera psicosexual y el crecimiento de las chicas, que luego terminaron por concretar la corrupción de menores. En definitiva, que él era un adulto con decisiones libres sobre sus elecciones sexuales y las pibas eran niñas sin ningún tipo de experiencia que, viciadas por las intenciones de Aldana, fueron sometidas a su voluntad. Hasta que dijeron basta, salieron de su círculo y se animaron a contar.

El contexto social que abrió Ni Una Menos en 2015 y la denuncia de Mailén a Miguel Del Popolo las ayudó a romper el silencio. Después de muchos años de estar distanciadas Ana, Feli y Charlie volvieron a encontrarse y a hablar de lo que había pasado. No podían concebir que siguiera impune, que ninguna piba haya hablado. Al principio la sensación era de miedo a la exposición, a sentirse juzgadas, a que no les crean. Pero cuando abrieron el blog y la página de Facebook donde relataron sus historias, y vieron que cada día más chicas se animaban a contar sus situaciones con Cristian Aldana, dieron un paso más y buscaron justicia en el sistema penal. 

Felicitas Marafioti observó que no hubo en Argentina un caso así antes y contó qué sintió cuando pensó en ir a UFEM: “No sabía que podía pasar, pero sabía que hay que tener miedo cuando no tenes la verdad. Me quedé tranquila cuando me dije: ‘Pará, yo no estoy inventando nada´”. “Nadie denuncia porque está al pedo o por venganza. La idea fue que se sepa y se visibilice para que este tipo no pueda abusar y hacer lo que quiere con niñas. Basta de esto porque va a seguir arruinando la adolescencia de muchas chicas”, expresó Ana León cuando contó qué las motivó a denunciar. 

Charlie Di Palma está convencida de que pudieron sanar por transformar una causa colectiva en una lucha feminista: “Si pudimos hacer esto desde el dolor, imagínense lo que podemos hacer desde la alegría. Podemos cambiar el mundo”. Y para quienes piensan en la opción de iniciar un juicio recomienda: “Si decidís denunciar es mejor ir siempre con una red que tenga perspectiva de género, nunca ir sola. Armarse de información, con herramientas precisas y concretas. Asesorarse con personas que estén en el palo”. 

La causa de las pibas muestra desde qué lugar se pararon para contar sus historias y qué esperan cambiar. “Hay que hacer lo que propone el feminismo, deconstruir el adultocentrismo y el silencio, hacer un trabajo de rotura de ego para escuchar a las niñeces porque ese es el devenir y por eso estamos en esta”, sostiene Ariell Carolina Luján e invita a que “les adultes se deconstruyan constantemente en todas las áreas”.

Las chicas entienden que el racismo, la misoginia y las homotranslesbofobias son la estructura y las bases fundamentales para que sobrevivan “estas sociedades de abusos”. Reflexionan sobre el presente de las infancias y las adolescencias, encuentran que la Educación Sexual Integral resulta imprescindible para prevenir y que “el mundo adulto tiene mucho que escuchar y de lo que hacerse responsable”. 


 

Felicitas ama la música y compuso sus canciones; la noche anterior al veredicto presentó su banda “Feli y Ascendentes” en un bar de Almagro. El show explotó con una versión de “Sweet dreems”, de Eurythmics, que combinó la voz dulce de Feli con un ritmo punk y pasajes parecidos a la reversión de Marilyn Manson. Las luces verdes y violetas dieron al tema el toque power femininja. La fotografía, el cine, estar con sus “gatites”, hacerse de comer rico son sus placeres cotidianos. “Me gusta disfrutar esas pequeñas cosas de la vida, antes no lo veía. Esto nos está enseñando a volver a nacer desde un lugar sano”, cuenta Feli sobre su proceso, en el que aprendió a soltar sus emociones y a pedir abrazos si se siente “pachucha”. 

Charlie estudia Letras en la Universidad Nacional de Hurlingham, es docente en un secundario y ayudante de cátedra en la universidad. Usa cuentos de Lucía Berlín y otras escritoras feministas para sus clases. Busca maneras de no encasillar, de “desandar la historia y el camino que una transitó”. Recita poemas o canta en espacios culturales independientes. Ama a su niño Ulises, a sus gatos y su preferido es el helado de dulce de leche granizado. Los días en que las cosas no salen como ella espera se deja mimar con mates, guitarreadas, chocolates y charlas con amigues que la sostuvieron en los momentos de tensión.  

