“La ESI es la mejor herramienta para prevenir un abuso”
La médica y comunicadora, Sol Despeinada, analiza cómo el ajuste económico y el desfinanciamiento estatal transformaron a la salud sexual en una cuestión de clase. Defiende la ESI como una herramienta vital de supervivencia frente al abuso infantil, analiza el consumo de deseos prefabricados en las pantallas y advierte sobre la falta de voces transfeministas en los medios.
Sol Ferreyra, más conocida como Sol Despeinada, es médica, docente, especialista en sexología clínica y comunicadora en salud sexual. En las redes hace pedagogía en clave de humor sobre sexualidad, violencia de género y Educación Sexual Integral (ESI). Creció en Carapachay y luego, cuando terminó sus estudios, se mudó a la Ciudad de Buenos Aires.
Desde pequeña la acompaña una creatividad cómica innata que nunca la abandona. Esa faceta, que supo combinar con información confiable, logró captar la atención de las miles de personas que hoy la siguen en distintas plataformas. Hablar con ella es como estar en un show de stand up compartido, pero cuando el tema lo amerita, también se pone seria. La entrevista que compartimos sucedió al aire de “No es por ahí”, el stream de Cítrica en el canal de YouTube de Posdata (emisión quincenal, los jueves a las 20).
–¿Qué sentís hoy cuando dicen “el feminismo se pasó tres pueblos”?
–Me parece una lectura totalmente equivocada. Al principio me enojó. Igual te voy a decir algo: al principio me lo creí un poco también, cuando estaba mal. Cuando estaba ahí, despidiendo el cajón de mi viejo en toda esa situación, pensaba: “Creo que sí, que está bien”. Te logran convencer un poco. Después dije: “No, no, no. No tiene nada que ver con el feminismo que el país haya llegado a la recontra mierda”. No tiene absolutamente nada que ver. Que la gente tenga que tener tres laburos no tiene nada que ver ni con la “E”, ni con el DNI, ni con el feminismo, ni con la ley de aborto. Es otra estrategia más. Es la misma forma en la que los tipos, desde sus microespacios, culpan de todo a sus esposas, sus parejas, sus novias o sus hijas. Es el “mirá cómo me ponés” versión economía. Casi me lo creo, pero mi lectura hoy es que no. Yo, si bien milito el feminismo y creo que es un movimiento político, no me presento en una lista, no estoy en una boleta, no hago manejos ni tengo que pensar estrategias electorales. Pero me parece que esa lectura está mal y la voy a defender a muerte: no hubo ningún tipo de pasada de pueblo. Son derechos humanos. Los tipos están en los streams, esos de micrófonos de 25 mil dólares, con todos los bracitos hermosos, tatuados con un montón de derechos humanos. Ya no saben qué derecho humano tatuarse... menos el de las mujeres, las diversidades y las infancias.
–Faltan varios tatuajes.
–No le vas a encontrar un solo tatuaje que diga “No violes nenes”. No vas a encontrar un solo tatuaje que diga “No mates a una persona trans” o “No está bueno matar a tu novia y enterrarla en el fondo de tu casa”. No hay manifestaciones de su parte, ni siquiera en las redes. Siempre terminamos siendo las minas y la comunidad las que repudiamos los femicidios o travesticidios. En los tuits, por ejemplo, no ves a varones heterosexuales repudiando un travesticidio, ni casos de redes de trata o de pedofilia. No hay una declaración de su parte, y hacer silencio con eso también es una declaración de principios. Ellos se miran al espejo y son el Che Guevara, pero cuando el espejo no está y los veo yo, están todos con consignas de derechos humanos que son muy lindas y las cuales apoyo, pero les faltan un par. Van a tener que ponerse un brazo extra si quieren defender todos los derechos humanos que hoy no están defendiendo.
–Quería preguntarte algo que tiene que ver con lo que no dicen estos conductores: el proyecto de ley de falsas denuncias. ¿Qué pensás cuando ves un proyecto de ese tipo, que es peligrosísimo?
