Revista Cítrica

La dignidad no se mancha


02 de marzo de 2017

Hernán Zyseskind

Hace un año, el Diario Crónica dejaba en la calle a un grupo de trabajadores que enfrentó los aprietes y la complicidad entre los dueños del grupo y el Ministerio de Trabajo. Aquí, el relato de un compañero que fue delegado del medio de los Olmos.

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A un año de los despidos en el Grupo Crónica, mis recuerdos cargan con el orgullo de haber pertenecido a un colectivo de trabajadores que jamás entregó su dignidad en la lucha frente a la flexibilización y precarización laboral. Fue un viernes por la tarde cuando el dueño de ese medio, Raúl Olmos, ingresó a la redacción de Pompeya, donde trabajábamos quienes quedábamos empleados en la vieja Editorial Sarmiento. Olmos había decidido el cierre de esa redacción y el despido de todos los trabajadores. “Estamos en crisis”, aludió. Pero el conflicto se había iniciado dos años antes, cuando el Grupo decidió cambiar de razón social a la mayoría de los trabajadores para imponer condiciones fuera de convenio que no había podido aplicar en Editorial Sarmiento, por la resistencia de su comisión interna y el activismo. A todos nosotros, más de 50 trabajadores, nos había segregado de la nueva empresa Aconcagua.

Hacía un tiempo que nos imaginábamos ese final, luego de que muchos de nuestros compañeros, asustados por el fantasma del desempleo, aceptaran el cambio de razón social sin resistencia. Fue la primera vez, en mis nueve años y medio como trabajador del Diario Crónica y más de cuatro como delegado gremial, que escuché hablar al dueño de la empresa frente a sus empleados.

Una historia de patotas y aprietes

El gremio de prensa tenía como único antecedente lo sucedido en el 2000, con el despido de la comisión interna de prensa de Clarín. Dieciséis años después, en 2016, la patronal del Grupo Olmos fue por más y eliminó dos comisiones internas en un solo movimiento: las de Crónica y Bae. Claro que le costó varios años. Desde su llegada en 2005, los hermanos mendocinos tardaron más de una década en derrotar la resistencia de los trabajadores que habían luchado contra el cierre y la quiebra del diario de Héctor Ricardo García. Por supuesto que contaron con guiños gubernamentales (además de las cuantiosas pautas publicitarias) para llevar a cabo su maquiavélica idea de establecer sus ilegales normas dentro de la empresa.

La organización gremial en Crónica resistió la dictadura cívico-militar, se fortaleció durante el alfonsinismo y enfrentó al menemismo. En todo ese tiempo, la empresa siempre creyó posible liquidar el Estatuto del Periodista y nuestro convenio colectivo.

Esa tradición de organización democrática –donde siempre mandaba la asamblea–, que supo alternar comisiones internas peronistas, trotskistas e independientes, permitió en 2003, en plena crisis, luchar contra despidos masivos y enfrentar el fraude laboral: la tercerización en empresas del mismo dueño cuyo objetivo era imponer salarios a la baja y condiciones de trabajo esclavo. Ni siquiera la amenaza de quiebra frenó a la asamblea de prensa de Crónica, que luchó, ganó y firmó en el Ministerio de Trabajo el pase a planta permanente de Editorial Sarmiento a los más de 70 compañeros de las quebradas Mexigraf, Ropic y Servintsa, en cuyos directorios se repetían los nombres de los dueños del diario.

La crisis de 2001 había dejado a Crónica al borde de la quiebra. Durante el kirchnerismo también continuaron los conflictos. Los trabajadores de prensa hicimos en 2005 una enorme marcha que fue acompañada por el movimiento de desocupados para exigirle al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, una salida que garantizara la continuidad de los puestos. A los pocos días apareció el grupo Olmos, administrador de la obra social de la UOM, como nuevo dueño de Crónica. Inmediatamente, la nueva patronal decidió cerrar la popular 5ta (la edición vespertina) y trajo una patota; un grupo de tareas que quiso imponer a garrotazos 75 despidos. Terminada la golpiza, la asamblea respondió con la toma de la redacción para defender todos los puestos de trabajo y, también, el convenio colectivo. Hubo tres días de paro, en los que el diario no salió. Fue el último triunfo resonante en un conflicto por despidos en nuestro gremio: 75 compañeros fueron reincorporados. Además, se firmó el blanqueo de 13 fotógrafos y 6 choferes que eran considerados “proveedores externos”, se regularizó a 15 periodistas que hacían tareas de planta permanente y se equiparó el salario por cada categoría.