Ana estudió diseño de interiores, le gusta mucho el arte y hace joyería. Este último tiempo encontró en los procesos químicos de los metales una forma de canalizar su propia transformación. Le costaba mucho hablar de sí misma porque sentía que los demás la juzgaban. En terapias formales y alternativas trabajó sobre su autoestima y cuenta: “ahora puedo expresarme mejor, decir lo que pienso, no sentir que todo el tiempo me están juzgando”. En 2016 visitó a un terapeuta que la ayudó a contarle a sus viejes lo que había pasado. “Me surgió contárselo porque necesitaba su apoyo. Eso fue recontra sanador y esencial, después hice la denuncia”. También su maternidad le hizo ver las cosas de otra manera. Para ella la comunicación y el respeto de la niñez es clave: “En la crianza de mi hijo quiero que él me confíe cualquier cosa que le pase, que me sienta cercana y pueda contarlo”. 

Ariell encontró su pasión en la comunicación digital y estudia en la Universidad Nacional de La Plata. Le gusta estar con sus amigues, “la trinchera identitaria” como le llama a su grupo de pertenencia. Su autopercepción es lesbica y explicó que “el abusador se quiere hacer dueño hasta de tu deseo e identidad. Y no, todo lo contrario, yo soy lesbiana porque sane”. Ari es escritora y activista feminista. Ella entendió que lo personal es político. “La denuncia es un activismo político porque venimos a transformar esta mierda. Sabés que vas a tener que ir a pelear por tus derechos porque no te van a defender. Por eso es tan importante el movimiento feminista, porque te da herramientas para que las personas puedan tomar esa decisión desde el conocimiento del sistema judicial que es decadente”. Además de su proceso, que como todas tiene altibajos en sus estados de ánimo, Ari espera que la absuelvan de una demanda civil que le inició Diego Boris, director del INaMu, por mencionarlo en su declaración contra Aldana. 

Le pusieron mucho coraje, ovario y contención colectiva para afrontar el largo proceso de sanación. Lo importante para ellas fue que lo transitaron juntas. El resultado, la sensación de alivio y justicia por sus infancias que fueron dañadas. Ahora se sienten libres por saberse valientes al enfrentar y destruir el sentimiento de culpa que él les había impuesto. Las pibas dejaron en los Tribunales una mochila cargada de responsabilidades que no les pertenecían. La Justicia las escuchó, les creyó y Cristian Aldana no pudo sostener su impunidad. 

“Siempre fue muy confuso todo porque la situación era la de no sentir ningún placer y pensábamos que el acto sexual era eso”, explica Ana. Todas manifestaron lo mismo. Que les costó muchos años reconocer el deseo de sus propias cuerpos, lo que les hacía bien o mal. Entender la sexualidad como un compartir de goces y no como el acto de satisfacer solamente al otro. Asumir que la palabra de une vale y decir “no quiero” o “no me gusta” es un derecho que las masculinidades deben escuchar y respetar. "El empoderamiento y lo reparador del proceso es que fuimos un montón de pibas diciendo basta a la cultura del silencio como sostenedor del patriarcado”, manifestó Ariell y Felicitas aseguran que la identidad de las personas también es conocerse, quererse, cuidarse, protegerse, poner límites y que “si eso no lo haces vos, no lo hace nadie por vos”. 

El mundo cambió, ellas cambiaron. Pasaron por problemas graves de salud y de adicciones. De a poco lograron entender la gravedad y lo canalizaron con actividades que las ayudó a expresarse, a quebrar el pacto de “amor secreto con el ídolo”. Y todas coincidieron en que no lo hicieron solas, que estuvieron acompañadas. La manada fue fundamental para mantenerse fuertes y resistir las situaciones revictimizantes del juicio; también el apoyo de dependencias judiciales que les propiciaron contención profesional, además de un espacio cuidado para denunciar. “DOVIC y UFEM hacen que la víctima tenga un sostén y haya una transformación en la Justicia. Si no existieran tampoco podríamos haber hecho este juicio nosotras solas con nuestras declaraciones. Por eso es re importante generar una red”, aseguró Ariell.

Los días de bajón se llamaron entre ellas o a otras personas que “no pasaron esto pero que proyectaron como espejos sus situaciones personales que nos atraviesan a todas”. En su entorno las animaban con palabras de aliento y la disposición para compartir abrazos, cigarrillos, salidas, mates o charlas sobre cualquier tema que distrajera la ansiedad o ahuyentara los momentos de angustia. Siempre estaban preparadas con amuletos y el característico humito del palo santo que prendían como gualicho protector cada vez que tuvieron que enfrentarse a las “bendiciones para todos” del abusador. Los mensajes cariñosos y de reconocimiento por ganar el juicio se pueden leer en sus redes sociales. El 11 de julio cerraron una etapa y dejaron a Cristian Aldana en el pasado, encerrado.