–El proyecto en sí mismo me da bronca, por supuesto. Me enojo, me frustra. Me parece que nos faltan herramientas, pero no porque no tengamos las capacidades, sino porque no tenemos estructura. La estructura la tomaron todos estos chabones de los streams, y ellos no hablan de eso en sus espacios. Hicieron un monopolio de la voz, del relato. Yo prendo el stream y veo cómo es el día de un chabón blanco, cis, heterosexual, con todas sus capacidades estables, que te relata: “Hoy salió el sol, este TikTok es muy bueno, cantemos una canción”. O hacen un top 5 para ver fotos trucadas de Lilita Carrió. Ese es un día en la vida de un chabón que hace política o que hace un stream. Buenísimo, me encanta, lo re banco y tenés todo tu derecho a hacerlo, pero no han dejado un maldito espacio para otras voces u otras realidades. Esa no es mi realidad, no me interesa y no lo miro. Aparte, usan la excusa de tender puentes para llevar a su programa a una persona facha, pero después no le dan lugar a otras voces. Si vas a tender puentes, podés tender puentes con una feminista o con una persona trans. Todo el tiempo hablan de nosotras, pero cuando decís “bueno, dale, invitalas”, no lo hacen porque no les garpa o porque pianta votos, como ellos mismos dicen.
–¿Por qué pensás que actúan así?
–Yo entiendo que están queriendo discutir y ganar el voto del chabón que lo votó a Milei –que es el estereotipo promedio del votante de Milei– y lo quieren comprar. Te lo entiendo, pero si votaran solo las mujeres no habría ganado Milei. Hay un potencial enorme en el feminismo, en los transfeminismos y en los movimientos por las diversidades al que le bajan el precio. Qué error están cometiendo, porque este año, en un par de meses, van a empezar a pedirnos el voto. Yo no voy a salir a militar a ninguno de estos piojosos. Me tenés que traer una propuesta que mínimamente me convenza y que no sea: “Uy, votá a este canoso de traje con bigotes que es re copado, toca la guitarra y no sé qué”. No me interesa más eso. En las charlas que hacemos con Lala Pasquinelli conversamos con la gente que viene. Me acuerdo de que una vez la discusión era: “Che, tenemos que militar el feminismo, el transfeminismo, hay que salir a la calle, hay que volver a juntarse, a hablar más entre nosotras, a discutir, a saber qué le está pasando a la otra compañera”. Y la respuesta de muchas era: “No tenemos tiempo, hay que criar, hay que tener tres laburos, limpiar, hacer las tareas de cuidado”. Todo bárbaro, pero de repente pregunté “¿alguien acá milita en algún espacio político, sindicato o partido?”, y muchas levantaron la mano. Y yo decía: “Bárbaro, tenés tiempo para ir a militarle a un chabón en una lista en la que vos no estás ni vas a estar”.
–Estamos en un momento en el que los preservativos están carísimos y las pastillas anticonceptivas también. ¿Se convirtió la salud sexual en una cuestión de clase?
–Sí, por supuesto. Es un gasto ajustable como cualquier otro. Es como si dijeras “No pago más Netflix porque no tengo plata, me quedé sin laburo, entonces voy a suspender el cable o voy a contratar un servicio más barato de celular”. Son cosas que ajustás. Otras variables podrían ser las vinculadas a la salud en general. Imaginate que si la gente tiene dificultades para comprar un preservativo... no sé, si tienen eventos de presión alta, de hipertensión, van a patear una consulta médica privada con un clínico, porque está alrededor de 70 lucas una consulta particular. No digo que no lo valga, lo desconozco porque yo no estoy haciendo clínica ahora; solo digo que es un monto que no lo puede pagar cualquiera. A pesar de que todavía tenemos –y por ahora tocamos madera– salud pública y cualquiera puede acceder a un hospital, es una salud pública desfinanciada que, por ejemplo, en salud sexual y reproductiva compró solamente 800 preservativos para repartir a nivel nacional. Esos lugares públicos donde antes se podía ir a buscar un preservativo, hoy no existen.
–¿Cómo podemos explicarles a las personas que creen que la Educación Sexual Integral (ESI) es un adoctrinamiento? ¿Cómo contrarrestamos esa idea?
–Para empezar, la ESI es un punto en el que se cruzan la salud y la educación de una manera que no sucede en ninguna otra disciplina. Tendría que ser un adoctrinamiento demasiado articulado para que funcione así, y la verdad es que no tenemos ese nivel de organización. Por otro lado, entiendo que por adoctrinamiento deben referirse a convencer a los chicos de algo. Si fuera tan fácil convencer a los niños de una orientación sexual o de lo que sea, seríamos todos heterosexuales, y no lo somos. No es tan fácil como decirle a alguien lo que tiene que ser; eso no funciona así. Además, hay pruebas cuantificables de cuáles son los resultados de aplicar la ESI en los distintos niveles educativos. Quedó demostrado que como herramienta para la prevención del abuso sexual en las infancias es excelente; de hecho, es prácticamente la mejor herramienta que te puede dar una escuela. También es la única disciplina que puede dar de forma articulada y transversal las cuestiones vinculadas a la salud sexual en adolescentes.
–La escuela ofrece una mirada que muchas veces no está presente en la casa.
