Revista Cítrica

“Una planta nuclear hipotecaría el futuro de 300 generaciones”


10 de agosto de 2017

Revista Cítrica

Argentina y China firmaron un pacto para -entre otras obras- construir dos centrales nucleares en territorio nacional. Miles de personas en todo el país rechazan el acuerdo por los riesgos ambientales. Entrevista a Laura Maffei, quien explica los riesgos ambientales irreversibles que se asumirían.

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Julio de 2014. El gobierno nacional conducido por Cristina Kirchner comienza las negociaciones para atraer financiamiento e inversiones chinas, con el objetivo de impulsar la construcción de centrales nucleares en Argentina. El resultado de estas reuniones bilaterales desembocaron en el denominado "Plan Quinquenal Integrado China-Argentina para la Cooperación en Infraestructura (2017-2021)".

Este plan constaba de una larga lista de proyectos, en la cual se destacaban dos centrales nucleares presupuestadas en 16 mil millones de dólares, financiadas en un 85% por el país asiático.

La construcción de estas dos plantas despertó preocupación, particularmente entre la población patagónica, y un consecuente conflicto que lleva tres años, y genera protestas en todo el país, como las que suceden en Río Negro, donde se planea instalar una de ellas. ¿La otra? Tal vez en Zárate.

Fue por eso que estudiantes, agrupaciones políticas, ambientalistas y ciudadanos en general, convocados por la preocupación por el cuidado ambiental, y -en definitiva- la vida de los pobladores, sus hijos, y los hijos de sus hijos, se congregaron en la Plaza Alsina, frente la catedral Nuestra Señora de la Merced de Viedma, con el objetivo claro: rechazar la instalación de una central nuclear.

Sin embargo, Viedma no fue el único punto de convocatoria. La réplica se generó en varios otros lugares. Es que el fantasma nuclear no conoce fronteras. Sobre los habitantes patagónicos resuenan las experiencias desastrosas de Chernobyl, y más cercana, la de Fukushima.

La multiplicación de la protesta fue casi interminable. Hubo marchas de punta a punta del país: Bariloche, Ciudad de Buenos Aires, Caleta Olivia, Cipolletti, Chivilcoy, Comodoro Rivadavia, en la Ciudad Universitaria de Córdoba, Neuquén, El Bolsón, Calafate, Esquel, Mar del Plata, Mendoza, La Plata, Paraná, Posadas, Puerto Madryn, Rawson, Tandil, Tucumán, y una veintena de ciudades más.

Carteles, pancartas, banderas, máscaras, cánticos, ¿qué más armas puede empuñar una población a la cual se la quiere someter a semejante peligro ecológico? En un país, donde además, rige la ley general de ambiente, que establece la obligatoriedad de una evaluación de impacto ambiental.

Además, el emplazamiento de las centrales sigue siendo una incógnita desde el Estado. Demasiadas cuestiones ocultas.

En el marco de la jornada nacional “Por una Argentina no nuclear”, y ante la posibilidad de que se ocasionen daños irreversibles en el medio ambiente -como el que ocasiona el plutonio, que demora 24 mil años en desactivarse-, Revista Cítrica conversó con Laura Maffei, residente en Bariloche; asesora del espacio ambiental del Sindicato Docente de la UNTER (Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro) donde existe la escuela de formación política "Rodolfo Walsh", y a su vez, un departamento socioambiental que lleva el nombre de "Chico Mendes".

"Lo que se cuestiona, incluso en los defensores de la energía nuclear en Argentina, es el tipo de tecnología con que se construirían las centrales nucleares. En Argentina no hay dominio de esa tecnología, y sería la primera central de este tipo en el mundo", asegura Maffei y agrega: "Algunos hablan de que sería una especie de 'ensayo'".

"Aunque la probabilidad de un accidente nuclear pueda ser baja -aunque yo diría que no es tan así- el riesgo es enorme e irreversible. Tampoco han resuelto el tema de los residuos, y además resulta costosísima si consideramos los costos de operación y de construcción, el corto tiempo de vida útil y los costos posteriores", explica la especialista.

Maffei entiende además que es necesario colocar sobre la mesa el debate de por qué y para qué necesitamos más energía, y si es necesario asumir los costos y los riesgos que implica la energía nuclear. "Más del 80% de nuestra matriz energética está basada en combustibles fósiles. Tenemos que realizar la transición a una matriz energética diversificada, incorporando las renovables. No escapan los conflictos que hay en la zona de producción de hidrocarburos -fracking, los desplazamientos de pueblos originarios y los subsidios del Estado al desarrollo de este tipo de energía-. Con respecto a las energías renovables, nuestro país tiene un gran potencial, y además beneficiaría al desarrollo local, tanto en PyMEs como cooperativas", asegura.

Otro punto fundamental al que apunta Maffei es el de la eficiencia energética, una cuestión central que muchas veces es pasada por alto. "La eficiencia es considerada como fuente energética, es muy importante el ahorro, implementando políticas de eficiencias, que son laboralmente super intensivas y en general tienen impactos ambientales muy bajos. También pueden ser un motor de desarrollo de tecnología e investigación a nivel local y nacional".

Maffei explica que resulta fundamental comprender que la energía es un recurso estratégico. "Necesitamos dar una discusión con participación amplia de los sectores sociales, sobre un recurso energético y desde la perspectiva de la soberanía energética. La población debiera ser la que decida para qué y cómo quiere producir esa energía, cuáles son los costos que debe asumir, y para qué usarla. Por ejemplo, las mineras en Catamarca tienen un consumo energético que supera el consumo doméstico de energía. Es decir, ¿a quién priorizamos en la producción energética? Las mineras catamarqueñas consumen una energía equivalente a la que produce una central nuclear como la de Atucha. Entonces, realmente creo que debemos preguntarnos para qué necesitamos aumentar la producción de energía, y qué posibilidades de control social tiene un desarrollo como el nuclear, cuestión que es prácticamente nula.  Y en ese sentido, revalorizar el tema de la democracia energética y la necesidad de la participación de la sociedad en la definición de cuáles son las prioridades, necesidades y políticas energéticas de nuestro país".

¿Cómo creés que va a seguir desarrollándose este conflicto con respecto específicamente a lo de la instalación de las plantas nucleares?

Creo que es un desafío muy difícil. Me parece importantísimo que exista la mayor cantidad posible de personas movilizándose. También que haya una amplia difusión, con la expectativa de poder generar un plebiscito. Y que la sociedad se informe de lo que significa la energía nuclear. Es un presente muy complicado. Lo de las centrales es parte de un paquete de acuerdos con China. Desde los Gobiernos están decididos a avanzar, así lo demuestran en otro tipo de políticas, y creo que los próximos dos o tres años va a estar muy marcados por esta disputa. No queremos plantas nucleares en ningún lado del país. Es una discusión de política energética nacional. Me parece estratégico que los movimientos populares podamos comprender y actuar unidos. Por la defensa de la vida, del territorio y de las generaciones futuras. Cuando hablamos de miles de años de residuos, significan trescientas generaciones hacia adelante, para una obra que va a tener una vida útil de 40 o 50 años. Esto implicaría hipotecar el presupuesto, condicionar las decisiones políticas de centenares de generaciones futuras. Es decir que también existe una fuerte cuestión ética de fondo.

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