Revista Cítrica

La salud, otra cuenta pendiente


26 de mayo de 2017

Jésica Farías

Tanto el sistema público como el privado ofrecen deficiencias que afectan los derechos de las mujeres, lesbianas, travestis y trans. Como antídoto, organizaciones feministas y populares avanzan hacia una atención integral para lograr el bienestar de las poblaciones vulneradas.

Foto: Juan Ignacio Calcagno Quijano
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Abro grande la boca, suelto la pregunta: ¿la salud se traduce como un derecho humano para las mujeres, lesbianas, travestis y trans? “En el sistema público no hay mirada integral que tenga esa perspectiva ni una de géneros, no es una apuesta de las políticas públicas. En lo privado se está mucho más lejos de tenerla. Respecto de las disidencias sexuales, la situación es más complicada porque, generalmente, no hay una prioridad en la atención. Pero esto cambia mucho al interior de los equipos de salud que sí tienen una mirada integral”, examina Eugenia Di Pietro, médica generalista feminista.

Con militancia activa en la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir y en la Campaña Nacional por el Aborto legal, seguro y gratuito, diagnostica: “El enfoque está muy centrado en las mujeres pero en su rol reproductivo social. Se la ve como madre o posible madre y ese recorte heteropatriarcal se focaliza en anular todo lo demás”. Sin embargo, hay varios antídotos para avanzar sobre ese dictamen machista que pone al varón y a la heterosexualidad por encima de cualquier identidad y orientación.

“Hay que formar profesionales –sigue Di Pietro- y también a las personas que utilizan los servicios para que conozcan su derecho a la salud, a la que tenemos que trabajar de manera integral e intersectorial. También hay que apuntar a la prevención, a seguir articulando con las organizaciones que están en los barrios, a dialogar sobre los saberes acerca del género, hablar de violencia y de aborto”. En la Argentina se estiman unas 460 mil interrupciones inducidas al año: las prohibiciones que afectan solamente a las mujeres y a las personas con capacidad de gestar no frenan sus decisiones pero se traducen como uno de los mayores problemas de salud. “Nos aqueja la ilegalidad del aborto”, refuerza.

Si la OMS (Organización Mundial de la Salud) nos dice que la salud no es solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, ¿Cuáles son las otras causas que alteran el estado de completo bienestar físico, mental y social de las mujeres y de las disidencias sexuales? “La violencia basada en género es un problema muy frecuente, una de las mayores consultas. También la feminización de la pobreza, la falta de acceso al agua y la educación porque sin esos elementos, la salud no está garantizada. Y sin el ejercicio de la autonomía, tampoco”, opina Di Pietro desde una salita al sur de la Ciudad de Buenos Aires.

Hacia el bienestar

Antonella D’Alessio, coordinadora y co fundadora de la Red de Psicólogxs Feministas, analiza el sistema de salud mental. “La prioridad que tenemos en él es escasa”, sintetiza. “En general –continúa- se orienta hacia un tipo de mujer de clase media, adulta, cisgénero y heterosexual entonces cuando una que no tiene estas características entra a un consultorio, rompe un poco con las estructuras tradicionales de la psicología y psiquiatría y eso lleva a grandes padecimientos de esa persona, a la medicalización y a la patologización”. Tampoco está preparado para atender a la diversidad de identidades feminizadas, pero ese espacio de profesionales agrieta el campo con perspectiva de género y respeto por todas las identidades, que  también rompe con la idea de que la salud mental es una cuestión individual, del ámbito de la responsabilidad personal y no social. “Tenemos ciertos malestares que tienen que ver con nuestra inclusión en diferentes ámbitos, entonces pensar que se soluciona yendo a terapia es minimizar y simplificar la posibilidad de enfermar que tienen las sociedades”, concluye. 

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