–Hay niños o niñas que escuchan en su casa todo el día a sus padres decir: “Ah, mirá, a esa la violaron porque iba vestida de tal manera, porque ella lo provocó, porque hizo esto o aquello”. El día que un adulto abuse de ese niño, como se crió en una casa donde la culpa la tiene la persona abusada, no lo va a contar. Sabe que tiene la culpa. No va a relatar el abuso porque cree que cometió un error, que tuvo un problema o que provocó la situación. No lo va a contar por miedo a ser retado o a que le digan “ahora nos metiste en un problema a toda la familia porque tenemos que pelearnos con la otra parte de la familia porque vos, con 3 años, provocaste a tu tío de 40”. Todos esos mensajes y esos discursos arman relato, ingresan ahí. Los chicos aprenden todo como una esponja; son curiosos. Tienen esa característica que los adultos estamos perdiendo cada vez más: la curiosidad, el prestar atención y el registrar. Como en las casas no podemos regular lo que pasa, el segundo espacio de socialización que tienen las infancias es la escuela.
Ahí se encuentran con sus pares —algo que no pasa en la casa, salvo que tengan hermanes de la misma edad con quienes conversar—. En la escuela encuentran identificación, ven a su compañerito y dicen: "Ah, mirá, existe esta otra forma diferente de ser o esta otra forma diferente de pensar". En la escuela hay un equipo docente que, idealmente, tiene una formación objetiva y puede leer ciertas actitudes corporales, ciertos comentarios o escuchar relatos sin perder la objetividad. El docente no se cruza con las subjetividades de la familia; no está hablando de tu hermano, de tu esposo o de tu novio. Si el niño cuenta que el novio de la madre al que ella ama lo toqueteó, el docente es una persona objetiva que lo ve cuatro o cinco horas por día, escucha el relato y tiene la obligación de denunciar. Cuando se trata de niños, todos los adultos tenemos la obligación de denunciar ese tipo de delitos.
Esa posibilidad de que tu hijo, tu hija o tu hije asista a un lugar donde van a estar atentos a eso, de alguna manera te libera a de la carga de estar pensando constantemente: "Che, cuando te quedaste solo con el primo, ¿todo bien? ¿A qué jugaron? ¿Dónde te sentaste? ¿Qué hiciste? ¿La pasaron bien?". Más allá de tu control como adulto -que es una responsabilidad, porque traer un hijo al mundo implica que controles eso-, sabés que hay una institución que también lo conoce y se está ocupando de preservar su salud y su integridad física.
Quitarle eso a las infancias solamente porque a vos te molestan los putos es priorizar un prejuicio tuyo -que lo deberías trabajar bastante- en pos de vulnerar a tu propio hijo con tal de que no acceda a esa información. Y no estoy contemplando que vos seas la persona que abusa y que por eso militás contra la ESI, ni que conozcas los abusos que reciben tus hijos y por eso militás en contra. Ni siquiera lo voy a decir; voy a pensar de buena fe que esos padres simplemente tienen una serie de prejuicios e ignorancia sobre el tema, y en función de eso se expresan o denuncian algo que no es.
También es cierto que hubo una campaña muy grande contra la ESI. A los padres les llegan cadenas de mail o de WhatsApp donde dicen que a los chicos les enseñan a hacer ciertas prácticas sexuales, acompañadas con imágenes hechas con Inteligencia Artificial o sacadas de cualquier otro lado, y los padres lo creen. Bueno, también hay una responsabilidad en tu adultez de chequear esa información y no creer cualquier cosa. Vos sabés a qué colegio mandás a tus hijos, y eso es importante.
Si vos no vas a tener esa charla sobre métodos de cuidado, sobre situaciones de abuso sexual, sobre el ciclo menstrual, sobre anticonceptivos o sobre violencia en los noviazgos -por nombrar los temas más comunes de la ESI- porque a vos no te dieron ESI, te da vergüenza o te incomoda hablar con tu hijo de quince años y preguntarle: "Che, ¿la pusiste? ¿Te estás cuidando?", me parece entendible. Es normal que te dé pudor, no lo juzgo. No todo el mundo puede hablar libremente de sexualidad; me encantaría que fuera así, pero no lo es y lo puedo llegar a entender. Entonces, no obstaculices que otros adultos, además de enseñarles geografía, matemática o inglés, quieran tener esas conversaciones. Permití que tu hijo tenga ese espacio libre, porque a él también le va a dar vergüenza hablar con su papá o su mamá sobre sexualidad y va a ocultar cosas. Es normal que suceda a los quince años. No digo que sea fácil; por eso, la escuela es un facilitador.