El Grupo Olmos nunca “perdonó” ese triunfo de los trabajadores y orquestó una táctica para desorganizarnos: renovó el plantel con trabajadores sin tradición periodística ni gremial. En línea con esa decisión, en 2010 despidió a toda la mesa de edición del diario y a la mayoría de los jefes. Esa camada de jefes, que no llegaban a los 50 años de edad, había sido parte fundamental de la resistencia al cierre de la 5ta y eran parte de la tradición gremial, independientemente de su ideología. La comisión interna impulsó el paro. Luego de una semana de paro se consiguió la reincorporación de 20 de los 34 despedidos. Sin embargo, al imponer una nueva mesa de jefes de redacción, el Grupo Olmos dio un primer paso para lograr su objetivo: eliminar a la comisión interna de izquierda e imponer la flexibilización y precarización laboral.

En 2011, los Olmos lanzaron la página web Diario Show. Funcionaba en la redacción de Crónica pero incorporaron a los trabajadores a otra razón social, Marketing y Publicidad, y los encuadraron en el convenio colectivo de comercio para imponer condiciones de trabajo y salario a la baja: trabajaban dos horas más y ganaban menos. Esa maniobra fue desbaratada por la asamblea de prensa de Crónica que mandató a sus delegados para que hicieran la denuncia en el Ministerio de Trabajo. Finalmente, a mediados de 2012 la comisión interna firmó en el Ministerio el encuadramiento en Prensa de los compañeros de Diario Show.

A fines de 2013 la comisión interna de izquierda, con la incorporación de jóvenes luchadores sin partido, volvió a ganar las elecciones con un resultado contundente. La empresa renovó su estrategia para imponer la flexibilización: en marzo de 2014 se realizó la mudanza de las redacciones de Crónica y Bae, también del mismo dueño, a un nuevo edificio en la calle Combate de los Pozos. En ese traspaso también obligó a quienes se mudan a firmar un cambio de razón social. Quedamos excluidos 128 trabajadores, incluidos los delegados gremiales elegidos democráticamente a fines del año anterior. La patronal utilizó un simple cambio de razón social para disimular el ataque contra los derechos de los trabajadores. Ese vaciamiento sindical se gestó en la época kirchnerista y tuvo su final en pleno comienzo de la era macrista, con el aval de la Casa Rosada. “Pueden despedir trabajadores, el Ministerio de Trabajo lo manejamos nosotros”, le dijo el ministro Jorge Triaca a Raúl Olmos en una reunión. En asamblea habíamos decidido una negociación con la empresa para que tres compañeros mantuvieran sus puestos de trabajo. Los dueños de la empresa se comprometieron a eso, pero un par de meses más tarde, despidieron a dos de esos compañeros, quebrantando su palabra.

Lamentablemente, la convergencia que tanto combatimos en la mayoría de las redacciones es un hecho consumado. Las razones son varias: el avance patronal, los arreglos con la dirigencia política, la ausencia de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y la voluntad de algunos trabajadores que no tienen un sentido colectivo y solo piensan en sí mismos.

De mi experiencia en mis años en Crónica destaco haber comprendido y haberme sumado a la actividad gremial, sin necesidad de representar una posición política partidaria. He sido víctima, al igual que muchos de mis compañeros, de aprietes, reducción de tareas y amenazas de despido en varias ocasiones. En mis años como delegado tuve la posibilidad de contar esta experiencia en distintas universidades buscando que este tipo de vivencias haga mella en el futuro del gremio para que la unión de todos los trabajadores sea una realidad. A mi entender, la organización colectiva es la única manera de enfrentar los atropellos patronales. Por eso siento orgullo de haber formado parte de un colectivo de compañeros valientes y solidarios, que supo mantener la unidad pese a las presiones de la empresa y que siempre actuó pensando más allá de la propia redacción. Ese grupo de trabajadores, despedidos hace un año, dejó escrita una página importante en la lucha del gremio de prensa. Aún en la derrota, la dignidad nunca se manchó.

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