Revista Cítrica

“La poesía es la inspiradora de mi vida”


17 de febrero de 2017

Revista Cítrica

Además de la historia y el periodismo, Osvaldo Bayer tiene otra pasión que lo acompaña desde la infancia: escribir poemas. De aquel niño atravesado por la lectura, la música y el amor, a este hombre que cumple noventa años y sigue militando con alegría por el camino a “la libertad de los pueblos”.

Osvaldo Bayer. Crédito: Diego Pintos
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Se venía el cumple noventa de Bayer y era la excusa perfecta, una más, para ir a visitarlo, a entrevistarlo, abrazarlo. Cargarnos de eso que siempre transmite, incluso más que la convicción, el compromiso y la historia: su ternura. Ya lo dijo el Che: "hay que endurecerse sin perder la ternura jamás". Y Bayer, que conoció a Guevara, y hasta se atrevió a discutirle ideas en esa Cuba de principios de los sesenta, posee esta cualidad, fundamental en todo revolucionario. La ternura es un arma cargada de futuro. Y la que encarna don Osvaldo viene con todo un pasado bien presente, con la memoria de los pueblos a flor de piel.

“Ternura también tenían mis abuelos que defendían la Campaña del Desierto”, nos dice un compañero al que no le cierra eso de hacer hincapié en la “ternura de Bayer”. Quienes fuimos a su casa unos pocos días antes de su cumpleaños, insistimos, a riesgo de pecar de ingenuos. Es que, sobre su compromiso, la coherencia y el valor histórico de su obra y de su vida, ya se escribió bastante. Incluso nosotros. Y no es que en esta nota eso no aparezca. Pero es que así, viejito como está, con noventa pirulos encima,  Osvaldo sigue conmoviendo por la fuerza de su ternura.

Fuimos con la idea de no hablar de los temas que siempre se tocan con él. Pensamos que quizá le gustaría charlar un rato de fútbol y poesía. La primera parte, la de la pelota, no resultó muy buena. Si bien es hincha de Rosario Central y a fines de los ochenta publicó el libro de crónicas Fútbol Argentino, Osvaldo no tenía tan frescos sus recuerdos futboleros. Eso sí, ni bien vio la camiseta de Central que le llevábamos, se la quiso poner.

Nos miramos y pensamos: ¿para qué vinimos a molestarlo acá con preguntas? Pero algo pasó, una especie de conjuro: cuando casi estábamos por irnos para dejarlo descansar, le nombramos la palabra "poesía".

Y la magia ocurrió. Con ojos brillosos, nos contó que a los doce años empezó a sentirse poeta. Y que más allá de la historia o el periodismo, la poesía lo acompañó siempre. “Le escribía a los sentimientos que me atravesaban. Al amor, principalmente. Nunca publiqué esos poemas, pero los conservo a todos. Están ahí, ya serán publicados. Siempre escribí, la poesía es la inspiradora de mi vida. A veces veo todo en formato de poesía. Me gusta ver la vida así”.

¿Sigue escribiendo?

Sí, muy poco, pero sigo escribiendo. Ahora estuve haciendo el prólogo para un nuevo libro, y la introducción al mismo. Y después vendrá la poesía, y también textos que no serán en formato de poesía.

Por estos días, ¿qué es lo que más lo atraviesa y emociona?

Lo de siempre. Toda la vida. Los amigos, quienes me inspiraron, los poetas que he leído. Me gusta repasar poesías antiguas. Siempre, siempre estoy en la poesía. Lo que más recuerdo gratamente de los primeros años de poesía, en la adolescencia, eran las lecturas que hacíamos en la enseñanza media. Cada uno se distinguía leyendo versos. Fue un hermoso tiempo aquel del tercer año de la secundaria, en el colegio Manuel Belgrano de Palermo. Incluso me imaginaba viviendo de la poesía, pero después empezó la vida real y había que trabajar.

