Revista Cítrica

Leonel, el feo


08 de junio de 2017

Revista Cítrica

Celebramos el aniversario de nacimiento de uno de los cantores fundamentales de la historia del tango a nivel mundial. Rivero, contra viento y marea, eterno como un mar.

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El Leonel de Valentín Alsina, que vio el primer rayito de sol allá, por el 8 de junio de 1911. "Nací bajo el mismo ciclo al que tantas veces he cantado con versos de Homero Manzi; el de Pompeya y más allá la inundación".

Guante que -más tarde- recogió Saavedra, unos pocos abriles después. Entonces se enamoró de Platense, en la casa de sus abuelos, a la sombra del patio con parral, más la huerta del fondo. "Allí disfruté la bendición de las siete higueras, cada una de ellas con sus higos de diferente color y sabor. Eran además, la sombra placentera en esas horas en que el aire hervía y, cuando lo que ardía, era nuestra imaginación de chiquilines; también podían ser para mi hermano Aníbal y para mí, palmeras tropicales, torres de un castillo, o puentes de un buque pirata". 

Después, el Edmundo rechazado de adolescente en el universo del tango. Por su voz, por su estilo, y hasta por su físico. El primer sueldo que cobró en Radio Cultura, donde cantaba junto con su hermana Lidia Eva, fue producto de un trueque entre la emisora y un anunciante. Un pescado a elección: pejerrey o merluza. "Nadie quería contratarme, y llegaron a decirme que con una voz tan gruesa debería estar enfermo de la garganta". 

Y finalmente, el Rivero de todos; el de De Caro, el de Salgán, el de Troilo y hasta el de Piazzolla. El cantor imposible, ineludible, inolvidable. Ese mismo, al que Alfredo Zitarrosa coronó con una frase de mármol y bronce: "No canto tangos, porque para eso ya existe Edmundo Rivero". El que le puso lunfardo al soneto, como nunca nadie lo había imaginado. Y en pocas palabras, pintó al mundo. El tipo de los fraseos de óleo, el de la garganta de lienzo. "El cantor debe ser como el pájaro: cada cual canta en su rama". 

"No te quedes cerca Edmundo, cuando esté por aplaudir. No te quedes cerca Edmundo, cuando esté por aplaudir... Haceme caso".

Feliz cumpleaños, en la eternidad popular de los tauras imborrables.

"¿No sos hijo de Dios? Dale. Salvate.

Sos el Rey de los Moishes, arranyate.

¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!

Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!

Y le dijo al buen chorro: Estate piola

que hoy zarparás conmigo al Paraíso".

(Fragmento del soneto en lunfardo "Dos Ladrones", nunca grabado por Rivero, censurado por las dictaduras cívico-militares)

 

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