De los 15 a los 18 fue la época más feliz. Estaba muy metido con la música, la poesía, y con el amor. Después de esa época lo que ocurre es que aparecen las obligaciones. Pero ese tiempo es maravilloso, fue el de aprender música, el de tocar el piano. Una etapa de apertura. Y la de la cultura, como una herramienta política.

Aparte de escribir, ¿qué otros pasiones tenía en  esos tiempos?

Me encantaba leer. Me lo pasaba leyendo. He devorado quizá centenares de libros. No puedo precisar cuántos. Los días, tardes y noches eran trabajar, escribir y leer. Y los disfrutaba. Y también la música me encanta. Estudiaba piano. Me entusiasmó siempre. Me gusta la música clásica. Beethoven, principalmente. A los 13 años ya tocaba las obras completas de él. Después tuve que dejar porque tenía demasiadas actividades. Pero siempre seguí escuchando. Me gusta la música en general, pero sobre todo me vuelco a lo clásico. Y el tango me gusta mucho también, la parte del lenguaje y el lunfardo.

¿Cuál fue la época más feliz de su vida Osvaldo?

De los 15 a los 18, aproximadamente. Estaba muy metido con la música, la poesía, y con el amor. Después de esa época lo que ocurre es que aparecen las obligaciones. Pero ese tiempo es maravilloso, fue el de aprender música, el de tocar el piano. Una etapa de apertura. Y la de la cultura, como una herramienta política. También recuerdo los hermosos tiempos de cuando era niño. Cuando iba descubriendo las cosas. Aquí en el barrio. Lo que era la amistad. Nací en Santa Fe y a los ocho años me mudé a esta misma casa. Fueron 82 años casi en este mismo lugar.

¿Quién le enseñó a amar a la lectura?

Mi primer maestro. En el Casto Munita, en Belgrano. ¡Cómo nos enseñó a leer! A disfrutar lo hermoso que era hacerlo. Lo que se aprendía con saber leer. Y yo, desde primero inferior, agarré los libros, con cariño y amor. Y creo que obtuve un buen resultado. Salí escritor. (risas) Por eso siempre a los jóvenes les digo que lean, que lean lo que quieran, lo que les guste. Que busquen incansablemente. Y que sigan buscando.

Osvaldo detiene por un momento la conversación. Le hace caso a su hijo Udo, que vino de visita, desde Alemania. Osvaldo escucha y asiente. Toma el café con leche que tiene servido en la mesita del patio techado, atiborrado de potus y otras plantas similares. Lo acompaña una repisa llena de libros inmediatos, y la vigilancia de la estatua en madera de un poblador originario, con su lanza y una mirada penetrante. Algunas galletitas, el teléfono a mano y un vaso de Rosario Central en el que se sirve agua. Y convida. "¿Agua? ¿Café? Sírvanse a gusto", dice.

Políticamente, ¿qué opina del momento que atraviesa el país?

Creo que Macri es un desastre. El peor presidente que hemos tenido. Se va a tener que ir si sigue así. Porque no sabe gobernar. Es desastroso como los conservadores del pasado nacional. Me recuerda aquellos primeros gobiernos conservadores. Esos que no fueron elegidos por el pueblo.

Los 90 años me encuentran con la plenitud para decir las cosas. Uno fue viviendo experiencias y aplicándolas en el oficio. Así que voy a seguir en la misma, en esa lucha. En la de esta profesión, ejerciéndola. Y todo esto está dentro de mi pensamiento principal, el del anarco pacifismo. De ahí vino lo que luché, durante toda mi vida. Hasta en las cosas más pequeñas y cotidianas uno va aplicando el anarquismo pacifista.

¿Por qué cree que la sociedad decidió votar a un representante de la derecha tan conservadora?

Es increíble. Solamente en Argentina puede ocurrir esto. La verdad es que he vivido mucho en el extranjero. Pero es la primera vez que veo elegir a un gobierno así. Los medios de comunicación tuvieron mucho que ver con esto. Los medios que apoyaron a Macri. No lo dicen, pero lo apoyaron. Y la única forma de cambiar esto, es si el pueblo se levanta. Y ya se ha levantado en otras oportunidades, y ha volteado presidentes electos de esta forma. Y después se ha elegido a otro presidente. Y creo que eso es lo que hay que hacer. Este presidente ya ha fracasado en todo sentido. Pero el pueblo debería levantarse también ante esos medios que le mienten.

Hoy, los compañeros de AGR Clarín están luchando por sus puestos de trabajo. Son 380 familias que están resistiendo. ¿Tiene algún mensaje para ellos?

Mucha fuerza y que cumplan con el sueño que siempre tuvimos: que hagan una cooperativa. Yo trabajé tantos años en Clarín. Tomen el diario y hagan una cooperativa. Es lo más hermoso, y lo más democrático y -sinceramente- lo más popular que puedan llegar a hacer.

Revista Cítrica fue creada con ese espíritu, que consideramos lo más cercano al socialismo. ¿Qué le diría a aquellos que no conocen bien lo que es una cooperativa?

Le explicaría que una cooperativa es que el trabajo sea hecho entre todos. Al igual que las resoluciones. Todo resuelto en asambleas. Es lo más útil y lo más democrático que hay. Ojalá todos los diarios fueran así, gobernados por la asamblea. Yo participé en una cooperativa, llamada Noticias Gráficas. Fue una linda experiencia. Podíamos hacer llegar opiniones a la dirección del medio. Y así se hizo el diario. Y salió muy bien, muy bien.

A punto de cumplir noventa años, cómo ve…

¿Cumplo noventa? ¿De dónde salió eso?

Entonces ¿cuántos cumple? ¿quince?

No, no mienta: catorce.

¿Y cómo lo encuentran estos catorce disfrazados de noventa?

Bien, por suerte con la plenitud para decir las cosas. Uno fue viviendo experiencias y aplicándolas en el oficio. Y ha sido muy linda mi vida, y me lo dejaron aplicar. ¡Menos mal!, porque sino, no hubiera tenido sentido. Así que voy a seguir en la misma, en esa lucha. En la de esta profesión, ejerciéndola. Y todo esto está dentro de mi pensamiento principal, el del anarco pacifismo. La libertad del individuo. El ejercicio mismo de la libertad. Eso es lo más importante. De ahí vino lo que luché, durante toda mi vida. Hasta en las cosas más pequeñas y cotidianas uno va aplicando el anarquismo pacifista. Y también disfruto mucho de ejercer la  profesión, sacarle el jugo al periodismo. Voy a seguir así, hasta que el cuerpo me diga basta. Es una profesión preciosa. Llena de vivencias, donde se van aprendiendo cosas aplicables a la vida propia de cada uno. Y para el comportamiento de uno en esa vida. Estoy orgulloso de ser periodista. Creo que tomé la mejor de las profesiones.

“Se ve poca rebeldía en el fútbol de hoy”

Un día vio a jugar tan bien a Rosario Central en la cancha de River que se hizo “canalla”. Su hermano Rodolfo le contagió la pasión por la redonda. No era muy buen jugador, y por eso lo mandaban seguido al arco. “Por malo”, confiesa Osvaldo, quien en su exilio en Alemania siguió yendo a la cancha, discutía de fútbol con el Gordo Soriano -fana de San Lorenzo-, y que -a fines de los ochenta- publicó Fútbol Argentino: “Aprendí mucho escribiendo ese libro. Me gustó hacerlo. El fútbol es un hermoso deporte. Uno puede hacer su propia filosofía sobre el fútbol, eso es lo lindo. Tiene varias aristas. Es como en el socialismo: en un fútbol socialista, todos juegan por todos, por el equipo. Y por los hinchas. Eso es fiel a un deporte comunitario. Pero después me desencanté. Ahora está muy vendido, muy ‘mercado’ y se ve poca rebeldía”. Y quizá por eso, a la hora de elegir un DT no duda: “Siempre me ha gustado Marcelo Bielsa. Por cómo desplaza al equipo y cómo le da velocidad al juego. Y además, porque tiene una gran personalidad, y es uno de los pocos que no se vende”.

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